|

Turrón, algo más que miel
Historia del dulce de las
navidades
EL CORREO
La historia de la miel y de los frutos
secos es muy antigua, tanto que podríamos retroceder
a la prehistoria. Siglos después, en civilizaciones
como la hindú, se habla de la miel como producto
alimenticio y remedio curativo.
Tipos de turrones
 |
|
Tipos de turrones
En el ámbito de Euskalherria el consumo de
turrón industrial está muy generalizado.
Sin embargo, y aprovechando la recogida de la almendra
con la llegada del otoño, en distintas localidades
de Álava y Navarra se sigue elaborando turrón
y mazapán doméstico desde tiempos
inmemoriables.
Postre típico de Navidad, en Mélida
(Navarra) se elabora un exquisito turrón
negro que se elabora de la siguiente manera:
En un recipiente a fuego lento se deshace el azúcar
con la miel hasta que adquiera un punto de caramelo.
Se añaden almendras y piñones, algo
tostados, y anís en grano. Cuando esté
lista la pasta, se retira y se coloca entre dos
obleas. Antes de enfriarse se marca con un cuchillo
y una vez seco se trocea.En esta localidad, además,
elaboran un mazapán, mezclando en un recipiente
almendra (algo tostada y bien molida), yemas de
huevo, azúcar y miel. Una vez amasados los
ingredientes con las manos, se pasan a un molde
poco profundo con forma de prisma. Al cabo de unos
cinco días, está listo para consumir.
También nos sorprenden con la elaboración
artesanal de la almendra garrapiñada,
un dulce localizado en el pueblo navarro de Ujue
y en el alavés de Leza. Para su elaboración,
se colocan en una sartén la almendra sin
tostar, con agua y azúcar. Una vez evaporado
el agua, se formará un caramelo líquido,
proporcionando a la almendra una capa de caramelo
tostado.
En Artajona persiste otra receta clásica
de turrón que emplea 1/2 libra de azúcar,
2 cucharadas de miel y 6 gramos de anís por
kilo de almendras. Se calientan las almendras y
se mezclan con el azúcar, la miel y el anís.
El resultado será una pasta que se coloca
al fuego para que se tueste. Una vez tostado se
coloca entre dos obleas. |
Centrándonos
en Europa, fueron los fenicios los primeros en traer
de Oriente los frutos secos y, también, la caña
de azúcar. Existen estudios en los que se habla
de los egipcios como una civilización muy aficionada
al consumo de aceite de ajonjolí, sobre todo
las mujeres, que comían una especie de golosina
compuesta de miel y orujo de sésamo.
En la dominación árabe,
los datos se concretan. Los sarracenos y los hebreos
también denominaban el producto de una manera
concreta. En un estudio realizado por el erudito jijonenco
Fernando Galiana, éste especifica que los árabes
llaman al actual turrón, alajun y los cristianos,
jalba.
Durante la Reconquista se divulga el
consumo de algo semejante al turrón, sobre todo
en el área levantina y, según parece,
los etimólogos apuntan que la palabra turrón
proviene del vocablo torrat: una mezcla compuesta de
miel y frutos secos, que se ponía directamente
al fuego hasta conseguir una masa consistente, fácilmente
manejable. En ciertos documentos catalanes fechados
en el siglo XI, aparece esta palabra junto a otras como
bunboils (buñuelos) o nougat (equivalencia francesa
al turrón), pudiéndose asegurar que en
el año 1200 era conocido el producto por ese
nombre, y en el 1300 ya era utilizada su denominación
con normalidad.
Levante español y
Cataluña
Si nos centramos en el origen geográfico
de la denominación, parece ser que el origen
del turrón se concreta en el Levante español
y Cataluña, fundamentalmente, en la actual Girona.
Los investigadores constatan que muchos apellidos catalanes
incorporan la palabra torrat al provenir aquéllos
de las actividades profesionales que desarrollaban sus
propietarios.
A partir del año 1100, la elaboración
del turrón fue un complemento a la economía
familiar de los agricultores que comercializaban almendras,
avellanas y otros productos secos en un clima mediterráneo,
ideal para ello. Desde entonces, siempre han existido
familias que en épocas navideñas vendían
sus productos lejos de sus hogares. Esto nos traslada
de Girona a Alicante, puerto comercial construido en
torno a una bahía que fundaran los romanos en
el año 200 a.C.
Dicen los entendidos que en el
Alicante del siglo XIV había una total libertad
para ejercer cualquier trabajo y es, precisamente en
esta época, cuando se organizan y asientan las
agrupaciones profesionales. Por aquel entonces, existía
una competencia entre turroneros, propiamente dichos,
y aquéllos que no disponían de obrador,
pero que vendían turrón como si lo fueran.
Consecuencia de este pequeño rifirrafe entre
obradores de Alicante, los de Jijona sacaron partido.
La situación geográfica de la ciudad,
cuyos difíciles accesos complicaban las inspecciones
que imponía el poderoso gremio valenciano a los
turroneros alicantinos, propició una disminución
de la venta en beneficio de los jijonenses, que producían
tanto el típico turrón blanco como de
otro tipo.
|