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Historias grabadas
en la memoria de la gente
< Veinte
años desde las inundaciones
Iratxe Jiménez
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| Carnés de un voluntario en
los trabajos de reparto de alimentos. |
El Casco Viejo fue una de las zonas más dañadas por
las inundaciones y el recuerdo de aquellos días sigue vivo
en la memoria de los vecinos de la zona. Una palabra: "inundaciones",
basta para que todos aquellos que vivieron las riadas del 83 den
20 años marcha atrás en su memoria y vuelvan a ver
aquel día de verano. "Era un día de fiesta y
no tenía que trabajar, al día siguiente era el cumpleaños
de mi hijo, iba a cumplir tres años. Yo estaba en mi casa,
en medio del Casco Viejo. Desde el balcón veía cómo
subía el agua. Daba mucho miedo. Mi marido, antes de que
el nivel del agua alcanzase un metro bajó a la calle, como
muchos otros vecinos, para mover el coche de sitio. Qué ilusos
¿verdad?. Al final, a nuestro coche se lo llevó la
ría. Por esa época
trabajaba justo debajo de casa, en una tienda de ropa. La verdad
es que el negocio no me preocupaba mucho. Lo que más pena
me daba es que el día anterior había bajado el álbum
de fotos de boda para enseñárselo a mis compañeras
de trabajo y aún no lo había subido. Puri Carcedo,
lo recuerda ahora con una sonrisa, "a los dos días apareció
el álbum entre el barro, afortunadamente como estaba plastificado
casi todas las fotos se salvaron".

Mi marido bajó a mover el coche de sitio cuando el
nivel del agua alcanzó un metro. Qué iluso
¿verdad?. Al final, a nuestro coche también
se lo llevó la ría

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Tras las inundaciones, las autoridades declararon numerosos edificios
inhabitables y hubo de pasar mucho tiempo hasta que la gente pudo
regresar a sus casas o a los negocios que estaban situados en los
bajos de los inmuebles. Además de viviendas, otras edificaciones
emblemáticas de Bilbao apenas pudieron aguantar la fuerza
con la que bajaba el agua. Así el Teatro Arriaga, el Ayuntamiento,
el mercado de la Ribera o algunos puentes históricos como
el de San Antón resistieron como pudieron hasta el final
la potencia con la que llegaba el agua de la ría.
Sin embargo, no todo pudo salvarse y aún son muchos los
que por ejemplo recuerdan con nostalgia el 'Consulado de Bilbao',
un gran barco situado frente al Ayuntamiento que además de
atractivo turístico cumplía la función de sede
de la Asociación Vizcaína de Capitanes de Marina Mercante.
Un vecino de Otxarkoaga se acuerda de aquel barco, "Era precioso.
En esos días de finales de fiestas de Bilbao, en el barco
asaban sardinas, todo el mundo iba allí a comerlas. Pero
el día de las inundaciones no logró aguantar. Se rompieron
las amarras y el barco fue dando golpes de un lado a otro de la
ría hasta que al final se hundió y nunca más
lo han remplazado". El Consulado desapareció de la vida
de los bilbaínos y como muchas otras cosas, vehículos
y otro tipo de enseres, apareció unos cuantos días,
meses o incluso años después en el curso de la ría,
kilómetros más abajo
Con las inundaciones llegó a su fin también la Aste
Nagusia bilbaína. Todas las casetas del Arenal desaparecieron
bajo el agua. La figura de Groucho Marx, símbolo de la txozna
de Txomin Barullo, fue lo único que logró aguantar
el empuje de la ría.

