Junio de 2006. ESPECIAL COMERCIAL 

 
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Un paseo por Manhattan
NUEVA YORK. Callejeando, la isla enseña
sus contrastes, desde el bullicio de la zona
de rascacielos al exotismo de Chinatown


JOSÉ MARI REVIRIEGO

Nueva York está formado por cinco barrios, habitados por ocho millones de personas: el Bronx, Brooklyn, Queens, Staten Island y Manhattan. Pero quizá esta última isla, símbolo de la ciudad, bulliciosa, alargada y llana –ideal para caminar–, es la mejor para conocer de un tirón todos los contrastes de un lugar tan incorporado a nuestra memoria que cuando uno llega por primera vez dice: «Pues sí, es así». Porque hasta las bocinas de los coches suenan como en las películas y el ajetreo en la calle contagia al visitante, una hormiga entre tanto rascacielos. Y no sólo por el gran Empire State (381 metros, hoy el más alto) o el edificio Chrysler, cuya cúpula art-decó invita a parar en seco la marcha y recrearse hacia arriba, con calma. Paso ligero y parada. Así es el paseo por aquí.

Antes de sumarse a este agitado panorama, lo mejor es cargar las pilas en Central Park. Por ejemplo, rindiendo tributo a John Lennon en el edificio Dakota, donde fue tiroteado en 1980. Para completar el homenaje, un desayuno tranquilo al aire libre –café en vaso y donut– sentado en un banco en Strawberry Fields, en memoria del ‘beatle’. Tras el relax, hay que meterse de lleno en el lío.

 

 

 

Con un poco de sentido de la orientación, Manhattan es muy manejable. El callejero es cuadriculado, surcado por avenidas que van de norte a sur y atravesado por calles con una numeración de este a oeste. Ante la duda, siempre está la calle Broadway que recorre de punta a punta la isla. Bajando a pie por la Quinta Avenida –en el metro no hay pérdida, ‘downtown’ para bajar (hacia el sur) y ‘uptown’ para subir (norte)–, aparecen seguidas todas las tiendas de lujo imaginables, pero abiertas a todos los públicos: en Tiffanys, la joyería de ‘Desayuno con Diamantes’, se puede echar un vistazo sin compromiso, como si se tratara de una atracción turística más. Eso es algo común en otros establecimientos como en los restaurantes de moda del Meat Packing Distritc, –los antiguos almacenes de carne del Soho–.

La actividad en la zona de rascacielos o Midtown es frenética. Se impone visitar el Museo de Arte Moderno –MoMA, en la Quinta con la 53– y disfrutar de su increíble colección, en la que uno se puede dar de bruces con ‘Las señoritas de Avignon’ de Picasso, bien acompañado por Dalí, Monet, Kandinski, Klimt… Por cierto, a partir de las 16.00 horas es gratis. Entre el gentío, el paseo cruza Times Square, escaparate de los grandes edificios. El bar panorámico del hotel Marriot, allá en la planta cincuenta, ofrece una buena vista nocturna por 15 dólares la copa, siempre propina aparte –para comidas, entre el 10% y el 20% de la factura; si no la dejas, siempre habrá un camarero hispano que se lo recuerde en castellano–.

A partir de aquí, la ciudad cambia. Pierde altura y gana en rincones coquetos. Superado el alucinante edificio Flatiron, aparece la plaza de Union Square, donde el ritmo es pausado. Hay flores, artesanía, cuadros y comida, con predilección por las verdura frescas y las tartas rellenas de mermelada de fruta. Luego llegan las casas bajas del Soho, con sus escaleras metálicas por las fachadas –aquí se puede ir de cervezas a 5 dólares el trago y con buena música–. Y de repente, surge Chinatown. Es otra ciudad –viven 150.000 chinos, tienen sus propios periódicos y hasta las señales están en su idioma–.

El mercado más peculiar está en The Mott Street. Aquí se vende el pescado vivo, expuesto en viveros.También las ranas, gordas como puños, y las tortugas, éstas para la sopa. Si escenas así no le quitan el apetito, las posibilidades a la hora de ir a un restaurante son infinitas y asequibles para el bolsillo. Un paseo hasta el puente de Brooklyn, de aires góticos, sirve para estirar las piernas y prepararse para el regreso, esta vez en metro, ‘uptown’.

Central Park

El parque, creado a finales del siglo XIX sobre granjas y descampados, reúne 1,5 millones de árboles, tantos como habitantes tiene la isla. La mayoría son caducifolios y, así, la coloración de las hojas indica las estaciones, lo que da un aire de naturaleza salvaje al ‘midtown’ de rascacielos. Así se ve desde la planta 45 de la oficina del BBVA en Manhattan.

Times Square

Es el corazón de la zona de rascacielos y punto de unión con la calle Broadway, mítica por sus teatros. De noche impresiona la iluminación de sus grandes vallas publicitarias –hay que garantizar un nivel mínimo de luz para poder anunciarse aquí–. La presencia policial es constante, aunque sin intimidar –los agentes a caballo se dejan fotografiar con los turistas–. Hace bien poco, su faz era distinta. La calle 42, justo al lado, era una de las zonas más degradadas de la isla.



Little Italy

La pequeña Italia era el punto de acogida de los trasalpinos que hace un siglo llegaban desde Sicilia y el sur de la península. Engullido poco a poco por Chinatown, Little Italy apenas mantiene hoy un puñado de pizzerías, la calle Elisabeth, donde se crió Martin Scorsese, la iglesia de San Salvatore y alguna tienda de alimentación con buenas viandas, con el queso parmesano y el ‘prosciutto’ como reclamos. Al lado hay un Little Ukraine, formado por fugitivosdel zarismo.

Chinatown

Los exóticos mercados del barrio chino ofrecen una amplia gama de productos secos –tanto vegetales como animales, de intensos olores– y frescos, ya que las pescaderías venden el género vivo y coleando. El pescado se expone en viveros y las ranas, en cubos.






Edificio Flatiron

Es una de las construcciones más alucinantes, obra de Daniel Burnham en 1902. Con una planta triangular que juega con las fachadas y adornos art-decó, este edificio de viviendas fue en su día el primer rascacielos del mundo, con 87 metros de altura.






Puente de Brooklyn

Une los barrios de Manhattan y Brooklyn sobre el East River. Frecuentado por patinadores, ciclistas y corredores, es el puente suspendido más largo del mundo, con 2 kilómetros de longitud. Los muelles de las riberas permiten ver el perfil de la ciudad, mejor al atardecer.