Una obra menor de Beethoven y una inmensa cantidad de canciones populares. Esa es la producción musical relacionada con la Guerra de la Independencia. Fuera de las fronteras españolas, sin duda la pieza más célebre es ‘La victoria de Wellington en la batalla de Vitoria’, de Beethoven, estrenada en diciembre de 1813, apenas medio año después del hecho bélico que conmemora. El de Bonn, que sólo una década antes había escrito una sinfonía dedicada a Napoleón (aunque luego, al conocer que se había autoproclamado emperador, cambió la dedicatoria y escribió la enigmática frase ‘a la memoria de un gran hombre’), pone música a su derrota.
Beethoven no escatimó medios para su partitura: gran orquesta, cañonazos y sonidos bélicos diversos, realizados por una máquina de invención reciente. De fondo suenan el ‘Rule Britannia’, ‘Mambrú se fue a la guerra’ y el himno británico. Una partitura ligera, que desde luego no está entre sus mejores obras, pero que tuvo un inmenso éxito. Es como si los cañones lo aseguraran, porque 70 años más tarde Chaikovski escribió otra pieza similar: la ‘Obertura 1812’ –de nuevo para conmemorar otra victoria sobre el general que había querido conquistar Europa– donde también se usan cañones y campanas, y en la que ‘La Marsellesa’ y el himno del Zar se hacen presentes en un segundo plano.
La mayor parte de la producción musical, sin embargo, tuvo autores menos ilustres. Con frecuencia, han quedado en el anonimato los creadores de las letrillas que se adaptaban a la música de piezas muy comunes en el folclore local: jotas, fandangos, sevillanas, seguidillas, sardanas... Algunas de estas piezas eran de compositores conocidos, como Sor; otras formaban parte del cancionero popular. Hasta se llegó a usar ‘La Marsellesa’, a la que se adaptaron varias letras.
Las había dedicadas a la patria, como ésta con letra de Arriaza, un poeta célebre en aquella época: «La Patria oprimida /con ayes sin fin/ convoca a sus hijos,/ sus ecos oíd». O esta otra: «Viva nuestra España/ perezca el francés,/ mueran Bonaparte/ y el duque de Berg». Algunas de las canciones ensalzaban la figura del rey ‘Deseado’ con letras que hoy serían calificadas de naifs: «¡Alolito, alolito, alolito!/ En el patio de mi casa/ he plantado un arbolito,/ con naranjas y limones/ para el rey don Fernandito».
En algunas ciudades donde se vivieron episodios bélicos de relieve se pusieron en circulación numerosas canciones. Es el caso de Zaragoza. Una de las jotas más célebres de aquellos días era la que comienza «La Virgen del Pilar dice/ que no quiere ser francesa,/ que quiere ser capitana/ de la tropa aragonesa». Y otros cantaban, con distinto ritmo: «No paseará en carroza/ el emperador francés/ mientras haya en Zaragoza/ con sangre un aragonés».
En Cádiz parecían vivir la guerra con menos dramatismo: «Con las bombas que tiran/ los fanfarrones/ se hacen las gaditanas/ tirabuzones». Una copla bien distinta a la que se hizo famosa en tierras castellanas, tras la victoria de Los Arapiles, que muestra piedad con los derrotados: «A la izquierda del Tormes/ yacen llorando/ vencidos escuadrones/ que iban marchando./ ¡Terrible embrollo!/ Cada cual en su fuga/ ve mil escollos». Es de las pocas en las que el enemigo parece un ser humano respetable. Ni siquiera la música se salva de la contaminación de las guerras.
![]() |
![]() Ver todos los vídeos |
![]() Batalla de Tudela |
![]() Batalla de La Albuera |
![]() Cine. Fusilamientos |
![]() Videojuego. Somosierra |