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2002
NOTICIAS ASTE NAGUSIA
agosto


De profesión, buscavidas
Se mueven en grupos o a solas. Son tipos peculiares, que buscan en la Semana Grande una forma de sobrevivir o de entretener al resto de los paseantes


OCTAVIO IGEA/BILBAO

Nadie viene a verlos pero todo el mundo los ve, la Aste Nagusia también es su momento. Tampoco aparecen en el programa de fiestas, aunque sin ellos algo se echaría en falta en el recinto festivo. Son los buscavidas, unos personajes tan variopintos que no cabe definición, sólo describirlos. Se disfrazan y hacen globos con forma de flor, leen el porvenir o son capaces de no mover ni las pestañas durante un buen rato manteniendo el equilibrio sobre una caja. Con poco más que su ingenio, luchan por atraer a los viandantes que acaban rodeando sus fugaces actuaciones. Son músicos, bailarines, funambulistas y actores; su escenario, la calle y su sueldo, la voluntad. Inundan de risas y entretenimiento todos los rincones de la villa con sus excéntricas indumentarias. La realidad está debajo, y tiene historias como éstas.

'BOMBITA' Pareja de bailarines

«Llevo trece años en la carretera» En el Casco Viejo una pareja de bailarines se mueve con agilidad entre los murmullos de la gente. Al son de ritmos de los años 20, ejecutan piruetas excepcionales. Pero las apariencias engañan, no son dos, sólo es uno: 'Bombita', un madrileño de 57 años con espíritu viajero y toda una vida en el mundo del espectáculo. En 1975 fundó una compañía de variedades y, aunque no acabó de funcionar, desde entonces ha convertido la interpretación en su modo de vida.

«Llevo trece años en la carretera haciendo este número», para ello, se arquea de tal manera que cede sus piernas al bailarín mientras con los brazos mueve a la mujer. Un gran derroche físico que repite cada diez minutos, «¿Que cómo me entreno?, pues trabajando ». Durante el verano, viaja con su mujer de fiesta en fiesta en una caravana, «al principio íbamos a hoteles, pero nos cansamos ». A 'Bombita' el esfuerzo no le pasa factura, al contrario, «estoy mejor que mis amigos», asegura tras explicar que en invierno, «para no perder la forma », actúa en Canarias, «aunque también he viajado a Estados Unidos ». Para Bilbao todo son halagos, «hay una gente estupenda». Lo que no le gusta tanto es hablar de dinero, «di que gano 1.800 euros al día, total vas a poner lo que quieras, como en todas las entrevistas que me hacen».

THIERNO DIALLO 'Balafón' Euskera en Senegal


«Es como un xilófono», el 'balafón' se hace con listones rectangulares de madera africana que secan con cuidado y queman con un hierro para sacarle el mejor sonido. Esa es la base de la música que hace Thierno Diallo, un senegalés que luce 'txapela' con orgullo mientras continúa llenando de ritmo la calle Pelota con su peculiar instrumento.

«Mira, lo de aquí debajo son calabazas que funcionan como amplificador natural», muestra este africano afincado en Pamplona, «la capital de Euskadi». Asiduo de las fiestas, Diallo prefiere Guipúzcoa, pero este año se ha acercado a Bilbao. Duerme en el coche, aunque tampoco tiene demasiado tiempo, «toco 24 horas al día». Si no fuera por el color de su piel, el músico pasaría por un navarro más. Chapurrea euskera, «pixka bat (un poco)» y saluda a dos chicas con las que ha coincidido en otros sitios, «esas son de Tolosa». Atrás quedan los tiempos en los que vivía por y para «la cultura» en Senegal, «hace 15 años que no voy, pero aquí estoy muy a gusto».

RICARDO LÓPEZ Mickey Mouse moldeando globos
Un joyero duerme en Termibus Espadas, flores, perros... los globos pueden tomar cualquier forma en las manos de Ricardo López. Ese es el talento que explota, metido en un disfraz de Mickey Mouse pese al sofocante calor. Sin parar de trabajar, cuenta que es boliviano y que él no España para esto. «En mi país era un joyero muy reputado, trabajaba con varias Embajadas y me propusieron un proyecto aquí, pero cuando llegué descubrí que me habían engañado y me encontré sin papeles ni nada».

A sus 57 años, no le queda más remedio que viajar de feria en feria con sus globos. Pamplona, San Sebastián, Vitoria, «donde haga falta». Durante esta semana, trabaja siete horas al día y duerme donde puede, «tengo mis cosas en la consigna de Termibus, me acomodo en un banco y ahí descanso ». Gana poco y lo tiene que repartir. En su país tiene dos hijos estudiando, «uno Derecho, el otro en una academia militar». Ésta es su tercera Aste Nagusia y promete volver, «la gente del norte es muy amable», aunque también los hay, «los menos», poco considerados: «algunos me dan dos céntimos por los globos, dicen que no cuestan nada y que con eso vale». De todos modos, enseguida recuerda que hay «almas generosas » que le dan «hasta dos euros» por creación.

DRAGO Una llama con ritmo

«Lo más duro es no entender a la gente» En algún rincón de Bilbao, un estrafalario animal mueve la cabeza sin parar mientras lanza unos gruñidos muy curiosos. La gente se ríe al girarse y descubrir una llama que les mira tras unas grandes gafas. Bajo las tradicionales mantas que cubren al animal andino está Drago, un rumano de risa fácil. A pesar de ello, mira con recelo y, antes de hablar, pide ver alguna acreditación que no huela a policía. Las sospechas se confirman, «llevo dos semanas en Bilbao y no tengo documentación» reconoce Drago. «Tengo cinco hijos pequeños en Bucarest y quiero ganar dinero», para ello se contornea sin freno bajo el disfraz que le ha dejado un compañero. Con gestos explica que descansar, descansa poco, «duermo en la calle pero tengo que estar muy atento para que no me roben». Gana muy poco, pero está contento a pesar de que sus limitaciones con el idioma son muy grandes, «es lo más duro, no poder comunicarme con la gente ».

FANE Y JOSCA Pandereta y acordeón


«La gente ya nos conoce» No es que aparezcan en la Aste Nagusia, trabajan todo el año por Bilbao, pero durante estas fechas hacen horas extras. Fane y Josca son rumanos y con una pandereta y un acordeón, hacen las delicias de la gente que puebla las terrazas de la villa. Hace ya un año que aterrizaron aquí con poco más que sus instrumentos, y así siguen. Josca, el de la pandereta, se esfuerza en explicarnos cómo discurre su día. «Tocamos unas seis horas cada día» y ya tienen un público fiel, «tocamos siempre en los mismos sitios y la gente ya nos conoce». Cada día cierran sus actuaciones con el 'O sole mío' y mientras 'pasan la gorra', se despiden: «¡Gracias señores y señoras, que aproveche!».


 

 

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