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El Racing recupera la calma sin Piterman

JORGE GARMA

Tercera temporada de Osasuna en Primera después de la tortuosa época, seis años, en Segunda. El club navarro quiere transmitir otras sensaciones, diferentes de la precariedad y las angustias, que dominaron las dos anteriores temporadas. En su caso, esas sensaciones se resumen en alcanzar con más holgura la permanencia. Para ello tendrá, por segundo año consecutivo, los conocimientos de Javier Aguirre, perfectamente acoplado a la estructura deportiva. El mexicano, sabedor de los topes de su equipo, supo formar un grupo muy compacto y luchador, características indisolublemente unidas a Osasuna, pero también con un cierto nivel de juego.

El año pasado, con la permanencia asegurada, los rojillos se soltaron y acabaron la temporada en undécima posición, la misma que se desearía para la que empieza. Pero también es cierto que Osasuna viajó gran parte del trayecto de la última Liga a trancas y barrancas. Su irregularidad y sus ansias, especialmente en casa, le traicionaron y dejaron escapar puntos valiosos. Pese a ello, el equipo navarro sabe que es en El Sadar donde debe amarrar su tranquilidad.

Los pasos dados en verano han sido satisfactorios. Se aseguró la cesión desde el Hellas Verona de Julio Alberto Pinheiro, un interior izquierda de solvencia, y el traspaso, aunque costoso, de Valdo. El joven mediapunta, un producto de la cantera del Real Madrid, dio un aire más lujoso al equipo en la segunda mitad de la Liga y su titularidad es casi fija. El problema residiría otra vez en ataque, donde Aloisi no se ha mostrado como un delantero de confianza. Quedan Moha, Morales y Rosado, pero Aguirre ha pedido refuerzos. Donde se esperan menos inconvenientes es en la línea defensiva, columna fundamental y a la que ayudarán desde la medular Alfredo y Pablo García, auténticos todoterrenos.