25 aniversario Inundaciones 1983-2008

Historias grabadas
en la memoria de la gente

< Veinte años desde las inundaciones

Iratxe Jiménez

Carnés de un voluntario en los trabajos de reparto de alimentos.

El Casco Viejo fue una de las zonas más dañadas por las inundaciones y el recuerdo de aquellos días sigue vivo en la memoria de los vecinos de la zona. Una palabra: "inundaciones", basta para que todos aquellos que vivieron las riadas del 83 den 20 años marcha atrás en su memoria y vuelvan a ver aquel día de verano. "Era un día de fiesta y no tenía que trabajar, al día siguiente era el cumpleaños de mi hijo, iba a cumplir tres años. Yo estaba en mi casa, en medio del Casco Viejo. Desde el balcón veía cómo subía el agua. Daba mucho miedo. Mi marido, antes de que el nivel del agua alcanzase un metro bajó a la calle, como muchos otros vecinos, para mover el coche de sitio. Qué ilusos ¿verdad?. Al final, a nuestro coche se lo llevó la ría. Por esa época

trabajaba justo debajo de casa, en una tienda de ropa. La verdad es que el negocio no me preocupaba mucho. Lo que más pena me daba es que el día anterior había bajado el álbum de fotos de boda para enseñárselo a mis compañeras de trabajo y aún no lo había subido. Puri Carcedo, lo recuerda ahora con una sonrisa, "a los dos días apareció el álbum entre el barro, afortunadamente como estaba plastificado casi todas las fotos se salvaron".


Mi marido bajó a mover el coche de sitio cuando el nivel del agua alcanzó un metro. Qué iluso ¿verdad?. Al final, a nuestro coche también se lo llevó la ría

Tras las inundaciones, las autoridades declararon numerosos edificios inhabitables y hubo de pasar mucho tiempo hasta que la gente pudo regresar a sus casas o a los negocios que estaban situados en los bajos de los inmuebles. Además de viviendas, otras edificaciones emblemáticas de Bilbao apenas pudieron aguantar la fuerza con la que bajaba el agua. Así el Teatro Arriaga, el Ayuntamiento, el mercado de la Ribera o algunos puentes históricos como el de San Antón resistieron como pudieron hasta el final la potencia con la que llegaba el agua de la ría.

Sin embargo, no todo pudo salvarse y aún son muchos los que por ejemplo recuerdan con nostalgia el 'Consulado de Bilbao', un gran barco situado frente al Ayuntamiento que además de atractivo turístico cumplía la función de sede de la Asociación Vizcaína de Capitanes de Marina Mercante. Un vecino de Otxarkoaga se acuerda de aquel barco, "Era precioso. En esos días de finales de fiestas de Bilbao, en el barco asaban sardinas, todo el mundo iba allí a comerlas. Pero el día de las inundaciones no logró aguantar. Se rompieron las amarras y el barco fue dando golpes de un lado a otro de la ría hasta que al final se hundió y nunca más lo han remplazado". El Consulado desapareció de la vida de los bilbaínos y como muchas otras cosas, vehículos y otro tipo de enseres, apareció unos cuantos días, meses o incluso años después en el curso de la ría, kilómetros más abajo

Con las inundaciones llegó a su fin también la Aste Nagusia bilbaína. Todas las casetas del Arenal desaparecieron bajo el agua. La figura de Groucho Marx, símbolo de la txozna de Txomin Barullo, fue lo único que logró aguantar el empuje de la ría.


El Consulado no logró aguantar. Se rompieron las amarras y fue dando golpes de un lado a otro de la ría hasta que al final se hundió y nunca más lo han remplazado

Vivencias tras las riadas
Las muestras de ayuda a los afectados por la catástrofe de las riadas fueron constantes. Además de las ayudas de personajes públicos, otros gestos impresionaban aún más a los vecinos de Bilbao y alrededores, como que los trabajadores de Altos Hornos de Vizcaya de Sestao, Barakaldo y destinaran un día de trabajo para los damnificados; acto que no sólo quedaba en un bonito gesto por parte de los trabajadores, sino que realmente representaba una importante ayuda puesto que la donación llegó hasta los veinte millones de pesetas. Otros lugares de España también se solidarizaron con el pueblo vasco; La Rioja, por ejemplo, consiguió enviar el segundo día después de la catástrofe, unos 56.000 litros de agua y 50.000 litros más de leche, unos productos que eran muy necesarios en esos momentos.

En medio de la desolación, el barro y las ruinas, una joven pareja celebró su boda el mismo fin de semana de las inundaciones. Al parecer tenía ya todos los preparativos dispuestos y los invitados estaban todos ya en Bilbao, por eso decidieron seguir adelante con la boda; lo que sí que no pudieron celebrar fue el banquete nupcial; y es que tras las riadas no había ni víveres ni medios para prepararlo.

Pero no todas las tuvieron un final feliz. Una señora de Etxebarri junto con sus seis hijos fue arrastrada por las aguas al derrumbarse la casa donde vivían. La mujer y la mayor de las hijas de 18 años fueron rescatadas por los vecinos que las encontraron cerca de la casa derrumbada asidas a un árbol. Otros dos niños fueron encontrados poco después también agarrados a un árbol. Pero otro de los hijos apareció muerto entre el lodo y cuando la madre se enteró, presa de un ataque de nervios, se cortó las venas y tuvo que ser trasladada rápidamente al hospital.

Momentos trágicos se vivieron también en Galdakao, donde un matrimonio de origen marroquí y su hijo de doce años murieron al ser arrastrados por las aguas del Ibaizabal. Al parecer, la familia iba en coche en dirección a la autopista Bilbao-Behobia cuando la crecida del río les sorprendió; entonces se subieron a un camión que estaba abandonado para salvarse de la fuerza del agua. Varios vecinos de la localidad intentaron rescatarles pero finalmente el camión no aguantó la corriente y fue también arrastrado por el Ibaizabal, con la familia dentro, hasta que a los veinte metros un golpe le hizo volcar y se hundió con el matrimonio y el niño en el interior.

En Bilbao, los habitantes del Casco Viejo también tuvieron que llorar la muerte de muchos vecinos. En aquellos días, salió la noticia de la muerte de un vagabundo en las Siete Calles. Una muerte que podía haber pasado desapercibida de no ser porque el vagabundo que murió la noche del viernes por la crecida de la ría era "Madriles", un "sintecho", pero también un personaje muy querido por los vecinos del Casco Viejo. Cuando en esos días lo mencionaron en los periódicos una de las historias que contaban con cariño era la de aquella vez que alguien le robó su carro y entre los habitantes de la calle le compraron uno nuevo.

La tragedia en Llodio
Fuera de Vizcaya, el municipio de Llodio en Álava, por aquel entonces bajo la alcaldía del actual lehendakari del Gobierno vasco, Juan José Ibarretxe, fue uno de los más afectados por las inundaciones del 83. Una de las historia que más conmocionó a la población, fue la vivida en esta localidad la noche fatídica del viernes 26 de agosto, cuando un Land Rover con cuatro guardias civiles en el interior y una muchacha que acababan de rescatar fue arrastrado por el Nervión. Tanto los cuatro miembros de la Guardia Civil, como la muchacha, una joven de 21, aparecieron muertos en los días posteriores a la tragedia. La noticia caló hondo en los sentimientos de toda España, y, especialmente, en los vecinos de Llodio, donde las consecuencias de las inundaciones también fueron especialmente duras.

 
 
 
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