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2002
NOTICIAS Aste Nagusia
agosto

Concierto de Coti
Mejor que Calamaro

Por Oscar Cubillo - Bilbao


No tenemos nada en contra de Calamaro, porque nos caen bien los rockeros charlatanes. Si ponemos el título de arriba a nuestra percepción de la intervención del también argentino Coti en Botica Vieja, no es más que para lanzar a éste un piropo, un halago reforzado. Y eso que acudimos a su cita sin demasiado convencimiento, esperando tragar una sobredosis de cháchara porteña, psicoanálisis de ‘todo a un euro’ y tempos suavitos homogeneizados por la baba.

Pero no. Lo de Coti Sorokin en esa explanada plagada de cuadrillas de veinteañeros –que peroraban en torno del botellón antes de ponerse súbitamente a brincar y a corear cuando reconocían algún hito– fue un concierto de rock and roll clásico, donde la sombra de Dylan surgió más que evidente en numerosas ocasiones, con potencialidad
comercial respetable y asumible y estética de gran rock and roll: disposición escénica que nos recordó a los escandinavos The Soundtrack Of Our Lives en pleno verano, tres guitarras enlazadas (una asida por Álex Olmedo, ex Christina Rosenvinge) y la pinta de Coti, con sombrero vaquero y camiseta de Lynyrd Skynyrd.

El ambiente se notaba caliente y entregado y las expectativas se cumplieron desde el primer disparo. ‘Otra vez’ remitió a los primeros Rodríguez y ‘Suéltame’, un tema que entrará en su próximo CD, sonó a pop-rock redondo como el Graham Parker del LP ‘The Up Scalator’. Vivificante es un calificativo que le va al pelo al cancionero de Coti, que se halla en la cima por vender un cuarto de millón de copias legales en todo el mundo de su último disco, ‘Esta mañana y otros cuentos’.

Diecisiete personas

Coti ni soñaba este apogeo en su primera visita a Bilbao, cuando acudieron a verle diecisiete valientes, como recordó al presentar el ‘Princesa’ de Sabina. «Muchas gracias, gente de Bilbao», agradeció antes de ‘Nueces’, pop un tanto infantil para una película que narra un amor entre Argentina y España. ‘Sangrando’, con sus rapeaditos y su fusioncita, puso el momento extraño (no queremos usar adjetivos negativos, tipo ‘bajo’) antes de la recuperación con ‘Bailando’, un tango según Coti, que reclamó: «Vamos a ver esas manitas arriba de Bilbao». ‘No me arrepiento’ dejó ver trazos country y en ‘Esta mañana’ concluimos que, a pesar de las concomitancias, desde las vocales a las compositivas, el tal Sorokin podría convertirse en un buen recambio para un Calamaro que el martes cumplió 45, pues su cancionero no está tan sobado. En ‘Igual que ayer’ animó a cantar un estribillo con esas tres palabras («Yo me las sé todas, que me las he aprendido», chilló una veinteañera exultante; bueno, nosotros también llevamos a una treintañera exuberante que las conocía todas; gracias, Susana, a ver si vuelves pronto) y luego invitó a los teloneros,
los argentinos Súper Ratones, a versionear un entregado y coral ‘Help’ de los Beatles previo a un ‘Baúl de los recuerdos’ con arreglos de los Beatles más adultos. En el pop positivista ‘Mis planes’ ondearon enseñas argentinas, y el final resultó climático con ‘Antes de ver el sol’ y sus onomatopéyicos oh-oh-oh y el jaleo triunfal y absoluto de ‘Nada fue un error’, donde Coti dejó cantar al respetable y oímos sobre todo las voces agudas de las chicas. En el bis, apenas solicitado porque ya se supone que se dará, volvió Coti vistiendo otra camiseta vieja cuyo motivo no distinguimos ni en las pantallas, e hizo ‘Volando’, en plan los primeros Rodríguez, y la dylaniana y repetida ‘Otra vez’, fin de una cita... vivificante y gozosa.

 

 

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