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DÍA 14

Fernando J.Pérez
Enviado especial
La expedición vasca instala el campo I a 5.400 metros

Iñurrategi inspecciona el equipo

La primera etapa de la ascensión al Annapurna por su arista sureste ya está cubierta. La expedición Oinak Izarretan instaló ayer el campo I a 5.400 metros en un plató (pequeña meseta en la cabecera del glaciar) bajo el pico Singu Chuli (o Fluted Peak), después de superar los primeros obstáculos serios. Estos vinieron en forma de una barrera de rocas por encima de los cinco mil metros, en los que tuvieron que instalar cerca de 400 metros de cuerda para asegurar un paso que a partir de ahora será obligado, tanto de ascenso como de descenso, cada vez que suban a la montaña.

En los próximos días incluso tienen previsto instalar otros cien metros más para asegurar el paso de forma definitiva, «ya que por ahí deberemos pasar aún muchas veces y cargados de material y es un tramo que tiene que estar perfectamente asegurado», explicó Alberto Iñurrategi a su retorno al campo base junto con Jon Beloki, tras más de seis horas de trabajos de equipamiento y porteo en la montaña.

La de ayer fue la jornada más dura hasta el momento.Y el esfuerzo se reflejaba en los semblantes de los alpinistas al regreso al campo base. La aclimatación sigue su proceso, natural pero lento, y los esfuerzos a esas alturas, relativamente bajas para lo que les espera, todavía pasan factura. Lo que hoy tardan en hacer más de tres horas con las mochilas cargadas, dentro de una semana apenas les llevará dos horas de caminata. Son los milagros del cuerpo humano.

Repartir el trabajo

El volumen de trabajo a realizar era tal que los seis alpinistas se repartieron la labor. Lafaille, Iñurrategi y Beloki se dedicaron a equipar la franja rocosa mientras Viesturs, Lafaille y Lazkano se emplearon a fondo en la ingrata tarea de portear el material dejado un día antes a 4.900 metros de altura. El alpinista de Bergara, sin embargo, no pudo completar su parte del trabajo, ya que se equivocó de ruta y por apenas 20 metros se metió en un terreno muy comprometido que le obligó incluso a dejar la mochila para descender con seguridad.

Al menos, los expedicionarios se encontraron con la satisfacción de poder situar el primer campamento de altura en un lugar «muy bonito, desde el que se divisa toda la ruta que tenemos que hacer, incluida la arista», explicó Alberto.

La siguiente dificultad será la pared del Singu Chuli, camino del segundo campamento, que tienen previsto instalar a unos 6.400 metros de altitud, en la arista entre el Singu Chuli y el Glaciar Dome. Pero para eso aún deben transcurrir varios días, en los que los expedicionarios completarán la aclimatación en el campo I y tendrán que portear todavía los más de 100 kilos de cuerdas y material de escalada, además de su equipo personal, necesarios para los campos I y II y para equipar con cerca de 1.500 metros de cuerda la pared del Singu Chuli.

Camino del annapurna
Lo próximo:

Los expedicionarios deberán ahora colocar el segundo campamento a 6.400 metros de altura. Será un objetivo que se demorará aún varios días. Ahora se dedicarán a aclimatarse al campo I, hasta donde tendrán que llevar más de 100 kilos de cuerdas y material de escalada.

La nueva cocina vasco-nepalí
¿Cómo se organiza la intendencia de una expedición con seis personas aisladas en el Himalaya a 4.200 metros de altitud? Con mucha experiencia. Y Alberto Iñurrategi la tiene. Esa experiencia le permite calcular que son necesarios unos 800 kilos de comida para alimentar mes y medio a media docena de personas, teniendo en cuenta, además, el gasto energético extra de tres de ellas, las que intentarán ascender un Œochomil¹.

El fuerte desgaste que provoca la altitud hace que la base de la alimentación sean los hidratos de carbono. Más de 50 kilos de pasta y arroz serán combinados de mil y una formas por el cocinero con verduras, tomate, patatas, queso... Las sopas son una especialidad nepalí y tampoco faltarán cada noche para calentar el cuerpo.

Pero si hay algo que las expediciones le ha enseñado a Alberto es la necesidad de de sentirse como en casa. Y qué mejor forma que con la comida. Queso de Idiazabal, anchoas del cantábrico, foie, pimientos del piquillo o un buen surtido de embutido ­la experiencia de llevar jamón de jabugo a los campos de altura fue un éxito hace un par de años­ nunca faltan en las cargas del campo base. Incluso algún expedicionario se ha traído unas buenas raciones de cocochas para preparar al pil pil.nocerán personalmente.