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Los republicanos tratan de empañar el recuento manual con acusaciones de fraude

El Tribunal Supremo de Estados Unidos tendrá de Estados Unidos tendrá hoy la última palabra para aclarar los resultados electorales de Florida

MERCEDES GALLEGO. ENVIADA ESPECIAL PALM BEACH

- «Si nos roban las elecciones, entraremos en acción»

«¡Por el amor de Dios! Si no dejan de impugnar todas las papeletas que corresponden claramente al otro partido vamos a estar aquí hasta Navidad», espetó cansado e indignado el juez Charles Burton en medio del Centro de Operaciones de West Palm Beach, donde se lleva a cabo el recuento manual de todo el condado. Cada partido trata de impugnar las papeletas que corresponden al rival, pero los republicanos han decidido convertir cada mínimo incidente en una operación de fraude con la que empañar el proceso.

Tres observadores republicanos se dispusieron a destapar el escándalo en este río revuelto de papeletas y susceptibilidades, asegurando a los mandos del partido que habían visto papeletas donde una de las pestañas perforadas había sido cubierta con celo para taladrar una segunda casilla.

Tres papeletas

El juez Burton, presidente de la Junta Electoral del Condado, de afilición republicana, explicó el supuesto indicio de fraude una vez que los conservadores lo habían disparado a todas las cadenas de televisión del país. «Cierto. Hay tres papeletas pegadas con cinta adhesiva que han sido invalidadas por doble voto. Se trata de votos por correo. Es evidente que el votante ha tratado de enmendarla en casa en vez de pedir una nueva a su colegio electoral. Lo único que podemos hacer es anularla, que es lo que hicimos», explicó.

La mayor parte de las acusaciones tenían explicaciones así de ingenuas, pero algunas apuntaban errores humanos, como la de una papeleta de Bush colocada en la montaña de Gore, y otras más derivaban en absurdas discusiones barriobajeras. Es el caso de un hombre que accidentalmente golpeó la montaña de papeletas y tiró al suelo algunas de ellas. Durante un rato nadie se atrevió a tocarlas ante el temor de ser acusado de manipulación fraudulenta. Observadores, abogados, miembros de la junta electoral y los hombres del sheriff las observaban cuidadosame, mirándose unos a otros con desconfianza en una escena esperpéntica. Aquello no podía tener buen final. La presidenta de la junta, Theresa LePore, las contó cuidadosamente una a una e introdujo en una bolsa las microscópicas pestañas que se habían desprendido, sin saber muy bien para qué. Automáticamente los republicanos alegaron que las papeletas habían sido alteradas y la foto de las pestañas en la bolsa han dado la vuelta al mundo, como una prueba más, dicen, de que este recuento no puede ser justo ni fiable.

Los argumentos

Eso es también lo que expondrán los abogados a los siete miembros del Tribunal Supremo que hoy tendrán la última palabra en sus manos. Los conservadores insistirán en la independencia de la secretaria de estado de Florida, Katherine Harris, copresidenta de la campaña de Bush en el estado.
Harris repetirá al tribunal que cumplía con la ley cuando cerró el plazo para recibir los datos de los condados, e insistirá en que la legislación le instaba a certificar el cómputo final el sábado pasado. El Supremo emitió entonces una orden para detener el proceso hasta que oiga hoy los argumentos de las partes.

Los demócratas no sólo intentarán comprometer el buen juicio de la funcionaria por su implicación política, sino que señalarán contradicciones en la legislación de Florida. ¿Por qué la ley autorizaría el recuento manual y no deja, sin embargo, un plazo cabal para realizarlo? Harris dirán, basó su decisión de ignorar los datos del recuento manual en una premisa equivocada, que la ley sólo le permite hacerlo cuando se demuestra un fallo en las máquinas automáticas de conteo. Además, han apuntado los abogados en sus escritos, fue ella misma la que retrasó el proceso al comunicar a los condados que no tenían derecho a proceder con el recuento.

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