Musika-musica Bilbao 2007 | Portada



De Rusia al cielo

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JOAQUÍN ITURRALDE. Tenor del Orfeón Pamplonés


Entre el incienso y el humo de los cirios, en la penumbra coloreada por la luz que cae desde el ábside, reverbera por todo el templo una especie de zumbido grave, profundo, que sostiene el canto unísono de los monjes, sobre el que se se oye monótona pero distinta la cantinela que desgrana el celebrante, tan sólo interrumpida en ocasiones por el tintineo de una campanilla o los golpes del incensario... La secuencia, lejana y misteriosa a nuestros gustos, corresponde a la liturgia ortodoxa. A lo largo del tiempo y el espacio el canto litúrgico irá cambiando de sonido y de forma, siempre detrás del mismo fin: llevar al corazón de los creyentes la palabra que responda a sus más profundos anhelos y esperanzas de transcendencia.

Oriente y occidente caminaron juntos hasta rebasar el primer milenio. Y su música litúrgica, bebiendo de la tradición en los modos griegos y las cantinelas hebreas, fue hasta ese momento el canto llano, un canto coral monódico sin acompañamiento instrumental de expresión austera y sencilla, vehículo ideal para elevar oraciones y alabanzas, así como para transmitir la palabra de Dios a los fieles.

Pero a partir del gran cisma (1054) oriente y occidente separarán sus caminos: mientras en occidente la melodía empieza a arroparse de armonía, y a través del contrapunto y el acompañamiento instrumental lucirá más rica y expresiva... allá en las lejanas estepas de la gran Madre Rusia, sigue el canto llano poniendo voz a la solemne ternura de los iconos, haciéndose tan sólo más ruso, más eslavo...

Transcurren los siglos y se suceden los movimientos en el mundo occidental: renacimiento, barroco, clasicismo, romanticismo... Y músicos como Palestrina, Bach, Haendel, Vivaldi, Mozart, Beethoven, Brahms compondrán para la liturgia cristiana. Pero el centro de gravedad de su música se irá alejando, poco a poco, de los templos y de lo sacro (al servicio divino), instalándose en los teatros y las salas de conciertos (para el disfrute de los hombres). La iglesia rusa permanece, mientras tanto, fiel a sus antiguos modos. Y esta fidelidad al espíritu del pueblo ruso será la invitación que sentirán para acercarse a la liturgia – no sin la oposición de sus popes - los grandes músicos nacionalistas como Tchaikovsky, Rachmaninoff, Mussorgsky... Volviendo a las fuentes para modernizarlas, lograrán un sonido coral extasiante al dotar de pasión y fuerza expresiva a las voces desnudas de los cantores, a costa de obras más complejas y difíciles de cantar (tesituras profundas y amplitud de acordes que exigen un trabajo de afinación y empaste verdaderamente notable).

El Coro del Patriarcado ruso de Moscú, uno resurgidos con el deshielo comunista de los 80, contribuye con una lectura de las nuevas polifonías llena de emoción y de matices a conseguir un son auténticamente sacro y sinfónico, apto para iglesias y auditorios.






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