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Juegos de niños
Cientos de pequeños se acercan estos días al ‘Txikigune’, en el muelle de Ripa, para disfrutar en los castillos hinchables, tirarse por el Gargantúa, patinar o pintar
IÑIGO SALINAS / BILBAO
Todos los días, a las 11.00 y a las
17.00 horas, cientos de niños esperan
impacientes en el muelle de
Ripa a que les abran las puertas
del 'Txikigune', un lugar donde la
imaginación se convierte, por una
vez, en realidad. Y es que, si la ilusión
de cualquier niño es sumergirse
de lleno en castillos hinchables,
balones, trenes sin bruja
y, cómo no, gargantúas y marijaias,
éste es el sitio ideal.
Nada más entrar al recinto, los
pequeños arrastran a sus padres
a los patines, a las canastas de
baloncesto o al Gargantúa, «la
atracción estrella». «Atención
por favor, atención. Los niños que
han estado en el hinchable del
tigre, que comprueben que las
zapatillas que llevan puestas son
las suyas...». En el 'Txikigune'
todo puede pasar. Los 'reyes de
la casa' no entienden de normas.
A ellos lo único que les importa
es jugar.
Los padres
Muchos, como Eder, ni siquiera
son capaces de mantener el equilibrio
en tierra firme, pero se
mueven «como pez en el agua en
el castillo hinchable y entre pelotas
de colores», comentan sus
padres.
Los puestos de pintura también
entusiasman a los pequeños. Álvaro,
de cuatro años, «se ha pintado
la cara de Flash, y ayer de Batman
», dice Araceli, su abuela. A
su lado, unos padres tratan de convencer
a las monitoras Lorea e
Ixone de que su hijo tiene siete
años para que le dejen entrar al
cocodrilo. «Los padres dan más
guerra que los enanos. ¿Cómo va
a tener ese crío siete años?... ¡No
llega ni a tres!».
Agotados, los padres y monitores
abandonan el 'Txikigune' hasta
las cinco de la tarde, cuando
otros cientos de niños volverán a
esperar ilusionados a que les
abran la puerta a un mundo donde
cualquier sueño es real y conquistar
un castillo es posible.
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