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Fernando J.Pérez
Enviado especial |
Iñurrategi,
camino del campo base
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| Dos de los expedicionarios junto
a portadores. |
La expedición Oinak Izarretan de Alberto Iñurrategi
al Annapurna ya está camino del campo base. El grupo cerró
el viernes los últimos trámites burocráticos
y realizó las últimas compras en Katmandú
y ayer a las seis de la mañana partió hacia su último
'ochomil'. La logística requerida da una idea de la complejidad
que una expedición de estas características. Buena
parte de esta primera jornada la realizaron por carretera en dos
minibuses. En el primero viajaba la expedición y en el
segundo, las casi dos toneladas de material que requiere una empresa
de este tipo.
Los dos autobuses emplearon cerca de nueve horas en recorrer los
poco más de 200 kilómetros que separan Katmandú
de Pokhara, el último pueblo antes de adentrarse en el
valle del río Modi Kola. Por él remontarán
hasta el territorio conocido como el Santuario de los Annapurnas
por sus soberbias vistas de este colosal submacizo himaláyico,
antes de adentrarse en el gran circo que conforma toda la vertiente
sur de la montaña y en el que se asienta el campo base.
Pero para eso aún faltan cinco o seis días. Ayer,
las últimas mejoras de la precaria por casi nula
red de carreteras nepalí permitió al grupo acercarse
a apenas una hora del primer lodge de la aproximación.
Los lodges son una especie de refugios que han proliferado
en todas las rutas de 'ochomiles' y 'treekings' más populares
del Nepal y que ofrecen a los viajeros al final de cada jornada
o durante las marchas unas mínimas comodidades comida
caliente, bebida fría, un techo bajo el que cobijarse o
dormir..., escasas a los ojos de la civilización,
pero muy apreciadas a estas altitudes.
Después de una semana no exenta de vicisitudes y problemas
burocráticos en la capital fruto de la convulsionada situación
política interna, el grupo tuvo al menos la alegría
de realizar el viaje sin ningún contratiempo. Los expedicionarios
habían recibido algunas informaciones sobre posibles cortes
de carreteras por la huelga general convocada para esta semana
en todo el país por los maoístas, rumores que finalmente
no se confirmaron. Al parecer, la fuerte presencia militar en
Katmandú impidió que la convocatoria tuviese apenas
incidencia en la capital, pero el resto del país ha quedado
prácticamente paralizado. Uno de los alpinistas que acompañarán
a Alberto Iñurrategi, Jon Lazkano y Jon Beloki, el norteamericano
Ed Viesturs, ha aplazado hasta hoy su partida de Katmandú,
una vez concluida la huelga.
Visita de Miss Hawley
Entre las innumerables e interminables gestiones que tuvieron
que realizar durante la semana Alberto y sus compañeros
no faltó la de la visita a la anciana británica
Elizabeth Hawley, la notaria del Himalaya. La eficacia
y tesón de esta mujer de 79 años que lleva 40 escribiendo
sobre el Himalaya y contabilizando todas las ascensiones que se
realizan a sus montañas volvieron a quedar demostradas.
Apenas un cuarto de hora después de entrar por la puerta
de la habitación del hotel, tras un viaje desde Bilbao
de casi 24 horas, una llamada telefónica requería
la presencia de Alberto en recepción. Miss
Hawley le esperaba. Tan inquisidora y educada como siempre, y
con su habitual sombrero inglés, la británica le
interrogó al detalle sobre la ruta a seguir y las personas
que la van a contabilizar y se citaron para la vuelta.
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| Una ciudad bajo el
toque de queda |
Katmandú (1,5 millones de habitantes, 1.600 metros de altitud),
ya no es lo que era. Nepal vive convulsionado por las salvajes acciones
de la guerrilla maoísta, que ha intensificado su ofensiva tras
el asesinato de la familia real hace ahora un año, y el Gobierno
ha militarizado el país y muy especialmente la capital. Las
barricadas de sacos de arena o las alambradas levantadas por los militares
se ha incorporado al paisaje urbano.
Una ciudad mundialmente conocida por su bullicio durante prácticamente
las 24 horas es ahora una urbe fantasma a partir de las 10 de la noche,
cuando entra en vigor el toque de queda. Sólo algunos taxis
con turistas retrasados se aventuran a cruzar la noche a toda velocidad
en busca de la seguridad del hotel en unos trayectos en los que en
la penumbra se adivinan decenas de militares con traje de campaña
o camuflaje custodiando edificios oficiales o emblemáticos
de la ciudad.
Ni siquiera durante el día la capital recupera su pulso normal
y las calles del centro, antes un hervidero de gente, sobre todo extranjeros,
apenas cuenta ahora con la visita de un puñado de personas
de tez pálida.Recomendaciones como las del Gobierno de EE UU
o la Federación Británica de Montaña de no viajar
a Nepal han acabado con las perspectivas de un país que vive
de la montaña y el turismo. |
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