F.C. BARCELONA

A recuperar el prestigio
Ronaldinho devuelve la ilusión a un club en ruinas, necesitado de títulos y sumido en una profunda crisis económica

MARÍA R. ALONSO / GRÁFICO: J.M. BENÍTEZ

Laporta, Año I. El presidente con mayor apoyo en la historia del club azulgrana ha iniciado una revolución que tiene como fin revalorizar a un grande que se pasea de puntillas por el olimpo del fútbol español. Sin perder de vista su condición de campeón, por una temporada, el Barcelona necesita ser humilde. ¿Por qué? Porque debe recuperar su prestigio con un título que este año sólo puede ser el de la Liga o la UEFA, y porque acumula una deuda de 218 millones de euros –35.000 millones de las extintas pesetas– que amenaza la estabilidad institucional.

Mientras Laporta busca nuevas fuentes de ingresos y tapona las fugas innecesarias de euros de unas arcas desnutridas en busca del déficit cero, un hechicero llamado Ronaldinho hipnotizará con su técnica a una afición a falta de cariño.

El fichaje estrella es el piloto de un nuevo proyecto en el que no caben más decepciones. El adiós a los pañuelos blancos implica enterrar al Barça de la pantomima, aquel conjunto desgarbado de la pasada temporada, sumido en el caos y la desmotivación que Louis Van Gaal construyó a pulso. A dos puntos del descenso, con el precipicio tras de sí, Radomir Antic devolvió la atención al fútbol. Desterrados Gaspart y su gregario holandés, aquel Barcelona enfermo inició su recuperación. Ejerció Puyol de maestro de ceremonias, cumplió Cocu como hábil supervisor del juego azulgrana y resucitó Saviola la efectividad de su línea ofensiva. Sólo Kluivert y Riquelme permanecieron en la apatía, pero la reacción fue suficiente para salvar la dignidad. Sin embargo, había que buscar una solución eficaz a tanta fatalidad, un incentivo que uniera al sentimiento culé y despertara el entusiasmo. Un ‘crack’ llamado Ronaldinho.

Nuevo ídolo
El héroe del Mundial de Corea y Japón ya es el nuevo símbolo del barcelonismo. Su melena al viento, su gesto provocador y, sobre todo, su genial toque de balón, son la esperanza del Nou Camp. Ronaldo de Assis Moreira resume en sí mismo la tradición futbolística brasileña. Mediapunta natural, su rapidez y destreza le constituyen en letal dueño del área. No es un artillero nato, pero su sola presencia es preludio de gol. En él, se concentra la ilusión. De entrada, le arrebató el número ‘10’ a Riquelme y agotó las 2.000 camisetas con su nombre que ‘La Botiga’ del Nou Camp puso a la venta. Fue el primer récord de Ronaldinho, cuya aportación decisiva es tal, que el Paris Saint Germain vaga por la liga francesa llorando su ausencia.

Sin embargo, el nuevo Barça, humano y comprometido, necesitaba poner orden el resto del terreno de juego. Un asunto que ha implicado una exhaustiva limpieza del vestuario con su correspondiente controversia. Mendieta, Alfonso, Frank de Boer y Riquelme han sido las víctimas peor paradas. Son los protagonistas de una lista de bajas que completan Dani, Bonano y Enke. El reemplazo ha cubierto las faltas, aunque no las necesidades. Además de Ronaldinho; Mario, Quaresma, Márquez, Luis García, Van Bronckhorst y el cancerbero Rüstü responden a los deseos de Frank Rijkaard.

El técnico holandés disipó con el triunfo en el Trofeo Joan Gamper las dudas surgidas tras una pobre pretemporada, enfocada como producto de marketing más que deportivo. Rijkaard es la apuesta inesperada de la nueva directiva. Joven y con escasa experiencia, su paso por los banquillos de la selección holandesa y el Sparta de Rotterdam no respondía en un principio a la exigencia culé. Pero el hecho de tener a Johan Cruyff como valedor de fondo le daba un voto de confianza.

Efectividad y belleza
Rijkaard, de 40 años, se esfuerza en darle forma a su precario castellano, pero hay una palabra que repite sin cesar: Ganar. Es la actitud luchadora que desprenden también sus apuntes sobre la pizarra. Conseguir un fútbol atractivo y efectivo, como manda el manual holandés, es su obsesión. Pero el Barcelona, aún con demasiados defectos que maquillar, tendrá que solventar en su búsqueda de la belleza técnica varias carencias y excesos. Hasta el martes no contaba con un lateral izquierdo –llegó como cedido del Arsenal Van Bronckhorst– ni con un auténtico delantero centro, lo que dificulta las labores de ataque, donde el rendimiento de Kluivert vuelve a sembrar dudas. El canterano Oscar López es la única opción real en el carril izquierdo y para labores goleadoras Rijkaard tendrá que reconvertir a alguno de sus cuatro mediapuntas. En el centro del campo, sólo existe un muro de contención: Cocu, un veterano de 33 años y con tendencia a lesionarse, es decir, un foco de huecos que pueden dejar a Puyol en inferioridad de condiciones.

Poco a poco. Situarse entre los cinco primeros de la tabla y lograr el premio de la UEFA son las aspiraciones de un grande que, por una vez, tendrá que poner los pies en el suelo. Pero el aficionado asume con gusto un proceso de regeneración que, por primera vez, permite vislumbrar el futuro. El trabajo comienza ya en la cantera. Guillermo Amor, máximo responsable del fútbol base, transmitirá el ideario a los herederos; Eusebio, en el puesto de tercer entrenador, hará de conexión con la primera plantilla. Sus nombres se suman al del cerebro del club, Txiki Begiristain, directo deportivo de la entidad y hombre de máxima confianza del nuevo presidente, en un equipo técnico cercano a la grada y apelador del recuerdo. Y es que sí, también el Barça de Joan Laporta añora al ‘Dream Team’.