El Consulado no logró aguantar. Se rompieron las
amarras y fue dando golpes de un lado a otro de la ría
hasta que al final se hundió y nunca más lo
han remplazado

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Vivencias tras las riadas
Las muestras de ayuda a los afectados por la catástrofe de
las riadas fueron constantes. Además de las ayudas de personajes
públicos, otros gestos impresionaban aún más
a los vecinos de Bilbao y alrededores, como que los trabajadores
de Altos Hornos de Vizcaya de Sestao, Barakaldo y destinaran un
día de trabajo para los damnificados; acto que no sólo
quedaba en un bonito gesto por parte de los trabajadores, sino que
realmente representaba una importante ayuda puesto que la donación
llegó hasta los veinte millones de pesetas. Otros lugares
de España también se solidarizaron con el pueblo vasco;
La Rioja, por ejemplo, consiguió enviar el segundo día
después de la catástrofe, unos 56.000 litros de agua
y 50.000 litros más de leche, unos productos que eran muy
necesarios en esos momentos.
En medio de la desolación, el barro y las ruinas, una joven
pareja celebró su boda el mismo fin de semana de las inundaciones.
Al parecer tenía ya todos los preparativos dispuestos y los
invitados estaban todos ya en Bilbao, por eso decidieron seguir
adelante con la boda; lo que sí que no pudieron celebrar
fue el banquete nupcial; y es que tras las riadas no había
ni víveres ni medios para prepararlo.
Pero no todas las tuvieron un final feliz. Una señora de
Etxebarri junto con sus seis hijos fue arrastrada por las aguas
al derrumbarse la casa donde vivían. La mujer y la mayor
de las hijas de 18 años fueron rescatadas por los vecinos
que las encontraron cerca de la casa derrumbada asidas a un árbol.
Otros dos niños fueron encontrados poco después también
agarrados a un árbol. Pero otro de los hijos apareció
muerto entre el lodo y cuando la madre se enteró, presa de
un ataque de nervios, se cortó las venas y tuvo que ser trasladada
rápidamente al hospital.
Momentos trágicos se vivieron también en Galdakao,
donde un matrimonio de origen marroquí y su hijo de doce
años murieron al ser arrastrados por las aguas del Ibaizabal.
Al parecer, la familia iba en coche en dirección a la autopista
Bilbao-Behobia cuando la crecida del río les sorprendió;
entonces se subieron a un camión que estaba abandonado para
salvarse de la fuerza del agua. Varios vecinos de la localidad intentaron
rescatarles pero finalmente el camión no aguantó la
corriente y fue también arrastrado por el Ibaizabal, con
la familia dentro, hasta que a los veinte metros un golpe le hizo
volcar y se hundió con el matrimonio y el niño en
el interior.
En Bilbao, los habitantes del Casco Viejo también tuvieron
que llorar la muerte de muchos vecinos. En aquellos días,
salió la noticia de la muerte de un vagabundo en las Siete
Calles. Una muerte que podía haber pasado desapercibida de
no ser porque el vagabundo que murió la noche del viernes
por la crecida de la ría era "Madriles", un "sintecho",
pero también un personaje muy querido por los vecinos del
Casco Viejo. Cuando en esos días lo mencionaron en los periódicos
una de las historias que contaban con cariño era la de aquella
vez que alguien le robó su carro y entre los habitantes de
la calle le compraron uno nuevo.
La tragedia en Llodio
Fuera de Vizcaya, el municipio de Llodio en Álava, por aquel
entonces bajo la alcaldía del actual lehendakari del Gobierno
vasco, Juan José Ibarretxe, fue uno de los más afectados
por las inundaciones del 83. Una de las historia que más
conmocionó a la población, fue la vivida en esta localidad
la noche fatídica del viernes 26 de agosto, cuando un Land
Rover con cuatro guardias civiles en el interior y una muchacha
que acababan de rescatar fue arrastrado por el Nervión. Tanto
los cuatro miembros de la Guardia Civil, como la muchacha, una joven
de 21, aparecieron muertos en los días posteriores a la tragedia.
La noticia caló hondo en los sentimientos de toda España,
y, especialmente, en los vecinos de Llodio, donde las consecuencias
de las inundaciones también fueron especialmente duras.
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