|

Navidades con sordina
MINIMALISMO. La influencia
de los años 60 en la decoración de las
mesas navideñas atenúa el abigarramiento
e imprime un toque oriental
ISABEL URRUTIA
A oídos de la modernidad, las
campanas navideñas deberían repicar con
sordina. De ahí que la Nochebuena más
vanguardista ofrezca una imagen en tonos pasteles, cálida
y ecológica, en una línea minimalista
que continúa apostando por la discreción
y el sosiego.
 |
«Se trata de una réplica
de la estética de la década de los sesenta;
los yuppies ya no están en boga y
se busca el recogimiento hippie»,
explica la interiorista Isabel Quirós, profesional
del estudio madrileño El Claustro.
Con ese fin, desde hace cuatro temporadas se evita la
agresividad sensorial, optándose por matices
áureos y malvas en sintonía con la sobriedad
que se despliega sobre el mantel. Basta un solo detalle
para recordar la singularidad de estas fechas: una figura
dorada en papel maché o metal ángeles,
ciervos y abetos, unas pocas hojas de flor de
Pascua, cintas de gasa, leves rastros de musgo, bolas
en una bandeja
«En esta preferencia por la escasez de artículos
decorativos, es evidente la influencia asiática,
que pegó con fuerza en aquellos años».
Así lo demuestran la profusión de velas
aromáticas principalmente amarillas, «símbolo
de abundancia y creatividad» y la presencia
de recipientes de cristal con agua y flores secas flotando.
Pero a esta placidez de corte zen tampoco le falta el
contrapunto occidental. «En estos momentos, se
trata de manera personalizada a cada comensal»,
apunta Pedro López, estilista y corresponsal
de moda de la revista alemana Impuls y el
magazine internacional Joyce.
Esa deferencia se puede apreciar en el auge de los servilleteros
muchos con la inicial del comensal, los
manteles individuales de fibras vegetales y arreglos
o dedicatorias particulares junto a cada plato, como
un poema o puñados de lavanda en un florero de
cristal.
'Pop-art'
Otra corriente surgida en los sesenta
que circula por las mesas navideñas es el pop-art:
la vajilla geométrica y un cromatismo naranja
dan la nota anárquica «entre tanta tranquilidad
budista», apostilla Quirós. Este contraste
llamativo es un ejemplo, señala López,
de las incursiones en el interiorismo de modistos, creadores
gráficos y arquitectos. «Son mucho más
audaces que los especialistas dedicados en exclusiva
al hogar». Aunque, como puntualiza el diseñador
Ángel Schlesser, esas propuestas se lanzan «con
vistas a un tipo determinado de cliente».
De todos modos, el cambio de tercio empieza a despuntar.
Karlos Bayón, decorador e interiorista vasco
afincado en Barcelona, aclara el panorama: «En
Italia, ya se lleva el eclecticismo, y aquí también
se hará notar en estas fechas».
La superposición de tejidos dispares un
mantel de organza bajo un paño semi-transparante
o tornasolado, la combinación de platos de madera,
loza y porcelana, cuadrados, rectangulares y redondos
y la mezcla de estilos y colores en la selección
de las copas dan rienda suelta a «la originalidad
del anfitrión», remarca López.
A su juicio, con esta iniciativa se abre camino un «neobarroco»
teñido de aguamarina, con trasfondo plata o blanco,
que nace como respuesta a «la desnudez del minimalismo
convencional». La calma oriental, sin embargo,
se mantiene. «Más valen pocos elementos
pero bien puestos; todo el mundo huye de los agobios,
incluso quienes en Nochebuena se decantan por la tradicional
puesta en escena blanca con toques rojos», afirma
Quiros.
|