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| Torre del antiguo Ayuntamiento, una
de las joyas del Casco Antiguo. |
A pie por la ciudad
Conjunto neoclásico
Burdeos es a la arquitectura neoclásica lo que Praga
es al barroco o Venecia al gótico. En el siglo XVIII
vivió un periodo de prosperidad económica y
desarrollo urbano que sembró la ciudad de palacios,
alamedas y edificios públicos. De esta época
son las plazas de la Bourse (originalmente plaza Royal) y
del Parlamento; el Gran Teatro, con su magnífico pórtico
de columnas corintias; el trazado del boulevard arbolado Allées
de Tourny; la iglesia de Notre-Dame, situada en la plaza Chapelet,
y edificios nobles como el Hôtel Acquart (5, cours de
l'Intendence), el Hôtel Saige (25, cours du Chapeau
Rouge) o el Hotel Boyer-Fonfrede (1, plaza Jean Jaurès).
Junto al río
Burdeos nació junto al río y debe al Garona
lo fundamental de su riqueza. En torno al puerto se desarrollaron
primero el comercio, luego la construcción de barcos
y, a partir de la segunda mitad del siglo XIX, la industria.
Pero, como en muchos otros casos, la ciudad vivió largo
tiempo de espaldas al cauce. La recuperación de los
muelles para los peatones y ciclistas, la puesta en circulación
de un tranvía, la creación de jardines al borde
del río y la reconversión de antiguos edificios
portuarios en restaurantes, tiendas, galerías de arte
o centros de cultura han incorporado el Garona y sus muelles
a la vida ciudadana.
En el Camino de Santiago
Uno de los caminos de Santiago, concretamente, el que venía
desde Inglaterra y Bretaña por la costa, tenía
en Burdeos una parada obligatoria. Allí repostaban
y eran acogidos los peregrinos en aquellos periplos que podían
durar años, e intercambiaban informaciones y mercancías.
Burdeos cuenta en su patrimonio histórico con tres
edificios nacidos al calor de las peregrinaciones: la basílica
de Saint-Seurin, la catedral de Saint-Ándré
y la basílica de Saint-Michel. La más antigua,
Saint-Seurin, conserva una cripta y una portada con interesantes
capiteles de estilo románico y fechadas entre los siglos
XI y XII. Dentro de la tradición del gótico
francés, en Saint-André destacan las esculturas
(principalmente, el Juicio Final del tímpano) de la
Puerta Real. Saint- Michel se construyó entre los siglos
XIII y XV y desde su torre se domina una magnífica
panorámica de la ciudad y el río.
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