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Gore cree que la disputa electoral terminará en el Supremo de Florida

El tribunal estudia su anterior decisión y el recurso de impugnación. Comienza un juicio para anular 15.000 votos vitales para el demócrata

MERCEDES GALLEGO. CORRESPONSAL NUEVA YORK

«Hace mucho que predijimos que el caso terminaría en el Supremo de Florida», recordó ayer Al Gore. El vicepresidente no sólo se negó a especular con el momento en que tirará la toalla sino que dijo sentirse «muy optimista». El máximo órgano de justicia del estado caribeño tiene entre manos dos de los casos que definirán quién ganó las elecciones presidenciales.

Por un lado, el Supremo federal le ha pedido que reconsidere la sentencia de hace dos semanas por la que amplió el plazo para que los condados entregasen datos del recuento manual. Los magistrados de Washington desean saber si el tribunal estatal interpretó la Constitución o las leyes de Florida para decidir si tienen potestad para intervenir en el caso. La otra 'patata caliente' le llegó de las manos del juez Sanders Sauls, que el martes propinó a los demócratas el mayor revés legal que hayan tenido en un mes de conflictos postelectorales.

Sauls desestimó todos los argumentos de la impugnación de resultados que había presentado Gore, asegurando que no hay evidencias de que ninguna de las irregularidades denunciadas puedan cambiar el curso de las elecciones.

Miami y Nassau
En el primer juicio de impugnación de la historia electoral estadounidense, los demócratas discreparon con la decisión de Miami Dade de abandonar el recuento manual cuatro días antes de que venciese el plazo, a pesar de que los primeros escrutinios demostraron cambios a favor de Gore. En este caso, como en el de Nassau, que decidió incluir el primer recuento automático en vez del último, o el de Palm Beach, que no contó todas las 'papeletas preñadas', el juez Sauls consideró que las juntas electorales actuaron dentro de sus prerrogativas. Sauls también dio la razón a la secretaria de Estado, Katherine Harris, que no aceptó ni los datos parciales de Palm Beach ni los totales que entregó dos horas después de que venciese el plazo.

«Decepcionante, pero no definitiva», matizó Lieberman. Los demócratas han pedido al Tribunal de Apelaciones que enviase el recurso directamente al Supremo. Los expertos creen que Gore tiene pocas posibilidades de que el Supremo contradiga la bien argumentada sentencia del juez Sauls, y aún en el caso de que se ratifique en la sentencia de hace dos semanas sobre la ampliación del plazo, ello sólo permitiría a Bush sellar su ventaja en 537 votos en lugar de los 930 que había en la primera certificación.

La decisión del Supremo es, sobre todo, una maniobra para ganar tiempo. Las posibilidades de Gore de alcanzar la Casa Blanca descansan en un caso menor que se juzga en Seminola, una ciudad del centro de Florida, y en el que ni siquiera es parte demandante. En el banquillo, el abogado demócrata Harry Jacobs, a título individual, demanda a la presidenta de la junta electoral, Sandra Goard, que autorizó a observadores pagados por el partido republicano para que se llevasen 4.700 papeletas y rellenasen el número de identificación de votante que faltaba en el documento.

Los demandantes piden a la jueza Nikki Ann Clark, una afroamericana de 48 años de afiliación demócrata, que anulen los 15.0000 votos por correo, ya que no se pueden discernir los alterados. Con ello Gore obtendría automáticamente una ventaja neta de 4.000 votos en Florida y con ello la presidencia.

AGENDA DEL SUPREMO

Miércoles 6, 18.00 horas
: Entrega de argumentos sobre el recurso de la impugnación demócrata, denegada el lunes por el juez Sauls.

Jueves 7, 16.00 horas: Audiencia de los argumentos. 30 minutos cada uno.

Viernes 8: Se espera tener un pronunciamiento

Papá Bush es operado de la cadera

El domingo el ex presidente Bush cambió las fallidas sesiones de pesca por un partido de tenis y el lunes ingresaba para ser operado de la cadera. «Mi madre me ha dicho que jugó estupendamente. Imagínate ahora que le van a mejorar la cadera», comentó Bush hijo.

Bush ha decidido recuperar el humor y la humildad, por lo que ha pedido a sus colaboradores que no lo llamen presidente. Con respecto a su rival, prometió no presionar a Gore para que reconozca su derrota.

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