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Josu Olarte. 12 de julio de 2009
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on algo menos de público (16.189, segun la organización) pero un nivel medio superior se saldó la segunda jornada del Bilbao BBK Live -festival que terminó anoche con Primal Scream y Placebo-. Presentó un menú con atractivos pero con propuestas divergentes, en algunos casos parecidas como el agua al vino que apuró en escena el líder de Jane's Addiction, Perry Farrell. La cosa musical fluctuó entre la frescura festiva, la épica y el lirismo costumbrista de las propuestas de filiación británica y el pulso recio, coriáceo y alternativo de la representación americana, en la que Dave Matthews Band fueron la anomalía con su sólida jam de rock, jazz, folk R&B y aroma sureño.
Supergrass trajeron la diversión en la tradición de mejor y más efervescente brit pop y rock stoniano. Al frente de sus Babyshambles, el crápula Pete Doherty pagó su deuda con Bilbao tras su espantada de hace dos años por sus adicciones y encontronazos con la ley. Su directo despertó una expectación impropia del horario vespertino y demostró un potencial que podría explotar de tener el cerebro en su sitio.
Chris Cornell saldó también deudas con un festival del que se cayó el año pasado a última hora. Abrió con un par de temas de su denostado último disco, pero los hizo dejando claro que iba a pasar de reproducir sus experimentos con Timbaland y apostar por el rock and roll con músculo post grunge. Su set osciló entre temas de su trayectoria solista ('Can't Change me', 'Scream', 'Ground Zero', 'You Know My Name') y el mejor recibido material que grabó en los 90 con Soundgarden ('Spoon Man', 'Feel on Black Dog'...) y después con Audioslave, de los que rescató 'Like a Storm' y 'Cochise', que interpretó en clave acústica con un punto de crooner del rock alternativo que lució más en el tributo a Michael Jackson con la versión de 'Billie Jean' -incluida en su disco de 2007 'Carry On'-.
Un registro más cotidiano, urbano, lúdico y vitaminado mostró el futbolero cuarteto de Leeds Kaiser Chiefs, que respondieron a su rol de neo mods sobrevenidos en estrellas del brit pop del nuevo milenio. Con un Ricky Wilson con tablas y carisma para mover a cualquiera, repasaron los trallazos de sus tres discos. Encadenaron su sencillo 'Never Missed a Beat' con su hit iniciático 'Everyday I Love You Less And Less' y, sin bajar el pistón, conectaron a The Jam con los Blur de 'Modern Life is Rubbish' ('Everything is Average', 'Modern Way'). También abordaron las bailables 'Like It To Much' y 'You Want History'.
Una 'Ruby' coreada calentó la cosa a medida que Chiefs gravitaban en una órbita neoclásica de Mando Diao con 'Love Is Not a Competition' y 'Na, Na, Na, Naaa'. En su frenesí de animal escénico Wilson se mezclaba con el público, emulaba a Roger Daltrey con el micro y se subía a todo lo posible. Desde monitores a tarimas y la torre de la consola de audio y, claro, acabó pegándosela. 'Take My Temperature' elevó la temperatura ambiente, para recordar al final la militancia de los Clash apelando a la gente corriente con 'I Predict a Riot', 'The Angry Mob' y 'Oh My God'.
Del pop retroactivo de Supergrass recuperado por Kaiser Chiefs se pasó, tras una hora de espera, la excéntrica forma de entender el rock de Jane's Addiction, que se revelaron a finales de los 80 como referente alternativo y rompieron moldes con los tres discos anteriores al de reunión de 2003 ('Strays').
Fiel a su fama de ambiguo perro verde, maquillado, con ceñida malla, camiseta roja de tirantes, cinturón, botas y guantes negros se mostró su chamánico y polifacético líder, Perry Farrell, que algo debe saber de festivales pues fue el cofundador del Lollapalooza junto a la otra figura del grupo, el guitarrista Dave Navarro, que mostró su virtuosismo con su tatuado torso desnudo, como buen ex Chili Pepper.
Boa de plumas
Farrell celebró haber cruzado los Pirineos para tocar 18 años después y guió un repertorio de piedras angulares que arrancó con el 'Three Days' de su obra cumbre, 'Ritual de lo Habitual', del que también recuperaron 'Then She Did' y su mayor éxito, 'Been Caught Stealing'. Tras 'Whores', el vocalista aulló como hombre lobo y teatralizó temas de 'Nothing Shocked' como 'Mountain Song', que precedió al primer bis; la balada sui generis 'Summertime Rolls' que el cabatero Farrell teatralizó con boa de plumas, chaqué y una botella de Rioja a la que siguió pegando tragos en 'Jane Says'.
En las antípodas se movieron Echo & The Bunnymen. De los torsos desnudos de los primeros, al chaquetón, gafas oscuras y cigarro en mano con que el cool Ian McCulloch enfatizó el romántico, evocador y psicodélico repertorio del quinteto, revitalizado junto al cofundador guitarrista Will Sargeant.
El cantante incitó a mirar a la luna llena, augurando un repertorio jalonado de clásicos como 'Killing Moon', epítome del lírismo pop de esta banda. Punto álgido de un set para viejos fans, como algunos de los británicos presentes, que regresaron a los 80 con 'Crocodiles', 'Villiers Terrace', 'Stormy Weather' y 'Seven Seals'. Con un único anticipo de su próximo trabajo,'Think I Need You', el quinteto alargó su épica dramática con 'The Back of Love' y 'The Cutter', números centrales de 'Porcupine' (08).