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DÍA 44

Fernando J.Pérez
Enviado especial

Beloki abandona e Iñurrategi y Lafaille avanzan con dificultades

· «Tenía miedo a convertirme en un lastre para los demás»

Los alpinistas, ayer junto a sus tiendas. / F. J. PÉREZ

Todo esto es muy peligroso. Es un terreno impresionante. En algunos tramos la arista tiene pendientes de 70 grados y hemos tenido que hacer travesías de piolet-tracción por ellos. En otros sitios hemos tenido que abrir el camino sin las mochilas y luego volver a por ellas.Y todo ello sobre un patio de dos mil metros. Hace bastante viento, pero ya hemos montado la tienda y estamos bien dentro de ella. Creo que lo peor ya lo hemos pasado». Alberto Iñurrategi resumía así a las dos de la tarde (hora local) la dantesca primera jornada de los alpinistas en la arista este del Annapurna, donde han encontrado muchas más dificultades de las previstas.

Con Alberto se encuentra el francés Jean Christophe Lafaille, con el que ha formado la cordada de cabeza camino de la Diosa Madre de la Abundancia . Jon Beloki decidió darse la vuelta justo debajo del Roc Noir, al comprobar las dificultades técnicas de la ruta y sobre todo para no convertirse en un lastre para sus compañeros. A las ocho de la mañana, tras casi tres horas de ascensión, el zarautztarra tomaba la decisión y a las dos de la tarde llegaba al campo base. Inmediatamente comunicaba con Alberto, quien había preguntado insistentemente por él, para comunicarle que estaba sano y salvo en el CB.

Ed Viesturs y Veikka Gustaffson, mientras tanto, ascendían a su ritmo, mucho más lento que la cordada de cabeza y ayer ni tan siquiera lograron superar el Roc Noir. Tras hablar con Lafaille quien les relató sus dificultades, decidieron vivaquear a sus pies con la idea de seguir hoy por la arista. Pero Iñurrategi no estaba nada convencido sobre sus posibilidades. «En cuanto pasen el Roc Noir y vean lo que les espera se les van a caer lo huevos», explicaba con su habitual sinceridad el atxabaltarra.

Una pesadilla

Ni en la peor de sus pesadillas. Llegó la arista este del Annapurna y con ella las dificultades. Pero lo que están encontrando los alpinistas esta superando todo lo previsto. Los problemas comenzaron antes incluso de adentrarse en ella. En la ascensión al Roc Noir (7.490 m.) tuvieron que afrontar «tramos muy verticales y helados», relataba Alberto. «Superar el Roc Noir nos ha llevado mucho tiempo y mucha tensión», añadía.

Ya en la cresta, las cosas no iban a mejorar mucho al encontrarse una arista inesperadamente afilada con grandes cornisas que les obligaban a desplazarse por la vertiente norte, en tramos con un desnivel de hasta 70 grados (prácticamente verticales). A pesar de ello, Alberto y Jean Christophe lograron avanzar lentamente y ganarle metros al Annapurna hasta poco después de la una de la tarde, cuando alcanzaron un pequeño collado en medio de la arista, a 7.500 metros y bajo la cumbre Este (8.026 m.).

Para cuando montaron la tienda y se metieron en ella al refugio del viento habían transcurrido casi nueve horas desde su salida del campo III y cerca de cuatro desde la entrada en la arista. Cansados pero satisfechos por la progresión, volvían a contactar con el CB para explicar los planes de mañana y, sobre todo, conocer la previsión meteorológica. «Estamos cansados pero muy bien de ánimo. Esto es espectacular. Mañana intentaremos montar el segundo vivac entre la cima Este y la Central, e iremos algo más descargados de peso en las mochilas porque eso nos ha dado hoy muchos problemas», explicaba Alberto Iñurrategi.

La previsión es excelente para los próximos tres días -cielos despejados y apenas viento en la cumbre-, pero no se pueden demorar en su objetivo. Para el sábado y el domingo vuelven a anunciar vientos de casi cien kilómetros por hora a ocho mil metros.

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«Tenía miedo a convertirme en un lastre para los demás»

Jon Beloki tomó ayer probablemente la decisión más difícil de su vida. Y lo hizo por compañerismo, no porque se sintiera mal físicamente o porque técnicamente la ruta no estuviese a su alcance. Simplemente no quería ser un lastre para su compañero de cordada, Alberto Iñurrategi y Jean Christophe Lafaille, dos hombres quizá no mucho más fuertes que él, pero sí más motivados con esta cumbre.

-¿Por qué ha decidido bajar?

