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Llamada al orden

Doce de los veinte equipos no han
gastado en fichajes. Los clubes se
disponen a vivir una temporada de
penitencia después de años de
excesos y de acumular pérdidas


J. Ortiz de Lacano

Doce  meses atrás, el Barcelona puso encima de la mesa 18 millones de euros para fichar a Geovanni, un suplente de la selección B de Brasil, ésa que se utiliza para las Copas Américas. Hace unas semanas, el mismo club colocó en el mercado a Rivaldo, el segundo mejor jugador de la superselección de Brasil, la que gana el Mundial. Nadie pujó. El Barça le tuvo que dar la carta de libertad y una indemnización, porque la única oferta que encontró el jugador, del Milan, le suponía ingresar menos dinero por temporada.

Doce meses atrás, el Madrid montó un alboroto mundial al pagar 75 millones por Zidane, reconocido entonces como mejor jugador del planeta. Hoy ese blasón lo porta Ronaldo. El Madrid también lo quiere. ¿Cuánto ofrece? Doce millones y a Flavio, Munitis y Morientes, jugadores a los que quiere quitarse de encima.

Doce meses después, la situación financiera del fútbol europeo es grave. Los clubes son presos de los altísimos salarios de los jugadores (hasta un 70% de sus presupuestos) y de la delicada situación económica de las televisiones, que se han encontrado con que el fútbol, lejos de ser el maná esperado, se ha convertido en un negocio ruinoso.

Audiovisual Sport, sin ir más lejos, cerró el último ejercicio con 66 millones de déficit. A Kirch en Alemania y a la ITV en el Reino Unido les ha ido todavía peor. Han quebrado. ¿Y qué decir de Italia?, donde la propia patronal ha pedido al Gobierno que declare el campeonato en estado de crisis y se ha aplazado en quince días el arranque del torneo porque los ocho clubes más modestos se han quedado sin contrato con las televisiones.

En España los contratos con los operadores concluyen en junio de 2003 y este asunto se ha convertido en esencial para trazar el paisaje de los fichajes. Si las televisiones no tienen un euro, los equipos tampoco.

Los clubes negocian, pero los canales (antes dos, ahora uno con la fusión de Canal Satélite y Vía Digital) ya han puesto sobre la mesa su estrategia. Se coge el rebaño de los clubes y se separa a las piezas más interesantes. Madrid y Barça ya han vendido sus derechos hasta 2008, por 390 y 366 millones, respectivamente. Los demás, asustados, han decidido unir fuerzas y proclaman que recaudarán por encima de los 234 millones anuales que ahora ingresan, aunque todos se miran desconfiados, a la espera de ver quién es el próximo que abandona la manada para firmar por su cuenta. La realidad de los mercados dice además que los tiempos de los contratos desmesurados han acabado. Que los clubes españoles miren a Europa y se tienten. En Alemania, la renovación de los contratos televisivos se ha firmado a costa de que los clubes se lleven un 30% menos.

Un negocio sin beneficios

El fútbol como negocio es un sector singular. Es la única actividad financiera de la Unión Europea en la que todas y cada una de sus sociedades pierden dinero. La Liga Profesional calcula que en España la deuda de los clubes se sitúa por encima de los 1.200 millones.

Con los adelantos televisivos gastados hace tiempo, es evidente que en las cajas fuertes de los clubes no hay dinero, que cuando rebuscan entre sus esquinas sólo encuentran calderilla y telarañas. Este aire de desolación desanima a cualquiera, y en primer lugar a los directivos, que por fin han entendido que se acabó la fiesta, que estamos ante un año de penitencia y que sus presupuestos no son para frivolizar. Por fin una llamada al orden en un mundo viciado por años de desmesura.

A los problemas con las televisiones y las deudas, hay que añadir el del sobredimensionamiento de las plantillas, una moda importada de Italia, y cuyo mandamiento dicta que para afrontar varias competiciones hay que contar con varias decenas de jugadores. Así sucede que clubes como el Lazio, al borde de la quiebra, no ven ahora la forma de soltar lastre. Un emisario romano llegó hace poco a Madrid y se entrevistó con Jorge Valdano. «Toda nuestra plantilla está en venta», le comunicó. «¿Pero a quien quiere vender, si a mi me sobran también un montón de jugadores?», contestó el madridista.

La reducción del gasto se ha generalizado entre los clubes españoles, aunque haya leves excepciones como los gallegos o el Atlético de Madrid. Doce de los veinte equipos no han gastado nada o lo han hecho por debajo del millón de euros, una cifra ridícula si se compara con las que se estilaban en los tiempos de bienaventuranza. El resultado es que el fútbol español ha gastado, entre todos sus clubes, la misma cantidad que costó un año atrás Zidane, menos, desde luego, que en las siete campañas anteriores e incluso una cifra muy inferior a los 150 millones de euros gastados en los quince días en los que estuvo abierto el mercado de invierno en 1996-97.

El salto de ser rico a llevar la billetera como un estorbo es brusco, pero en el fútbol español hay mensajes muy esperanzadores. No hay fichajes, pero ni el juego, ni la pasión de los hinchas, ni el nivel de la Liga ofrecen signos de que vayan a desfondarse. Ni la flojedad del mercado podrá con él. Lo que va a suceder es que el fútbol va a ir a un proceso lógico de redimensionamiento de presupuestos, al que llega con importantes capitales, como los 12.5 millones de espectadores que acudieron la pasada campaña a los estadios de Primera y Segunda A (la segunda cifra más alta de toda la historia) y un nuevo récord en la recaudación anual en las quinielas, que por primera vez superó los 500 millones de euros anuales. Además, dentro de doce meses habrá un nuevo contrato con las televisiones. El mercado y el fútbol vivirán entonces una nueva floración.



Estrellas en la cola del paro por J. Ortiz de Lazcano

En el fútbol español era habitual durante los derrochadores noventa la siguiente escena. Juan juega en el equipo A y ficha por el B, en donde esta Manolo que, sin sitio, pasa al club C, en el que militaba Pepe, que se va al A o al D. Esto último es lo de menos. Lo importante era el resultado final. Todos cobraban más. El pelotazo universal seguía así su gran ronda.

Pero ahora los directivos compran poco y además preguntan por el precio. Los agentes han quedado descolocados por este repentino ataque de sensatez de las mismas personas que antes fichaban sin reparar en gastos, convencidos de que ‘bueno me hará el que detrás mío vendrá’.

La crisis ha dejado en mal lugar a los agentes, que en su mayor parte se comportaban más como jugadores de póquer que como profesionales serios de la gestión. Los agentes del fútbol estaban acostumbrados a lanzar faroles que siempre alguien recogía.

‘Te ofrezco tanto al año para Idiakez, para Urzaiz...’ ‘No valoras al jugador. Tiene ofertas mejores’, contestaban los intermediarios. Hasta ahora daban por hecho que iban a escuchar un ‘no te pongas así, te daré lo que me pides’. Ahora escuchan ‘pues que firme por quien le ofrece más’. Idiakez está en el paro y Urzaiz tuvo que poner voz de arrepentido para regresar. No le ha ido mal. Más de sesenta profesionales hasta ayer con contratos millonarios hacen cola hoy ante las oficinas del paro. A su lado nadie a visto a ningún agente.


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Y además...
· Calendario 2002/2003
· El mercado de fichajes




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