El público del Azkena se reinventa cada año. Desde los rockabillys con aires de Elvis, pasando por los heavys y 'punkarras', hasta los rockeros de la vieja escuela que incluso se traen a sus retoños en el cochecito. Todos y cada uno de ellos se dieron cita ayer en Mendizabala en la primera jornada del Azkena Rock. Animados por el potente cartel de este año y las altas temperaturas, el goteo de asistentes fue creciendo hasta llenar la zona de acampada y el recinto ferial.
Javi, Jesús, Sonia y compañía, tras recorrer 600 kilómetros desde Toledo, comenzaban la tarde con el 'Paranoid' de Black Sabbath atronando desde los bafles de su coche en el parking. «¡Kiss manda!», afirmaban. En la entrada, Maider Gómez y Aitziber Gil aguardaban turno para que les colocaran la pulsera verde para acceder al recinto. «Nos quedamos los tres días pues al haber terminado los exámenes, este año las fechas nos vienen mejor». Otros se dirigían a las tiendas de camping para «refrescarnos antes de los conciertos», como los murcianos Jorge Gaviria y Estíbaliz Atienza.
Cientos de tumbonas, toallas y chanclas inundaron el monte de la tortilla en un ambiente de lo más playero y musical. 'Jackie' y sus colegas de Talavera de la Reina, debutantes en el Azkena, idearon el remedio perfecto para la sed y el calor: la 'sandía kalimotxera'. «Es el último grito en festivales junto con el sombrero de vaquero y el tanga de leopardo». Convencidos de que «Dylan es el padre del rock moderno, con permiso de Loquillo y Rosendo», tenían claro que «Kiss será la actuación estrella».
Los vitorianos Imanol y sus amigos improvisaban mientras tanto con los bongos y una guitarra, a la vez que Gonzalo y su cuadrilla, adeptos a Slash y al Alavés, descansaban bajo una sombrilla albiazul. Otros más veteranos como Txomin, que no ha faltado a ninguna edición de la cita, montaban un picnic 'festivalero' con sus vecinos de tienda. «Mañana por la mañana, si la resaca no lo impide, iremos a conocer el Casco Viejo», planeaban Héctor y su novia Cristina, de Barcelona.
Más tierna es la historia de los alicantinos Sergio y Noelia, que trajeron a su pequeño Ernesto, que a sus 16 meses, «ya es todo un aficionado a la batería y la guitarra». El primer año que la pareja recaló en el Azkena, su hijo «estaba en la tripa», recordaba su madre feliz mientras trataba de ponerle los cascos protectores «para ver a Gov´t Mule y Airbourne por la noche».
El acento 'guiri' y los looks estrafalarios tampoco faltaron. Hubo una concurrida pasarela de tatuajes, piercings y camperas. Entre ellos, los suecos Marcus y Rikard, que se sumergían por primera vez en el ambiente vitoriano otorgándole un «amazing» (alucinante en inglés) como nota. Las griegas Natalia y Ángela se sorprendían de «la calidad de las actuaciones y la simpatía del público». Igual que los daneses Lars y Lali, fans de The Hives y Chris Isaak, que disfrutaron de una jornada «muy muy loca». Y esto no ha hecho más que empezar.