
Fernando J.Pérez
Enviado especial |
Iñurrategi
y Beloki vivaquean a 7.000 metros
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| La arista este del
Annapurna . / F. J. PÉREZ |
La expedición Oinak Izarretan continúa su progresión
para equipar hasta la arista del Annapurna la ruta por la pared
sureste. Pero el trabajo está siendo más complicado
de lo previsto por la nieve. Las precipitaciones de la semana
pasada han dejado un grueso manto nivoso que dificultan enormemente
la labor de los alpinistas.
Ayer, los contratiempos se dividieron en dos. Por un lado, la
agotadora labor de abrir huella les impidió alcanzar los
7.200 metros del lugar previsto para instalar el campo III, por
lo que se vieron obligados a montar la tienda y vivaquear a 7.000
metros, todavía a unas cuantas horas de su destino final
en esta última fase de la aclimatación y de equipamiento
de la montaña.
Más grave es la segunda incidencia provocada por el exceso
de nieve. La combinación de la nieve caída y del
fuerte viento, que se llevó los banderines que se suelen
utilizar para señalizar el lugar, hizo ilocalizable un
depósito de material que habían dejado a medio camino
entre los campos II y III. Hasta allí habían subido
en su anterior ascensión trescientos metros de cuerda para
equipar la parte superior de la vía, estacas para fijarla
a la nieve y un piolet de Alberto Iñurrategi.
El propio alpinista comentaba por radio el contratiempo que supone
esta pérdida. «La cuerda la habíamos subido
para instalarla en un tramo delicado con mucho hielo. Es un problema
no haberla encontrado. No quedaba ni rastro de la huella que abrimos
la vez anterior que llegamos hasta aquí. Hablaremos con
Lafaille, Viesturs y Veikka para ver si volvemos a subir más
cuerda», explicaba por el walkie .
Con las mochilas cargadas de material, los alpinistas salieron
al amanecer del campo II (6.440 metros) con el objetivo de llegar
hasta el punto elegido debajo del Roc Noir para instalar el C-III,
a 7.200 metros, en el inicio de la arista este del Annapurna.
Pero después de siete horas abriendo huella con nieve por
encima de la rodilla y a la vista de lo que les aún les
quedaba, decidieron plantar la tienda allí donde habían
llegado (en vez de volver al C-II) pasar la noche y hoy continuar.
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