Mi ídolo es Txema Olazabal'
Jesús Mari Arruti no podía ser otra cosa que jugador de golf. Su padre Jesús, entrenador de Txema Olazabal desde los 4 a los 25 años, es el Director de la Escuela Nacional de Golf y examina a los futuros maestros, monitores y asistentes.
Su tío Mariano también es maestro en
Jaizkibel, como su primo José Manuel. Padre y
tío, gemelos, sembraron la pasión por el golf en
sus hijos. Jesús Mari es jugador profesional del
Circuito Europeo Masculino; su prima Marina juega
en el Circuito Femenino; Amaia, otra prima,
conduce la Escuela infantil en el Club de Golf del
Prat. El guipuzcoano Jesús Mari Arruti acaba de
cumplir 38 años y es uno de los representantes
vascos en el mundo profesional.
Comprobado su árbol genealógico es algo normal que fuera jugador de golf. A los seis años, empecé a recibir clases. Luego, jugué torneos infantiles y con 14 años entré en el equipo vasco, donde coincidí con Txema Olazabal. Y, de ahí, pasamos a los equipos nacionales, de boys a categoría junior y a la absoluta.
¿Y cuándo dio el salto a profesional?
A los 21 años. Desde entonces, me dedico a competir. Y poder vivir de lo que te gusta es una gozada, aunque es muy difícil. Ahora, tengo un niño de dos años y medio y es duro estar seis o siete meses fuera de casa. Sólo se ven las cuatro horas que estás en un campo. Pero vas de hotel en hotel.
Ya, pero son pocos los elegidos.
Mi época no tiene nada que ver con la de ahora. Cuando jugaba de amateur era eso, un amateur. Ahora, los amateurs se entrenan como profesionales. El tiempo libre lo dedican al golf y cuando llegan a la élite son muy buenos. El avance en los materiales también ha sido enorme.
La evolución de este deporte, ¿se traduce también en apoyo para los que despuntan?
Aquí se necesita más apoyo económico para el golf masculino y femenino. En lo referente al número de licencias, estamos a un nivel altísimo. Pero otras regiones van por delante y es lógico que salgan más jugadores al cuidar la base. Tenemos un nivel de enseñanza muy alto y hay queaprovecharlo. Cuando uno llega a profesional es cuando se debe ayudar y yo esto lo eché en falta en mi época.
Txema Olazabal acaparó todo el protagonismo. tan?
Él llegó a lo más alto. La realidad del golfista medio no es esa. Era un crack y nosotros no lo éramos. Para mí el espejo en que fijarme ha sido Txema. Es mi ídolo. Hemos crecido juntos y es admirable ver hasta dónde ha llegado. Desde pequeño, se veía que era un fuera de serie. Es uno de los mejores del mundo.
Del País Vasco, han salido otros buenos jugadores.
Álvaro Prat, que enseña en La Arboleda, es muy bueno; e Iñigo Moral, que lo hace en Artxanda, es un pedazo de jugador. Rosillo, ahora, es profesor en Hondarribia. Y en la actualidad están Mikel Galdós, Iñaki Alustiza, Tania Elosegui o mi prima Marina.
Usted también ha disfrutado de triunfos.
He sido campeón de España Absoluto en La Moraleja, Junior en Zaragoza y de boys en el Prat. A nivel internacional gané un Challenge en Italia y otro en San Juan de Luz, además de otra prueba del Circuito Nacional en Zaragoza. Y el torneo de dobles de España con Fernando Roca hace tres años.
¿Qué torneo le gustarís jugar?
Mira, echo de menos un buen torneo en el País Vasco. La época del Open Galea en Neguri fue una maravilla.
Así que los años cuarenta terminaron con una docena de instalaciones de golf por todo el país de calidad contrastada. Con esta base, el golf experimentaría su primer gran punto de inflexión en España en la década de los cincuenta. Los clubes comenzaron a funcionar de forma más organizada y coordinada. El trabajo de la Federación comenzó a dar frutos y se consolidaron torneos. Desde que en 1932 se reunieran en Las Arenas aquellos seis pioneros, que constituyeron un marco jurídico y organizativo, el deporte del golf forma un colectivo de enormes dimensiones.
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