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Semana del 13 al 19 de marzo de 2004
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Dirección:
31792. Legasa (Navarra). Santa Catalina, 34.
Teléfono:
948456100.
Cierra: lunes
noche, martes, del 7 al 23 de enero y del 14 al
21 de octubre.
Precio: 40/60
euros.
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CALIFICACIÓN |
6 |
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AROTZA (NAVARRA)
Formas suculentas
El Arotza ofrece una carta
lo suficientemente amplia como para responder a cualquier
apetencia, a la vez que se preserva la calidad y frescor
de los géneros
RAFAEL GARCÍA SANTOS
Luismi Lakar es un chef con
bastante fondo culinario, adquirido en prolongadas estancias
en restaurantes de alto copete, entre los que cabe destacar,
dada su magnitud, Zuberoa, en Oiartzun, y Rodero, en
Pamplona. En 2002 retornó a su pueblo, a la casa
de sus padres, donde montó un restaurante sencillo
y sobrio. Optó por la sensatez, por el posibilismo,
por contemplar el paisaje y el paisanaje. Como resultado,
ofrece una carta lo suficientemente amplia como para
responder a cualquier apetencia, a la vez que se preserva
la calidad y frescor de los géneros.
Lakar sopesa con inteligencia los fines y los medios,
complicándose con pragmatismo. En esa línea,
de los fogones salen sabores gustosos, plenamente enraizados
y servidos en cantidades ingentes. El trato es campechano
y los precios comedidos, proporcionando mucha satisfacción.
El foie gras, de Martiko, llama la atención por
su calidad y tratamiento. Sabrosa y cremosa terrina
propia, que se presenta con un agridulce toffée
de maracuya y unas rodajas de un rico pan de pasas.
La ensalada de lechuga, escarola, lolo rosa
es
un jardín. Las hojas llegan a la mesa exultantes
de frescor, crujientes y enriquecidas con unos espárragos
verdes, en prudente y atinada hechura. Cuenta con el
aliciente de unos tagliatelle (sólo
por aquello de la forma) hechos con chipirones (dispuestos
en abundancia), lo que configura un conjunto natural,
liviano y riquísimo, al que contribuye un preciso
aliño. El milhojas de bacalao, patata y pimiento
morrón ratifica, una vez más, los caracteres
de la casa: tradición, suculencia, copiosidad,
técnica y formas de alta cocina moderna, en una
síntesis de valores que convence a casi todo
el mundo.
Hay
fórmulas menos interesantes, como los pimientos
rellenos de hongos, por aquello de no colmar las máximas
aspiraciones estacionales, o la crema de pato con flan
de hongos y salsa de solomillo, donde la concentración
sápida prima sobre la diafanidad y dificultad
técnica de la receta.
Y luego está la chuleta de vaca, capaz de hacer
exclamar al comensal: ¡Por fin hemos llegado
donde íbamos!. Carne del propio lugar,
de la raza pirenaica, que sirve un ganadero amigo, la
casa Hermanos Indart. La pieza se asa magistralmente
sobre la brasa impregnada de sal gris de Guerande. Colosales
lomos.
Y para concluir, nada mejor que la dulce y vaporosa
«en su densidad» leche frita
con crema de pera y helado de café; una manera
de plantearse el gozo sobre los instintos primarios
portentosamente resueltos.
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