"Me ha enseñado a ser padre"
Jon Martín, Servicios Generales de Eroski
>>> Jon Martín compartió la baja
por nacimiento con su mujer cuando nació su hija Eider. Su mujer, Jaione, disfrutó del mes y medio obligatorio por descanso tras el parto y durante el resto del tiempo fue Jon quien se encargó del cuidado diario. Trabajador del departamento de Servicios Generales de Eroski, Jon reconoce que su situación laboral era más propicia para disfrutar del permiso. Y, aunque su petición supuso una sorpresa en una cooperativa donde el 70% de la plantilla son mujeres, no tuvo ningún impedimento. De hecho, su decisión posterior de solicitar una reducción de jornada para seguir cuidando a Eider fue un acicate para que otras personas se animaran a hacer lo mismo.
Jon valora muy positivamente una experiencia que es «cosa de dos». «¡Qué bien hice!», reflexiona al respecto, «disfruté mucho y pienso que el vínculo que se creó con mi hija es mayor que si no hubiese estado con ella todo ese tiempo».
El cuidado de un bebé no es tarea fácil, «vives experiencias muy duras», asegura, pero se compensa con «momentos muy buenos, que ya no me quita nadie». Además, «me ha enseñado a ser padre». Tras Eider llegó Aner, al que ahora cuida gracias a una reducción de jornada. «No soy el típico padrazo, pero los niños me preocupan. Hemos querido encargarnos de su cuidado y de su educación desde el principio. ¿Con quién va a estar mejor?».
«Ganan los niños»
Fernando Seisas, Administrativo
>>> Fernando Seisas se acogió a la reducción de jornada hace pocos meses para cuidar de su hijo. Por las mañanas acude a su trabajo como administrativo en el Teatro Arriaga y por las tardes se hace cargo del pequeño. Ni Fernando ni su mujer se habían planteado esta opción antes de ser padres y reconoce que decidieron que fuera él «porque en el trabajo tenía más facilidades».
Con el tiempo considera que «cualquiera puede y debe» hacerse cargo de sus hijos. Un trabajo «duro», pero que conlleva «mucha satisfacción personal». Este bilbaíno de 42 años asegura que quien más gana con este cambio de estructuras «son los niños», que no tienen porqué pasar ocho horas en una guardería a la espera de que sus padres terminen de trabajar.
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