Flexibles, fuertes, restistentes
Dos eran hasta hace poco los estereotipos que iban unidos a la práctica del golf. El primero, en franco retroceso -no hay más que ver el aumento de las licencias-, es que se trataba de un deporte elitista. El segundo, que el golf consiste sólo en andar y en golpear, de vez en cuando, una pelotita. Craso error: este deporte requiere de una buena forma física y, al mismo tiempo, contribuye a mantenerla gracias a que pone en marcha el aparato locomotor y el cardiovascular.
Y es que cualquiera no está preparado para jugar en un trazado lineal de aproximadamente 6.500 metros, con subidas y bajadas y con el equipo a cuestas, en busca de la postura correcta para darle a la bola. Aunque no implica un esfuerzo muscular intenso, los jugadores pasan horas en el campo, por lo que se produce un desgaste global y una pérdida sustancial de calorías.Flexibilidad, fuerza y resistencia son los tres pilares del deportista. Tres características que se refuerzan a medida que se practica el juego.
Además, y según diversos estudios, jugar al golf es beneficioso para personas con enfermedades cardiovasculares. Este deporte mantiene el ritmo cardíaco de estas personas en condiciones similares a las de los jugadores ‘sanos’. Los especialistas en Medicina de Golf, de hecho, recomiendan los campos de orografía plana (como los de la Costa del Sol) a aquellas personas que tienen problemas de corazón. Los campos del norte, con más cuestas y más duros, requieren un mayor esfuerzo y conllevan más desgaste. Por otro lado, este tipo de ejercicio no incrementa la tensión arterial, ni provoca un estrés excesivo - al tiempo que ayuda a olvidarse del estrés de las obligaciones cotidianas-. Aporta autocontrol y mejora hasta el aspecto físico, dado que se practica al aire libre, en plena naturaleza y al sol. De paso estimula la coordinación y las relaciones sociales. Muchos beneficios para un solo juego.
Que no es un deporte ligero queda claro en los consejos médicos. Los expertos recomiendan realizarse una revisión completa antes de dedicarse al juego, sobre todo para detectar posibles lesiones. Dada la exigencia de flexibilidad, éste es un punto fundamental. No son raros los problemas en la columna y las lesiones en las articulaciones -codo, hombro, muñeca y rodilla- y en los dedos y las el cuell ocuando se practica golf. Por ello, es conveniente calentar durante al menos diez o quince minutos antes de salir al campo. Si además se está acostumbrado a realizar ejercicio habitualmente, el cuerpo no corre riesgos. Y bien jugado, este deporte contribuye a evitar los dolores de espalda.
Algunos consejos
Hidratación. Es un ejercicio de larga duración, así que no podemos olvidarnos de beber agua y tomar frutos secos, barritas de cereales o fruta de vez en cuando.Protección. Muchas horas al sol obligan a echar mano del protector solar y la gorra. Preparación. Hay que realizar un entrenamiento complementario adecuado. El ‘swing’ o movimiento de balanceo con el que se golpea la bola exige una espalda preparada, con unos abdominales, unos dorsales y unos cuádriceps fuertes. La natación y el Pilates son excelentes compañeros para el golf.
Complementos. Hay que elegir bien el calzado y el palo –construido con materiales como el acero o el titanio- que se van a utilizar para evitar problemas en piernas y brazos. Un golpe dado con un palo que no se adapte al perfil del golfista puede repercutir negativamente en las articulaciones y causar daños en el túnel cartiano y en los huesos del tarso.
El truco. Siempre, evitar la rigidez y flexionar las rodillas al golpear la pelota.
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