-No tenía la confianza que hay que tener para afrontar una montaña y una vía como ésta. Para estar al nivel de Alberto y Jean Christophe hay que estar supermotivado y con mucha seguridad en uno mismo. Me sentía bien, pero también cansado con esta ruta, más psíquica que físicamente. Tenía miedo de que a partir del campo III una vez en la arista, cuando no puedes volver solo, me convirtiese en un lastre para mis compañeros si pinchaba. Es una responsabilidad demasiado alta que he preferido no asumir. Ellos, y sobre todo Alberto, se juegan mucho más que yo.

-¿Cuáles han sido sus sensaciones en la montaña?

-Que es un monte demasiado largo. No es el estilo que más me gusta. Se me ha hecho muy pesado. Aunque reconozco que salvo que se sea un Loretan, una montaña de este tipo y por esta vía no hay otra forma de hacerla. Se me ha hecho muy duro, sobre todo para la cabeza.

-¿Cuál es su ánimo después de renunciar al que hubiese sido su segundo ochomil?

-Con pena. Si hubiese bajado porque no podía más... Siempre es duro bajar sin la cumbre y tomar la decisión de hacerlo. Pero creo que es la correcta y lo voy a llevar bien. Aun con la certeza de que hubiera podido hollar, he elegido la opción de que si no hacen cumbre, que no sea por mí.

-¿Se hubiese dado media vuelta si con Alberto no estaría Lafaille?

-No. Si Jean Christophe no hubiese estado con Alberto ahora mismo estaría con él allí arriba.

-¿Cree que Alberto y Lafaille harán cumbre?

-Sí, pero van a tener que sufrir mucho más de lo que pensamos.

-¿Cuáles son las principales dificultades que les quedan?

-La cumbre Este les puede dar muchos problemas. La he visto con muy poca nieve. Pero si el tiempo les acompaña, y las previsiones así lo indican, les veo arriba.

-¿Cómo ha visto a Viesturs y Veikka?

-Sé que saben sufrir. A Ed no le he visto tan mal, pero Veikka a veces daba pena, desplomado sobre el piolet. Pero tiran para arriba y han llegado al Roc Noir. Habrá que ver qué hacen a partir de ahí.

-¿Y la vuelta por la arista?

-Que bajen con mucho, mucho cuidado. Las dificultades que han encontrado en la arista les pueden dar muchos problemas cuando bajen cansados. ¡Son pendientes de 70 grados! Y luego el Roc Noir... Incluso del campo II al I, en la arista del Singu Chuli, el terreno es muy delicado. Las cuerdas llevan ya un mes y no están como al principio.

 


Un día de incertidumbre

Hasta que los alpinistas comunicaron directamente con el campo base y explicaron su situación, la incertidumbre reinó en el campo base. El primer elemento de desazón fue el tiempo. La jornada amaneció nublada y pronto comenzó a caer una lluvia que no cesó ya en toda la mañana. Un manto de incredulidad se extendía por el campo base. Era más el deseo de que el tiempo por encima de los 7.000 metros mejorase que la certeza sobre tal extremo.

Por la mañana, apenas a las siete y media, Jon Beloki llamó al campo base, pero para cuando Jon Lazkano llegó a una ubicación desde la que oírle correctamente el alpinista zarautztarra había cortado ya la comunicación. Este intento de contacto desató las conjeturas. ¿Para que había llamado Jon tan pronto? ¿Acaso se había dado media vuelta y avisaba de ello?

Por si fuera poco, un par de horas más tarde Katia, la mujer de Lafaille, escuchaba una conversación entre los alpinistas, concretamente entre el propio Jean Christophe y Ed Viesturs:

-Jean Christophe, aquí Ed. ¿Habéis pasado ya el Roc Noir? Cambio

-Sí, estamos ya en la arista. La subida al Roc Noir está muy peligrosa. Hay muchas grietas y la pendiente es muy fuerte, muy expuesta. Hay placas de hielo. Donde estáis? Cambio.

-Estamos subiendo por las palas. Vemos las dificultades. Cambio.

-¿Váis a seguir? Cambio.

-Por el momento sí. Cambio y corto.

-Ok. Suerte. cambio y corto.

La comunicación evidenciaba que el grupo de cinco se había dividido en dos. Por delante iban Lafaille, Alberto y, quizás, Jon, mientras que por detrás estaban Viesturs y Veikka. En realidad, una reproducción de lo que ha sido su transitar por la montaña durante todo el periodo de instalación y equipación de los campos de altura.

A las dos de la tarde, los hechos se precipitaban. Katia lograba contactar por fin con Lafaille y, seguidamente, Jon Lazkano hablaba con Alberto, quien relataba esta primera jornada por la arista. Y justo cuando Iñurrategi le estaba manifestando su preocupación por Beloki, del que no tenía noticias desde que se había dado la vuelta bajo el Roc Noir, una silueta asomaba por la morrena del glaciar. Era el zarautztarra quien, con la abultada mochila de ataque a cumbre a la espalda, había descendido de un tirón los 3.000 metros de desnivel entre la base del Roc Noir y el campo base.