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Fernando J.Pérez
Enviado especial |
Iñurrategi
regresa al campo base tras equipar la ruta hasta los 6.100 metros
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| Juanjo San Sebastián
prepara una cazuela de bacalao al pil-pil. |
La expedición Oinak Izarretan al Annapurna continúa
a paso firme su marcha camino del decimocuarto ochomil de Alberto
Iñurrategi. Después de tres días de intenso
trabajo en la montaña, ayer volvieron al campo base con
excelentes noticias. Alberto y Jon Beloki han equipado la ruta
hasta los 6.100 metros, siempre en coordinación con Jean-Christophe
Lafaille, Ed Viesturs y Veikka Gustafsson.
El miércoles empezaron ya a equipar el tramo de la ruta
entre los campos I y II y ayer continuaron trabajando hasta colocar
prácticamente 1.000 metros de cuerda fija. El grupo ha
aprovechado que finalmente el mal tiempo anunciado se quedó
en una suave nevada a última hora de ayer para llegar todo
lo arriba posible, que ha sido la cota de los 6.100 metros.
Con este tramo de cuerdas fijas instalado, los alpinistas dan
por equipada la parte más técnica de la ruta. El
campo I está instalado en la cabecera del glaciar y tras
atravesar un pilar es donde comenzaron a instalar las cuerdas
camino del C-II. Se trata de una arista de terreno mixto muy descompuesto
(roca y nieve), calificado de forma muy expresiva por Alberto
como «un terreno muy jodido». Los últimos 150
metros de arista, por el contrario, son un tramo de hielo «muy
bonito» que les situó bajo una gran serac a prácticamente
6.000 metros de altitud, la última dificultad técnica
del recorrido.
Aunque el gran bloque de hielo, de unos 70 metros de alto (la
sede del BBVA en Bilbao mide 60 metros), presentaba una viejas
cuerdas de alguna expedición anterior, probablemente la
de Loretan de 1984, Iñurrategi y Lafaille optaron por bordear
el serac.
Realizaron una travesía de unos 70 metros por debajo de
él para ascender luego a su parte superior por la derecha.
Desde este punto, al grupo le quedan unos trescientos metros de
desnivel para alcanzar el punto donde instalarán el campo
II, a 6.400 metros. El recorrido discurre por una zona mucho menos
técnica, un gran plató y una pala de nieve hasta
la arista entre el Singu Chuli y el Glaciar Dome.
«Se está portando»
Los rostros de Alberto Iñurrategi y Jon Beloki eran una
mezcla de cansancio y satisfacción a su llegada al campo
base, aunque la segunda se imponía al primero. «No
pensábamos que íbamos a poder currar tanto, porque
las previsiones del tiempo anunciaban un cambio a peor, pero no
ha sido así y hemos aprovechado el día. Ha estado
muy bien. El tiempo se está portando», explicó
Alberto. «Ahora nos tomaremos un par de días de descanso
y la próxima vez que subamos instalaremos el campo II»,
añadió el de Aretxabaleta con la satisfacción
en su rostro.
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| Recibimiento gastronómico
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Después de la intranquilidad que llevó al campo base
los dos días de silencio de los expedicionarios metidos en
la montaña -mezcla de los imponderables de la montaña
y de algún despiste con la frecuencia de los talkie - Alberto
y Jon tuvieron una recibimiento gastronómico triunfal. Juanjo
San Sebastián cumplió su palabra y preparó
una cazuela de bacalao al pil-pil, con un toque experimental de
salsa vizcaína por encima, digna de un maestro culinario
si se tiene en cuenta las condiciones de preparación.
Por si no fuera suficiente, el montañero bilbaíno,
afamado aficionado a la cocina, tenía preparada una sorpresa
a los dos alpinistas guipuzcoanos para cuando llegasen al campo
base: una tortilla de bacalao, toque de perejil incluido, de la
que dieron buena cuenta, apenas quitadas las mochilas, y acompañada
de chapati , una tradicional torta de harina que hace las veces
del pan en Nepal.
Un auténtico manjar de dioses después de tres días
en el campo I a base de arroz deshidratado, comida liofilizada,
papillas y sopas de sobre.
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