La vida cambia, Police permanece

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Isabel Ibáñez . 7 de julio de 2008

La banda de Sting hizo vibrar a miles de personas en el inicio del Bilbao BBK Live


P

edimos desde aquí a los varones que no aprovechen su morfología para colarse por entre la verja de la casa de Nemesia García y mear en la tierra de la entrada, que luego tiene que manguear. Sí, es ese caserío más que centenario que antaño fue una fragua y que queda casi casi enfrente de la entrada del festival. Ella vive allí desde hace más de siete décadas, así que merece un respeto. Ayer reposaba a la fresca con su amiga Emérita Parada, de 96 años, mientras resonaban en sus veteranos corazones los bajos de las pruebas de sonido del Bilbao BBK Live Festival que estaba a punto de comenzar y que reuniría por la noche a unas 20.000 personas.

Eran las tres de la tarde del día en que The Police iba a tocar en Bilbao, aunque los únicos policías que conoce Nemesia son los que ordenan la circulación a la entrada del recinto: «A mí me van más las gitanadas, la Lola Flores, Imperio Argentina, Juanita Reina... Pero hoy suena más alto incluso que el otro (por el Kobetasonik), aunque al final tiraron unos bombazos hasta las cuatro de la mañana que tuvimos tres días la cabeza boba. Los chicos no se portan mal, lo único, las meadas». Emérita, casi tan vieja como el caserío, dice: «Siempre tocan lo mismo».

El plato fuerte llegó a las 11.30 de la noche, cuando Sting se arrancó con 'Message in a bottle', para seguir con 'Walking on the moon' y aprovechar después para presentar a su banda en castellano. El público, mayoritariamente madurito, se rompió emocionalmente.

La tarde musical, sin embargo, empezó a las 16.30 con Gari bajo un sol de demonio y su niña Mikele, de 5 años, gritando 'aitaaaa' con su vocecilla entre los pocos valientes que cambiaron la siesta por la buena música del ex de Hertzainak. La marea negra del Kobetasonik viró ayer a multicolor, que hay que ser muy heavy para aguantar el uniforme rockero con esta calor. Y eso que uno siempre puede ataviarse en el festi, comprarse por 18 euros un bonito cinturón de cuero con tachuelas en el puesto del chileno Cristian: «En otros sitios prefieren lo militar, pero aquí eso no gusta mucho», dice él, entendido. Al lado, al loro los fans, era posible comprar dos discos de Pearl Jam por 10 eurines.

Había que ver a la pequeñaja Mikele con su camiseta rosa de High School Musical y unos auriculares a juego para proteger sus oídos. Ella, tan emocionada como muchas que después tuvieron delante a Sting, no olvidará tampoco su primer concierto, el de su padre. Mikele estaba con Álvaro Agudo, el hijo de 3 años de Iñaki, el de la tienda de bicicletas, y con Marina Fernández, la pequeña de 9 de Juan Ángel Fernández, bajista de Sin fundamento. Eran pocos los niños que había ayer en Kobetamendi -nada en comparación con el relevo generacional que se vio en el Kobetasonik con Kiss-, pero éstos dieron el espectáculo entrañable, haciendo reír al personal, sobre todo cuando Álvaro soltaba su «¡dale Gari!».

«Todo genial»

Así lo vivió el cantante desde arriba, señalando a su hija y sonriendo desde detrás de sus gafas de pera: «Ha sido una jornada de picnic y rock familiar, impresionante, y eso es lo que me vale, las sensaciones han sido muy positivas. Es de las pocas veces que he tocado en un festival, pero quiero felicitar a la organización porque todo ha ido genial». Lo de ver a Police era ya para él algo secundario, «lo especial ha sido tener a mi hija ahí abajo cantando mis canciones».

Nada que ver con la francesa Beatrice, pues el lujo para ella fue reencontrarse con la banda británica. Tiene hoy 50 años, les vio por vez primera cuando tenía 25 y convenció a su hermana, su yerno y su sobrina para venirse desde Baiona y volver a escuchar así «la voz entre masculina y femenina de Sting». Ella fue capaz de definir en buen castellano y pocas palabras por qué ayer muchos pagaron para ver a estos gigantes. Primero, por el potente efecto karaoke: «Sus canciones son las tuyas, cada vez que empieza una dices 'ah, mierda, ésta también me la sé', así que puedes cantarlas todas de principio a fin del concierto». Segundo, por el componente histórico-mítico: «Hay grupos que son capaces de atravesar el tiempo sin envejecer». Y tercero, y más importante, por la cosa romántica e, incluso, erótica, porque hay que ver, vaya, cómo luce Sting con 57 tacos: «Los novios cambian, Police permanece».

Más allá de la medianoche y sin que ellas lo supieran, los corazones de Nemesia y Emérita, ya en la cama, bombearon, como el de Beatrice, como otros miles, al ritmo de 'Every Breath You Take'.