Fuera de este mundo
Inma Shara, directora de orquesta
Los primeros biógrafos colocan la música de Wolfgang Amadeus Mozart fuera de este mundo, en una esfera angélical pero no impasible. «La música de Mozart es el gozoso e inexplicable milagro de la creación artística», se ha dicho. Con sólo tres años, este entonces niño prodigio ya mostró sus excepcionales cualidades. Muestra de sus infinitas capacidades musicales es este pequeño ejemplo: estando Mozart en Roma (1769) escucha el ‘Miserere’ de Allegri en la Capilla Sixtina. La partitura sólo se podía ejecutar allí y estaba prohibida su copia o reproducción bajo pena de excomunión. Wolfgang Amadeus fue capaz de transcribirla de memoria en una sola audición, hecho que demuestra su genio sin limite.

Recreación del funeral de Mozart.
El próximo año 2006 celebrará el 250 aniversario de su nacimiento, por lo que su inmenso legado musical –óperas, sinfonías, oberturas, serenatas, divertimentos, obras concertantes, etc.– brillará nuevamente con luz propia en todos los rincones del mundo.

Nacido a las ocho de la tarde en un frío 27 de enero de 1756 en Salzburgo, bautizado al día siguiente con los nombres de Johannes Chrysostomus Wolfgangus Theophilus, este último sinónimo de Amadeus, y fallecido en la madrugada de un lluvioso 5 de diciembre de 1791 en Viena, Wolfgang Amadeus, genio excepcional, luchó hasta sus últimos días con los pentagramas que habían presidido su rica y viajera vida. ‘La Flauta Mágica’, obra que despedía a un hombre, de inmovilidad cuasi total, cuya literatura musical en su globalidad, ejemplo de belleza perfecta, supuso una cristalización de todos los elementos del lenguaje musical europeo hasta la Revolución francesa.

Su sólida y completa formación filosófica, humanística y religiosa, con gran intención de seguir pasos eclesiásticos, hizo que su misión como músico estuviese al servicio de la corte. Músico cuya obra siempre se ha destacado por sus cristalinos acordes, por su pureza instrumental y por su transparencia armónica. Interpretar la obra de Mozart supone conocer su espíritu creador, su estética global, su gran belleza intrínseca, su evolución como genio inigualable. Wolfgang Amadeus es la manifestación de uno de los mayores escenarios donde la reina pureza e incluso la ingenuidad sin ningún tipo de aristas. Dirigir a este gran músico precisa de una gran claridad técnica, exenta de falta de precisión gestual, sin peso, sin grandes abanicos geométricos que empañen la esencia pura de su obra. De la misma manera, dirigir a este también gran hombre supone ser conocedor del sentido de la dinámica mozartiana, al igual que de la suma necesidad de articular con absoluta claridad (las notas breves se deben articular con delicadeza y levemente aceleradas, así con esta concepción el tema principal del movimiento lento del Concierto para flauta en sol Mayor adquiere toda su gracia; en definitiva, toda su esencia estética).

Asimismo de vital importancia en la interpretación de la obra de Amadeus es también la sabiduría sobre la importancia de los ‘tempis’, su sabia elección en los mismos determina el carácter que impregna toda la obra del gran genio, de ahí que el estudio exhaustivo en la elección sea de gran importancia. La música de Mozart ha sido frecuentemente sacrificada en el altar de lo que se ha denominado como ‘velocidad sistemática’. Con frecuencia se oye tocar ‘alla breve’ el primer movimiento de la Sinfonía ‘Linz’ (Allegro spiritoso); sin embargo, este mismo movimiento dirigido a un compás de cuatro partes, permite que el primer tema sea fraseado con incomparable belleza, cargado de un gran contenido artístico.

Dentro de esta interpretativa burbuja mozartiana se presenta igualmente de suma importancia el conocimiento de los llamados ‘adagios’, ‘andantes’, ‘allegros’, etc. donde en compositores como Haydn, Mozart y otros la indicación del tiempo era una indicación general; ‘andante’, en medio de ‘allegro’ y ‘adagio’, era todo lo que aparecía escrito en cuanto a indicaciones se refería, presentes en la partitura. La música de Wolfgang Amadeus supone ser conocedor también del llamado ‘allegro antiguo, o clásico’, cuyo carácter esencial era la ingenuidad, en contraposición del llamado ‘allegro moderno’, al cual se le ha atribuido el carácter sentimental (Beethoven).

Todas estas leyes principales y esenciales son las de la belleza de expresión, las que construyen firmemente la esencia de las frases musicales dentro del espíritu sensible, creador y artístico de cada genio que dio a luz semejantes obras arquitectónicas, musicalmente hablando.

Así, serían infinitos los ejemplos que se podrían presentar respecto al verdadero estudio de interpretación y conocimiento estético de la obra de este gran hombre y genio llamado Wolfgang Amadeus Mozart, paradigma del clasicismo, y cuya obra será la protagonista indiscutible en nuestros corazones el próximo año 2006.

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