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Poco pedigrí
Los clubes grandes han optado por
contratar a técnicos de perfil medio y con un corto palmarés
JUANMA VELASCCO
La Liga recorta presupuesto para sus banquillos. Y,
a diferencia de las temporadas anteriores, el torneo se queda, por vez
primera en muchos años, sin campeones de Europa. Los entrenadores
de la todavía llamada Liga de las estrellas pierden pedigrí.
Ni grandes nombres, ni un palmarés deslumbrante. Los banquillos
españoles están huérfanos de un líder.
La temporada pasada, Vicente del Bosque (Real Madrid), Louis Van Gaal
(Barcelona) y Jupp Heycnkes (Athletic) podían presumir de tener
en su vitrina al menos una Copa de Europa. Este verano, buscar el máximo
reconocimiento europeo en cualquiera de los banquillos de la Liga es un
trabajo baldío. No lo hay. Los curriculos de los técnicos
del torneo han empequeñecido.
Real Madrid y Barcelona, referentes de cada campaña, son el mejor
ejemplo. Los dos equipos han apostado por hombres de corto palmarés.
Y, atendiendo a su historial, son novatos en la dirección de plantillas
de primer nivel. Carlos Queiroz (Real Madrid) lleva tiempo sin manejar
conjuntos de campanillas. La útima década la ha repartido
entre ligas en expansión Japón y Estados Unidos,
selecciones (Emiratos Árabes y Sudáfrica) y ha estado
un año como asistente de Álex Ferguson en el Mancheste,
aunque, eso sí, dicen que era la auténtica cabeza pensante,
que de él partían los planteamientos tácticos y técnicos
del equipo inglés.
Frank Rijkaard (Barcelona) tiene menos que ofrecer. De ser seleccionador
holandés pasó al Sparta de Rotterdam, de Segunda División,
y de allí al Barcelona. Un tránsito demasiado acelerado
para colocarse al mando de un grupo que tiene la obligación de
conseguir alguno de los tres títulos que disputará en 2003-04
(Liga, Copa y UEFA).
Actores secundarios
Y los dos grandes de la Liga han creado ejemplo en el resto. Ninguno
ha echado la casa por la ventana en la contratación de un técnico.
Ni siquiera los recién ascendidos han tenido que auxiliarse en
el consejo de los agentes. Sólo el Murcia ha fichado (Joaquín
Peiró), los otros dos, Zaragoza y Albacete, se atreverán
con los entrenadores (Paco Flores y César Ferrando) que les ofrecieron
el ascenso.
Los entrenadores de la Liga, además, tienen ahora a su lado una
figura que para algunos de ellos se ha convertido en su mayor enemigo:
el secretario técnico. El organigrama directivo ha reservado a
los técnicos una especie de censor que pese a no sentarse en el
banquillo tiene influencia directa en la confección de la plantilla
o la planificación de la pretemporada. A menudo, la buena relación
del secretario técnico o director deportivo con el presidente y
los hombres fuertes de la directiva dejan al entrenador, muy a su pesar,
como un actor secundario.
El Valencia vive una convulsión con esta cuestión. Rafa
Benítez, uno de los pocos técnicos con premio (Liga 2002)
de los que hay en el torneo, además del incombustible Javier Irureta,
está enfrentado a García Pitarch, el secretario técnico
de Mestalla. Y nadie se atreve a vislumbrar cuál será el
final de las tensas relaciones entre ambos. «En los fichajes se
debe escuchar al entrenador, no sólo se puede hacer lo que diga
la directiva o el secretario técnico», se ha quejado Benítez.
Y no se corta en detalles. «Si fuera un cabezón, Cannobio
no jugaría en el Valencia. No puede ser que cuando buscas un sofá
te traigan una lámpara». Habla de un fichaje de García
Pitarch.
No es el único que se ha revelado. Jaime Pacheco (Mallorca), un
recién llegado, la ha tomado con la dirección deportiva
por la planificación de la pretemporada: 11 días en Inglaterra
con cinco partidos. «Me hubiera gustado hacer más trabajo
físico en vez de jugar tantos amistosos». También
Queiroz insinúo que la gira asiática ha sido un error. Valdano
le calló la boca. El Madrid volvió de Oriente con diez millones
de euros.
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