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Productos variados para atender las distintas necesidades
>>> Si en lugar de recordar
nosotros con la serie de TVE los años 70, los Alcántara
pudieran
protagonizar la película "Regreso al futuro"
no saldrían de su asombro al comprobar la
escasa capacidad de ahorro de los españoles de hoy en
día.
El ahorro medio de los españoles
representa tan sólo el 14% de su renta bruta disponible,
un
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| Hay productos de inversión adecuados
a cada edad y perfil |
mínimo histórico.
Y eso que los vascos son los más hormiguitas. Los alaveses
encabezan el podium del ahorro en España, con el 21%.
Los guipuzcoanos ocupan la ter-cera plaza, con el 19,36%,
seguidos de cerca por los navarros con un 19,03%. Y los vizcaínos
ya se alejan de las primeras posiciones, aunque se mantienen
por encima de la media, con el 15,86%.
Aún así, son muchos los que se privan de algunos
productos de consumo con el objetivo funda-mental de garantizarse
una jubi-lación digna, hacer frente a los estudios
de sus hijos o, incluso, adquirir una segunda vivienda para
pasar los fines de semana o el verano. Y es que otro dato,
esta vez del Instituto Nacional de Esta-dística, señala
que hay un porcentaje importante que logra arrancar a final
de mes unos euros al gasto.
En la Comunidad Autónoma
Vasca, casi 52 de cada cien hogares aseguran que consiguen
ahorrar algo a final de mes, porcentaje muy alejado de la
media española que no llega al 39%. Aquellas personas
que son capaces de disponer de recursos al concluir los pagos
del mes ¿cómo deben afrontar qué hacer
con ese remanente? En primer lugar, la edad es un elemento
esencial a la hora de orientar a qué vamos a dedicar
esos ahorros. Una persona con treinta años no tiene
las mismas necesidades que atender que una de cincuenta.
El primero, probablemente, aspire a independizarse y a adquirir
un piso, mientras que para el segundo el pago de los estudios
de sus hijos o la cercanía de la edad de jubilación
le exijan plantearse otras estrategias de ahorro, sin olvidar
el bonificador fiscal. Perfil de riesgo Otro aspecto esencial
a la hora de decidirse por los numerosos pro-ductos de ahorro
e inversión que existen en el mercado es lo que los
especialistas llaman el "perfil" y, por tanto, las
dosis de riesgo que estamos dispuestos a asumir para obtener
unos réditos de nuestro ahorro. Y aquí no sólo
entra el carácter de cada uno, sino tam-bién
su situación laboral y perso-nal. Quien, por ejemplo,
tenga un trabajo fijo y con ciertas garantías de continuidad
de su actividad podrá ser más arriesgado a la
hora de invertir que quien tenga un contrato temporal. Conviene,
por tanto, a la hora de contratar cualquier producto poner
en la misma balanza la edad y el perfil de riesgo que que-remos
o podemos afrontar.
Pero, como nuestro perfil como aho-rrador o inversor no es
algo gené-tico que se lleva en la sangre podemos decir
que nadie es intrínsicamente conservador, moderado
o arriesgado, que son los tres perfiles que se barajan normalmente,
a la hora de afron-tar sus inversiones. Actualmente, hay un
concepto en boga, el de la gestión activa de las finanzas
personales, que con-siste en combinar dos parámetros
fundamentales: diversificar los productos a los que destinamos
nuestro ahorro evitando poner Hay productos de inversión
adecuados a cada edad y perfil.
todos los huevos en la misma
ces-ta. Y, a la vez, asumir aquella pri-ma de riesgo de acuerdo
a nues-tro perfil. En definitiva, hoy día la tendencia
es a disponer de una cartera inversora compensada que nos
evite pérdidas inasumibles sin renunciar a productos
con una alta rentabilidad.
¿Cómo se logra
eso?
Podemos diversificar nuestro
ahorro suscribiendo productos de riesgo, pero con una alta
rentabilidad. Sin embargo, para cubrirnos las espaldas, al
estilo de lo que hacen los buenos apostadores en los frontones,
"cubrir esa apuesta" con productos más seguros,
con
rentabilidades no tan elevadas, pero ciertas o garantizadas.
En caso de que la inversión arriesga-da salga mal,
podemos equilibrar la situación con las ganancias del
producto seguro.
Una cartera compensada
En una cartera compensada destinaremos
nuestros esfuerzos a mantener nuestros activo inmo-biliario
(los especialistas se dividen a la hora de considerar la vivienda
propia como inversión),
utilizar la copiosa oferta de activos financieros, y destinar
una parte conservadora a bienes tan-gibles o de colección,
a través de planes patrimoniales. Un ejemplo para quien
quiera combinar riesgo con seguridad al estilo pelotazale
referido. Si disponemos de 30.000 euros para invertir, podemos
destinar 15.000a productos agresivos, bolsa, futu-ros,
con posibilidad de rentabilidades altas, pero también
con un alto riesgo. Y otros 15.000, por ejemplo, a algo más
"segurola" como un plan patrimonial que ofrece una
garantía de recompra con un beneficio prefijado.
Supongamos que en los diez
próximos años la bolsa continúa a buen
ritmo y nos da una renta-bilidad media anual del 12%. Esos
15.000 euros invertidos en Bolsa se convertirían en
45.000. Estos, sumados a los beneficios obtenidos en un plan
patrimonial que nos garantizara en ese periodo un patrimonio
de 28.000 euros, con un 6,5% de beneficios contractuales,
supondría que, de ir bien las cosas, podríamos
convertir los 30.000 euros iniciales en 63.000.
Si, por las circunstancias
que fuera, la Bolsa va mal y perdemos un 50% de nuestra inversión
nos
encontraríamos al cabo de esos diez años con
7.500 euros de los 15.000 que destinados a acciones. Sin embargo,
los 15.000 euros que invertimos en el plan patrimonial con
unos beneficios más moderados seguirían dándonos
los 28.000 comprometidos, con lo que no sólo compensaríamos
las pérdidas en Bolsa, sino que acabaríamos
con 35.500 euros en los
bolsillos, 5.500 más que la inversión inicial.
Hemos absorbido satisfactoriamente en esta com-binación
una prima de riesgo del 50% con expectativas de altos rendimientos.
Se trata tan sólo de
un ejemplo, pero que explica de forma sencilla el concepto
de gestión activa
de las finanzas personales. En esta misma página, puede
verse, a través de un cuadro, los pro-ductos recomendados
para las distintas edades y perfiles de riesgo, aunque siempre
hay que tener en cuenta que cada inversor es un mundo y conviene
dejarse asesorar por profesionales que pueden diseñar
una cartera a la carta.
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