Las deudas ocultan las estrellas
Los clubes derrocharon en fichajes en lugar de incrementar su patrimonio y ahora no tienen recursos para afrontar la recesión

> Las televisiones se apagan
> Entrenadores con poco pedigrí

J. GÓMEZ PEÑA

El fútbol se cree inmortal. Lo es: como las emociones. Los clubes de fútbol también se sienten eternos. Y, en muchos casos, es probable que lo sean. La cuestión es que todos, los equipos peremnes y los caducos, viven como si fueran para siempre: gastan por adelantado, derrochan, no conocen el ahorro ni la mesura, toman las decisiones desde el hervidero de los palcos, en función de si el balón ha ido un centímetro hacia fuera o hacia dentro. Saltan sin red. Van a tientas. Huyen hacia delante. Conviven con la quiebra: con una deuda total de casi 1.700 millones de euros, sin cumplir los pagos prometidos a los jugadores –675 futbolistas les han reclamado 49 millones–, con la garra de Hacienda al cuello –deben 288 millones–....

Les falta dinero. En la temporada 2000-2001 lo tuvieron y lo gastaron: 450 millones en fichajes. Parecido en la campaña siguiente: 303 millones. Eran tiempos de abundacia. Llovía el dinero de las televisiones. El fútbol como reclamo catódico no tenía rival. Las grandes cadenas europeas cubrieron de oro a las principales ligas. ¿Qué quedó tras la siembra de pepitas doradas? Nada. Los clubes no invirtieron en patrimonio, en futuro. Todo el dinero resbaló hacia el vestuario, hacia los bolsillos de los jugadores. Los parkings aparecían tapizados con automóviles deportivos fabricados para los jeques; ropa de ultramoda; todo exclusivo. Baño de oro. Pero los jugadores son un patrimonio efímero, inconsistente; que no queda. Una lesión o, simplemente, el paso del tiempo los devalúan. Tras ellos nada permanece: ni instalaciones, ni estructura para la formación de nuevas generaciones. Los ‘Porsche’ y los ‘Ferrari’ se van con ellos.

El año pasado, ya en crisis por las reticencias de las televisiones a seguir abonando el despilfarro, la liga española sólo pudo gastarse 142 millones de euros. Y 50 de ellos fueron para atar a Ronaldo. Ahora, la cifra apenas ha rebasado los 120 millones: entre Ronaldinho, el más caro –27 millones– y Beckham –25– suman casi la mitad del movimiento registrado en el mercado. Aun así, España es el país donde más se paga a los jugadores: entre el 60 y el 70% del presupuesto de los equipos va directamente al vestuario. Incluso en tiempo de sequía. Doce años después del plan de saneamiento y de que los clubes se convirtieran en sociedades anónimas –salvo Athletic, Barcelona, Real Madrid y Osasuna, que se libraron por tener un patrimonio neto positivo–, el fútbol sigue boqueando, medio asfixiado por las deudas. Parece su sino. El Madrid ha tapado con un pelotazo urbanístico un agujero de 331 millones; el Barça debe 250 millones; el Deportivo, 144....

Rebajas y nuevos ingresos
Los inmortales son así. Viven con lo que no tienen. De hecho, la reacción ante la crisis ha sido dar otro paso adelante. Pedir al Consejo Superior de Deportes una rebaja en el IVA, el aumento del porcentaje de las quinielas que les corresponde y el aplazamiento del pago de las deudas tributarias –Hacienda ha admitido los traspasos como aval para esas deudas–. Mientras ese nuevo impulso llega, los clubes tratan de ajustarse al estrecho traje actual: los traspasos se han sustituido por cesiones; además, futbolistas como José Mari, Anderson, Coloccini o Roger han cambiado de camiseta con la carta de libertad como pasaporte, esto es, sin costar un duro; el Athletic he conseguido que sus jugadores se rebajen un 15% la ficha; a otros, como a Cocu, su equipo –el Barça– le pagará por decreto la mitad de lo que le abonaba.... El fútbol se estira a sí mismo.

La temporada que empieza ya es la de Beckham. El inglés y Ronaldinho son como de otra época, de cuando el fútbol vivía de sobra, al calor de la televisión. El acuerdo de última hora con Sogecable, que reportará a los equipos unos 270 millones por temporada, ha rebajado justo a tiempo la tensión del nudo. Justo para lanzarse a fichar antes de que el domingo se cierre el mercado –Ibagaza, Van Brockhorst... –. El fútbol es así: ya ha empezado a gastar lo que aún no tiene. ¡Qué más da si es inmortal! Como las emociones.