Chutes vespertinos

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ÓSCAR CUBILLO / GPS


L

a segunda jornada del II Kobetasonik atrajo más gente que el día de la inauguración, el pasado viernes, gracias a un cartel popular, compactado y rematado por la noche con los escandalosos Mötley Crüe así como la seriedad progresiva de Dream Theater. La proporción de tíos alcanzaba el 80 %. ¡Es que había un streptease!

La tarde sabatina se desató con el rock and roll angelino, hipertatuado y saltarín y felino de Buckcherry, que gastaron la estética macarra del leopardo y exhibieron unas ganas de fiesta sin final. Un buen chute guitarrero vespertino.

Los multiétnicos y grotescos londinenses Dragonforce, el grupo favorito de los niños que reservaron sitio en las primeras filas, epataron con su plétora de power metal hiperdinámico y también saltarín (todos corrían por el tablado, el organista brincaba como un orate detrás de su instrumento...), con progresividad de chiclés, digitaciones guitarreras vertiginosas (los dos guitarristas, unos canijos con ropa prieta, se retaban entre ellos en punteos pirotécnicos), teclados centelleantes, batería redoblante, prurito genital y garganta épica, cómo no. Fue como ver a Heeloween a mil por hora.

Luego, como era de esperar, nos cortaron el rollo los californianos Papa Roach con su farrogoso rock alternativo de los 90, ladrado y ejecutado con pose rapera. Los neoyorquinos Anthrax más tarde dieron tompetazos al aire con thraft metal trival y bestial más tosco que el pedernal y con alguna luxación hardcore. Y los yankis Lizzy Borden, sustitutos de Thin Lizzy, disfrazados de zombis expendieron heavy metal prototípico en la honda de Iron Maiden para acabar la tarde, mientras la gente ya ansiaba a Mötley Crüe para ver si confirmaban su leyenda depravada.

 




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