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GALERíA DE IMÁGENES
'La Paloma' abre la puerta a una ciudad en pleno resurgimiento
El abrazo al viajero de Chillida
GRÁFICOS:
- La nueva terminal
- Cómo llegar
- Esquema
- Accesos
- Interior
- Torre de control
- Pistas

LOS AVIONES:
- Evolución de la aviación comercial en Sondika
- Aeronaves que se utilizan en la actualidad



 

Coches de punto

SANTIAGO GONZÁLEZ

La entrada en funcionamiento de 'La Paloma' ha venido a remover ligeramente la vieja cuestión del servicio de taxis en el aeropuerto. En la nueva terminal habrá más taxis, 111 frente a los 91 que había hasta ahora, ustedes los recordarán, formando de dos en fondo a las horas de los aterrizajes. Hasta el año 98 todos los taxis eran exclusivamente de Sondika, al igual que los marineros del ëAzorí eran obligatoriamente de Bermeo, que al parecer, eran los que más gustaban a Franco. Cuando los profesionales de otros municipios llegaban con algún pasajero al aeropuerto tenían que volverse de vacío; no podían esperar turno para cargar viajeros de llegada.

A partir de 98 se liberalizó en parte la cosa. Dos terceras partes de los taxis eran de Sondika y el tercio restante de Bilbao, Barakaldo, Zamudio y otros municipios. Ahora aumenta el parque en otros veinte taxis, con la paradoja resultante de que ahora, que el aeropuerto está ubicado en Loiu, más de la mitad de los taxis que hacen el servicio son de Sondika y que a Loiu, propiamente dicho, no le corresponde ninguno. En realidad, Loiu no tiene taxi, por ser un pueblo pequeño y tener un parque móvil de vehículos particulares que la población considera suficiente.

Aquella vieja imagen de la doble fila de taxis no se volverá a repetir. Al parecer, no haría juego con la fachada del impresionante edificio diseñado por Calatrava. Frente a la salida de 'La Paloma' sólo podrán aparcar un número determinado de vehículos (10), según los taxistas y 25 según Aena. El resto van a tener que esperar en un discreto segundo plano a que les vayan haciendo sitio los que marchan. Lo más importante es casi siempre la fachada. El conde Potemkin, un noble de la Rusia más antigua, que acabó por tener nombre de acorazado, ordenaba construir fachadas de cartón piedra en las calles por las que iba a pasar Catalina la Grande, con el fin de ahorrarle a la soberana la contemplación de la miseria de sus súbditos. Aquí se trata de que los taxis no se amontonen y desluzcan el bonito edificio de Calatrava. No sé si es muy operativo. Durará poco la medida.

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