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Celedón
no encuentra policías voluntarios que le escolten durante
el Chupinazo
El alcalde de Vitoria dice que Gorka Ortiz de Urbina
«irá acompañado» por los agentes
Por Iosu Cueto
Celedón
no encuentra policías voluntarios suficientes que le
acompañen en su multitudinario trayecto hasta la balconada
de San Miguel. El símbolo vivo de las fiestas de La
Blanca recorre cada 4 de agosto ese itinerario de 115 metros
entre la calle Postas y la balconada para agitar su paraguas
y saludar a las 80.000 personas que le esperan tras el Chupinazo.
Pero la reencarnación del personaje que baja al centro
de la ciudad colgado de un cable tiene un problema este año:
no hay suficientes policías municipales que se hayan
ofrecido a acompañarle porque el recorrido es cada
vez más accidentado. Se da la circunstancia de que,
además, la Guardia Urbana baraja realizar medidas de
fuerza si no consigue varias mejoras para su plantilla.
El problema ha encendido la luz de alarma en el Ayuntamiento,
aunque ayer el alcalde de Vitoria, Alfonso Alonso, aseguró
que Gorka Ortiz de Urbina hará el trayecto «acompañado»
por la Policía Municipal. Si no hay voluntarios, él
mismo ordenará que en esta edición también
haya un grupo de agentes que protejan a Celedón.
Y es que lo que antaño era un tranquilo paseo en el
que el público respetaba los jardines de la Virgen
Blanca se ha convertido en un acto multitudinario. Hasta 1987,
los agentes incluso lucían su uniforme de gala, una
tradición que desapareció al extenderse la costumbre
de celebrar las fiestas con el lanzamiento de cava al aire.
En la actualidad, la plaza es una olla a presión y
el itinerario no sólo es más duro, sino que
cada vez castiga más a Celedón y a sus acompañantes.
La situación más extrema se vivió el
año pasado, cuando la comitiva soportó numerosos
golpes y empujones protagonizados por una minoría de
vándalos. El recorrido duró 4 minutos y 44 segundos,
los suficientes como para que cinco de los nueve policías
municipales acabaran en Urgencias.
Agresiones
En el trayecto, varios jóvenes lanzaron gases lacrimógenos
a dos escoltas, y otro recibió el impacto de un palo.
Gorka Ortiz de Urbina llegó a la balconada extenuado
y con el paraguas destrozado. El
alcalde se reunió ayer con él para analizar
la situación. Tras el encuentro, Celedón reconoció
que el itinerario hasta San Miguel «es una paliza»,
pero dijo que no teme por su integridad. Ante todo, pidió
a los vitorianos «que faciliten mi paso y no sean tan
efusivos».
El alcalde fue más contundente y tachó de «via
crucis» el recorrido de Celedón en 2005. Alonso
manifestó que Ortiz de Urbina sufre una presión
«absurda e inaceptable» por parte de algunas de
las personas. Ni el alcalde ni Celedón quisieron vincular
el problema de la falta de escoltas con las medidas de presión
que estudia realizar la Policía Municipal para exigir
mejoras laborales. Fuentes sindicales aseguraron que los agentes
se plantean hacer «una huelga de celo» el 25 -Día
del Blusa- y durante todas las fiestas. La Guardia Urbana
pide mejoras retributivas, así como contar con abogados
penalistas externos y un nuevo vestuario. Fuentes municipales
desvincularon este conflicto de la ausencia de voluntarios
para acompañar a Celedón y anunciaron una próxima
reunión con los agentes.
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