Las televisiones se apagan

J.G.P.

Agosto es un mes de barbecho para las televisiones. Programas de variedades, películas de desecho, reposiciones. Nada que ver, salvo el oasis del Mundial de Atletismo. La audiencia está en la playa. Hasta que la rescató el fútbol. El primer partido oficial de la temporada, la ida de la Supercopa entre el Mallorca y el Real Madrid, ha fijado el récord con cuatro millones y medio de espectadores. Aun en vacaciones y con el trofeo más liviano en juego, el balón arrolla al resto de los programas. Es un éxito seguro. Pero también se puede morir de éxito: el fútbol ha puesto en manos de las televisiones más del 60% de sus ingresos. Es decir, encima de un alambre, al albur de los índices de audiencia. En la anterior negociación, había dos plataformas digitales que competían por los derechos televisivos. Ahora, tras la fusión, sólo hay una. Y por tanto, una oferta. El fútbol necesita a la televisión; la televisión, no tanto al fútbol. Por eso, la amenaza de huelga por parte de los equipos modestos fue azúcar en agua.

Al final, Sogecable aportará 270 millones por cada uno de los próximos tres años. Pero la distribución no es equitativa. Sólo el Madrid y el Barcelona, los más reclamados por el telespectador, se quedan con más de la mitad de la inversión. A excepción de ellos, la mayoría de los principales equipos de Primera ha firmado a la baja.

Aunque, al menos en parte, se han librado de la rebaja que impera en Europa. La UEFA ingresará este año 140 millones menos por los derechos audiovisuales de la Champions League. Hay más: la ‘Premier League’ inglesa ha visto cómo su valor se reduce en un 28%; en Alemania los equipos recibirán un 30% menos; en Italia, el ‘calcio’ se ha depreciado en 60 millones de euros –de 420 a 360–, y en Francia, la cantidad a repartir entre los clubes será similar a la del año pasado, pero estará en función de las audiencias. Las televisiones comienzan a apagarse.