Diciembre 2005
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AHORRO E INVERSIÓN

Productos variados para atender las distintas necesidades


>>> Si en lugar de recordar nosotros con la serie de TVE los años 70, los Alcántara pudieran
protagonizar la película "Regreso al futuro" no saldrían de su asombro al comprobar la
escasa capacidad de ahorro de los españoles de hoy en día.

El ahorro medio de los españoles representa tan sólo el 14% de su renta bruta disponible, un

Hay productos de inversión adecuados a cada edad y perfil

mínimo histórico. Y eso que los vascos son los más hormiguitas. Los alaveses encabezan el podium del ahorro en España, con el 21%. Los guipuzcoanos ocupan la ter-cera plaza, con el 19,36%, seguidos de cerca por los navarros con un 19,03%. Y los vizcaínos ya se alejan de las primeras posiciones, aunque se mantienen por encima de la media, con el 15,86%.

Aún así, son muchos los que se privan de algunos productos de consumo con el objetivo funda-mental de garantizarse una jubi-lación digna, hacer frente a los estudios de sus hijos o, incluso, adquirir una segunda vivienda para pasar los fines de semana o el verano. Y es que otro dato, esta vez del Instituto Nacional de Esta-dística, señala que hay un porcentaje importante que logra arrancar a final de mes unos euros al gasto.

En la Comunidad Autónoma Vasca, casi 52 de cada cien hogares aseguran que consiguen ahorrar algo a final de mes, porcentaje muy alejado de la media española que no llega al 39%. Aquellas personas que son capaces de disponer de recursos al concluir los pagos del mes ¿cómo deben afrontar qué hacer con ese remanente? En primer lugar, la edad es un elemento esencial a la hora de orientar a qué vamos a dedicar esos ahorros. Una persona con treinta años no tiene las mismas necesidades que atender que una de cincuenta.

El primero, probablemente, aspire a independizarse y a adquirir un piso, mientras que para el segundo el pago de los estudios de sus hijos o la cercanía de la edad de jubilación le exijan plantearse otras estrategias de ahorro, sin olvidar el bonificador fiscal. Perfil de riesgo Otro aspecto esencial a la hora de decidirse por los numerosos pro-ductos de ahorro e inversión que existen en el mercado es lo que los especialistas llaman el "perfil" y, por tanto, las dosis de riesgo que estamos dispuestos a asumir para obtener unos réditos de nuestro ahorro. Y aquí no sólo entra el carácter de cada uno, sino tam-bién su situación laboral y perso-nal. Quien, por ejemplo, tenga un trabajo fijo y con ciertas garantías de continuidad de su actividad podrá ser más arriesgado a la hora de invertir que quien tenga un contrato temporal. Conviene, por tanto, a la hora de contratar cualquier producto poner en la misma balanza la edad y el perfil de riesgo que que-remos o podemos afrontar.

Pero, como nuestro perfil como aho-rrador o inversor no es algo gené-tico que se lleva en la sangre podemos decir que nadie es intrínsicamente conservador, moderado o arriesgado, que son los tres perfiles que se barajan normalmente, a la hora de afron-tar sus inversiones. Actualmente, hay un concepto en boga, el de la gestión activa de las finanzas personales, que con-siste en combinar dos parámetros fundamentales: diversificar los productos a los que destinamos nuestro ahorro evitando poner Hay productos de inversión adecuados a cada edad y perfil.

todos los huevos en la misma ces-ta. Y, a la vez, asumir aquella pri-ma de riesgo de acuerdo a nues-tro perfil. En definitiva, hoy día la tendencia es a disponer de una cartera inversora compensada que nos evite pérdidas inasumibles sin renunciar a productos con una alta rentabilidad.

¿Cómo se logra eso?

Podemos diversificar nuestro ahorro suscribiendo productos de riesgo, pero con una alta rentabilidad. Sin embargo, para cubrirnos las espaldas, al estilo de lo que hacen los buenos apostadores en los frontones, "cubrir esa apuesta" con productos más seguros, con
rentabilidades no tan elevadas, pero ciertas o garantizadas. En caso de que la inversión arriesga-da salga mal, podemos equilibrar la situación con las ganancias del producto seguro.


Una cartera compensada

En una cartera compensada destinaremos nuestros esfuerzos a mantener nuestros activo inmo-biliario (los especialistas se dividen a la hora de considerar la vivienda propia como inversión),
utilizar la copiosa oferta de activos financieros, y destinar una parte conservadora a bienes tan-gibles o de colección, a través de planes patrimoniales. Un ejemplo para quien quiera combinar riesgo con seguridad al estilo pelotazale referido. Si disponemos de 30.000 euros para invertir, podemos destinar 15.000a productos agresivos, bolsa, futu-ros,… con posibilidad de rentabilidades altas, pero también con un alto riesgo. Y otros 15.000, por ejemplo, a algo más "segurola" como un plan patrimonial que ofrece una garantía de recompra con un beneficio prefijado.

Supongamos que en los diez próximos años la bolsa continúa a buen ritmo y nos da una renta-bilidad media anual del 12%. Esos 15.000 euros invertidos en Bolsa se convertirían en 45.000. Estos, sumados a los beneficios obtenidos en un plan patrimonial que nos garantizara en ese periodo un patrimonio de 28.000 euros, con un 6,5% de beneficios contractuales, supondría que, de ir bien las cosas, podríamos convertir los 30.000 euros iniciales en 63.000.

Si, por las circunstancias que fuera, la Bolsa va mal y perdemos un 50% de nuestra inversión nos
encontraríamos al cabo de esos diez años con 7.500 euros de los 15.000 que destinados a acciones. Sin embargo, los 15.000 euros que invertimos en el plan patrimonial con unos beneficios más moderados seguirían dándonos los 28.000 comprometidos, con lo que no sólo compensaríamos las pérdidas en Bolsa, sino que acabaríamos con 35.500 euros en los
bolsillos, 5.500 más que la inversión inicial. Hemos absorbido satisfactoriamente en esta com-binación una prima de riesgo del 50% con expectativas de altos rendimientos.

Se trata tan sólo de un ejemplo, pero que explica de forma sencilla el concepto de gestión activa
de las finanzas personales. En esta misma página, puede verse, a través de un cuadro, los pro-ductos recomendados para las distintas edades y perfiles de riesgo, aunque siempre hay que tener en cuenta que cada inversor es un mundo y conviene dejarse asesorar por profesionales que pueden diseñar una cartera a la carta.