|
"Gracias por dejarnos pasar"
Gorka Ortíz de Urbina, acompañado por 12 policías municipales, pulveriza su récord y llega hasta la balconada de San Miguel en 3 minutos y 10 segundos
Ángel Benito/Iosu Cueto - Vitoria
Celedón ‘voló' por el cielo y también por la tierra. Gorka Ortiz de Urbina recorrió los 115 metros que separan la calle Postas de la balconada de San Miguel en tan sólo 3 minutos y 10 segundos, un récord absoluto. El fugaz itinerario tuvo dos claves. Primero, que 12 agentes de la Policía Municipal escoltaron al blusa y le llevaron en volandas, abriéndole paso entre la multitud. Y segundo, que los ciudadanos ejercieron menos presión sobre el símbolo de las fiestas de La Blanca. De hecho, el paraguas de Gorka llegó intacto a su destino. Su portador resumió en una frase su sensación mirando a la plaza: «Gracias por dejarnos pasar».
EL CORREO acompañó a la comitiva en un recorrido que este año estaba cargado de expectación. Celedón no ha encontrado escolta hasta el último día, tras la negativa inicial de la Policía Municipal a realizar un trayecto cada vez más accidentado. El año pasado se saldó con cinco agentes heridos y todos los ojos miraban con atención el polémico itinerario. Gorka Ortiz de Urbina no escondía su nerviosismo por este hecho. Pasadas las cinco, llegaba al piso de la calle Postas. Nadie esperaba debajo. Con las manos en los bolsillos, paseaba de un lado a otro hasta que un agente entró en la habitación y le adelantó la estrategia a seguir: «Iremos muy rápido». Pañuelos fuera A las seis estalló el júbilo. Doce policías, algunos de ellos escoltas del Ayuntamiento, se abrazaron y se desearon «suerte», mientras calentaban sus extremidades con ejercicios. La tensión se mascaba. Llevaban coderas y rodilleras debajo de la ropa. Sus manos estaban protegidas con guantes. Se retiraron los pañuelos del cuello «para que nadie nos agarre», advirtió uno. A las seis y cinco, Celedón bajó la escalera entre una nube de corchos de botella y empezó el recorrido. Los agentes le rodearon y le abrieron paso, abrazándole por la espalda y llevándole literalmente en volandas. El grupo se sumergió en el mar de ciudadanos, que tocaban la cabeza de un Gorka sin txapela para que no se la quitaran.
El principio del recorrido «es un infierno», relataba un policía. La gente se agolpaba y empujaba al grupo, que llegó a pararse unos segundos a la altura del monumento a la Batalla de Vitoria. La comitiva era zarandeada, perdió su estela inicial y además debía saltar sobre una montaña de botellas que no podía sortear. «¡No paréis!», gritaba un escolta.
Celedón llegó a trompicones al tramo final, el más suave. Sudoroso y bañado en champán «para tirar», alcanzó la balconada y saludó a Vitoria. Los municipales se abrazaron tras pasar el mal trago. No lo sabían, pero habían batido el récord. El alcalde Alonso aseguró que «el símbolo de la ciudad no debe ir solo. Mi escolta le ha acompañado y estoy orgulloso de la gente, que les ha hecho pasillo».
|