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Aromas y sabores de Oriente
El zoco árabe se estrena con éxito como nuevo espacio festivo multicultural con colas para comer
F. Góngora - Vitoria
La multiculturalidad debe ser esto: blusas y neskas comiéndose una torta de kebab, cus-cus y un pincho moruno junto a una tienda tuareg en la que varios inmigrantes colombianos fuman una cachimba y se beben un té verde con hierbabuena acompañado de pastas argelinas de miel y almendras. Lo mejor de la artesanía, la gastronomía y el folklore árabe está representado estos días junto a la plaza de Abastos de Vitoria. La plazuela de madera inaugurada recientemente ha sido un marco incomparable para traer a las fiestas de Vitoria aromas, texturas y sabores del mundo islámico. Resultado: un exitazo.
Desde su apertura el sábado, el zoco árabe supera las expectativas de visitantes. «En Vitoria traes cosas del Sur y de Oriente con un montaje profesional, cuidando los detalles y la gente responde. Eso sólo ocurre en el Norte», resume Ángel Barrabés, el organizador de mercados medievales que ha introducido en la capital alavesa un nuevo escenario festivo de futuro.
13 jaimas
¿El secreto? Son 13 las jaimas de diferentes formas y colores, cada una con propuestas y productos distintos de diferentes países, que crean una atmósfera real de mercado árabe. Pendones con símbolos del Corán, lanas teñidas como en cualquier ciudad marroquí, música ambiental y un esmerado servicio se suman para que el visitante al zoco se vaya satisfecho.
«Llevo 15 años dentro de un grupo de artesanos andalusíes que tratamos de promover lo mejor de la gastronomía en un ambiente agradable, donde la gente se sienta bien acogida», asegura Kamal, con un turbante en la cabeza, dueño de Mina Taibat -«de lo bueno»- y valenciano de adopción.
La buena conversación, el encuentro con los amigos, es diferente cuando te sientas en el suelo o en un banco alrededor de una pequeña mesa, se fuma la famosa cachimba -con tabaco hecho a base de cáscara de frutas- y se toma té verde con hierbabuena, dentro de una auténtica jaima del Atlas de Marruecos con forma de joroba de camello. «Si hace calor, se levanta parte de la tienda y entra fresco. Si hace frío, la lana de camello es un verdadero climatizador. Aquí se come, se duerme y se hace la vida», explica Mohamed Tamer, presidente de la Asociación Marroquí Albughez, que desde Aragón trata de tender puentes entre culturas.
Tender puentes
«Es importante que la gente venga a conocer el zoco que sólo ha visto en películas. Los europeos tienen muchos prejuicios y miedos infundados sobre el mundo árabe. Estos recintos son una ventana abierta por donde las dos culturas se comunican», agrega Tamer, quien cuenta como anécdota que tres jóvenes que iban a pasar la noche a la intemperie el sábado a la noche fueron invitados a dormir dentro de una de las jaimas. «Durmieron muy calientes», dice Mohamed Tamer .
«Es estupendo. Hay que probarlo porque vale la pena», señala Begoña Arrieta mientras paladea una torta con kebab. «Y los dulces están riquísimos», agrega la mujer. Los nuevos sabores ya se sabe.
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