En la pantalla todo queda más bonito, hasta lo que no lo es en absoluto. En especial, las guerras, será que a la butaca no llega el hedor de la muerte. Y como el tiempo todo lo cura, el público tampoco sufre por la demagógica épica y los ideologizados mensajes que se esconden en las películas bélicas. A fin de cuentas, la guerra es un negocio al que el cine y la televisión también han sabido sacarle tajada.
Antes de final de mes algunas televisiones autonómicas estrenarán la serie ‘2 de mayo. La libertad de una nación’, de la productora BocaBoca. La trama –para los despistados– se centra en el levantamiento del pueblo madrileño contra las tropas napoleónicas en 1808 y contará con Cesáreo Estébanez, William Miller y María Garralón entre los protagonistas. Más tarde llegará el esperado encargo de Telemadrid al oscarizado José Luis Garci, que rueda en estos momentos ‘El 2 de mayo’, con motivo –para los distraídos– del bicentenario de la Guerra de la Independencia.
Modas aparte, la historia cinematográfica del levantamiento popular contra los franceses viene de largo. En total, existen 56 producciones sobre el tema, de ellas ocho para la televisión, y tan sólo 23 son españolas. En su libro ‘Guerra de la Independencia. Imágenes en cine y televisión’, Jesús Maroto de la Heras, presidente del Foro para el Estudio de la Historia Militar de España, realiza una interesante clasificación por géneros, en la que se observa cómo los intereses de la dictadura influían en las películas de producción nacional. En los 40, dominó el film de época, había que resaltar la épica de lo que se conocía como el ‘alzamiento nacional contra Napoleón’, para olvidar el hambre y el aislamiento internacional; en los 50 llegó el musical –y el pan–; la comedia para el despegue económico de la España de los 60; las aventuras en los 70 y después las series de televisión. ¿Recuerdan a Curro Jiménez?
Y como la derrota de Bonaporte, además de ser uno de los episodios que más han contribuido a la formación de la nación española, fue un acontecimiento mundial, de Polonia a Estados Unidos pasando por Gran Bretaña cada industria del celuloide ha aportado su visión de la contienda. Quizá las más recordadas sean las de Hollywood, en especial la cinta de 1957 de Stanley Kramer en la que se plasmó la visión yanqui de un conflicto que a su población le resulta ajeno. En ella, un guerrillero castellano se vale de los conocimientos armamentísticos de un militar inglés, venido a recuperar un cañon perdido por los franceses, para utilizar el arma contra las murallas de Ávila y demostrar al invasor que por más que el ejército español esté en retirada, su dominación duraría poco.
La mayoría guardará en la retina la imagen de Miguel (Frank Sinatra) junto a Juana (Sofía Loren) y el capitan Trumball (Gary Grant) subido en un burro. Entre lo épico y lo ridículo la cinta de la United Artist fue un fracaso en la taquilla. Algunos negocios no resultan tan redondos, por más que una cámara convierta la destruccción, el saqueo y el asesinato que acompañan a cualquier contienda en espectáculo.
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