Bush firma una nueva
ejecución
El aspirante republicano
a la Casa Blanca no tuvo compasión del convicto mexicano
Miguel Ángel Flores y permitió su muerte por inyección
letal esta madrugada
AGENCIAS. WASHINGTON.
El mexicano Miguel Ángel Flores,
de 31 años, ha sido ejecutado esta madrugada en el penal
de Huntsville (Texas), por secuestrar, violar y asesinar a la
estudiante universitaria Angela Tyson en 1989. El reo sólo
tenía dos alternativas para escapar a la inyección
letal, el recurso de apelación ante el Tribunal Supremo
y la clemencia del gobernador del Estado y candidato republicano
a la Presidencia de Estados Unidos, George W. Bush. Las dos vías
le fallaron. Su muerte pasó casi desapercibida en medio
del caos electoral de Florida.
En primera instancia, fue el Tribunal Supremo
el que rechazó el recurso de apelación presentado
por los abogados de Flores. El alto tribunal, formado por nueve
jueces, desestimó la solicitud por un estrecho margen
de cinco votos contra cuatro. De este modo, la vida de Miguel
Flores quedaba definitivamente en las manos de Bush, quien hasta
dos horas antes de la ejecución no había tomado
decisión alguna, según uno de sus portavoces. Más
tarde tampoco lo hizo.
Fracasaban así todos los intentos
por salvar al condenado, que se habían intensificado durante
la última semana. El pasado lunes, el Departamento de
Estado solicitó a Texas que reconsiderase la aplicación
de la pena capital en este caso, puesto que la acusación
no fue notificada a tiempo y se negó al penado el derecho
a comunicarse con su representación consular en el momento
de su arresto por la Policía texana, violando así
la Convención de Viena. El mismo argumento , y con los
mismos resultados, esgrimieron el Gobierno de México y
las comunidades hispanas del país.
Presión internacional
Las gestiones del Ejecutivo mexicano llegaron aún más
lejos. El presidente electo, Vicente Fox, pidió el miércoles
al candidato George W. Bush clemencia para el preso, y que se
le conmutase la pena capital por una cadena perpetua. La respuesta
de los estadounidenses fue que «ellos tienen que velar
por sus ciudadanos y por sus leyes y que ellos tienen su propio
criterio al respecto. Recibieron el mensaje sin compromiso»,
explicó Fox en rueda de prensa.
Ese mismo día, la Comisión del Perdón de
Texas rechazó por votación unánime de sus
18 miembros una petición de conmutación de la pena,
indicó su presidente, Gerald Garrett. Según las
leyes de Texas, el gobernador sólo puede decretar clemencia
si lo recomienda la Comisión del Perdón. En su
defecto, Bush podría haber ordenado una prórroga
de 30 días.
Una portavoz de la Comisión manifestó
que Flores había solicitado que la pena de muerte se conmutara
por la cadena perpetua, o en su defecto que la ejecución
se aplazase 90 días. Las dos peticiones fueron rechazadas
por 18 votos a cero. Marco Dosal, encargado de prensa del consulado
de México en Houston, confirmó que la Comisión
había notificado a la representación diplomática
y a los abogados defen- sores que «la petición de
clemencia ha sido denegada». «No dieron otro tipo
de explicaciones sobre su determinación».
Tras este nuevo fracaso, los abogados de
Flores introdujeron una última apelación ante el
Tribunal Supremo que también falló. Esta decisión
condicionó de forma determinante el fatal desenlace, ya
que la portavoz del gobernador, Linda Edwards, localizada por
teléfono desde Austin, había afirmado que «el
gobernador esperará el pronunciamiento del alto tribunal
para tomar una decisión».
Fuentes judiciales pronosticaron ya en
ese momento que, de acuerdo con los antecedentes, era poco probable
que se adoptara una decisión favorable a Flores en las
últimas horas que le quedaban de vida. Bush, que espera
todavía los resultados de las elecciones presidenciales,
sólo ha concedido un aplazamiento desde que asumió
el cargo en 1995. Un total de 35 personas han sido ejecutadas
en lo que va de año en su estado, el que más aplica
la sentencia capital en la Unión con 233 ejecuciones desde
la reimplantación de la pena de muerte en 1982.
Esperanzas rotas
No obstante, las autoridades mexicanas todavía mantenían
la esperanza de que el gobernador interviniese en favor de Flores.
Durante la campaña electoral, Bush se abstuvo de hablar
sobre el caso del mexicano. Además, las presiones han
sido fuertes. Desde hace meses, no sólo el Gobierno mexicano,
sino también la sociedad civil y organismos no gubernamentales
se han movilizado para impedir que se concrete la sentencia.
En los últimos días habían encontrado el
apoyo del Departamento de Estado y países como Argentina,
Polonia, Suiza o España. Amnistía Internacional
y la Unión Europea pidieron a Texas que aplazase la ejecución,
y organizaciones hispanas como Madres y Familiares Unidos contra
la Pena de Muerte y Mexicanos en Acción convocaron movilizaciones
en Houston para lograr el perdón para Flores.
Con un tono de resignación, y antes
de que se conocieran el pronunciamiento del Tribunal Supremo
y el silencio de George W. Bush, la ministra mexicana de Relaciones
de Exteriores, Rosario Green, afirmó que el Gobierno de
su país hizo lo posible y acudió a todas las instancias
estadounidenses para evitar que se ejecutase la sentencia. Green
dijo en Ciudad de México que envió cartas a la
relatora de Derechos Humanos de Naciones Unidas, Mary Robinson,
a la procuradora estadounidense, Janet Reno, y a la secretaria
de Estado, Madeleine Albright, para pedir que se conmutara la
sentencia. Bush, sin embargo, no cedió.
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