Presidentes históricos

PORTADA
Noticias
CANDIDATURAS
Fernando Lamikiz
Javier Uria
ELECCIONES 2001
Entrevistas
Jornada electoral
La polémica
Choque de estilos
Athletic 2000-2001

El candidato


Fernando Lamikiz
Edad:
42 años
Profesión:
Abogado
Lugar de nacimiento:
Gernika
Lamenta que el día no tenga 30 horas.




Ambicioso, inteligente, inconformista y locuaz, el abogado Fernando Lamikiz afronta el reto de cumplir un viejo sueño: ser presidente del Athletic

Las frases

«Hay que fijar una escala de sueldos de los futbolistas en función de sus méritos»

«El fútbol base debe ser gestionado, al margen del profesional, por una fundación financiada por empresas privadas»


Programa electoral

Junta directiva


Página web

El gran competidor

De los que son como él, ambiciosos, inteligentes, inconformistas, vehementes y locuaces, se suele decir que no dejan a nadie indiferente. Y es la verdad, al menos en lo que se refiere a Fernando Lamikiz. Desde ayer, este abogado de 42 años, nacido en Gernika pero criado en Busturia, casado y con cinco hijos, se enfrenta a uno de los grandes retos de su vida: ser presidente del Athletic. Cualquiera que le conozca mínimamente sabe que se dejará la piel en el intento, que no escatimará horas, esfuerzos y desvelos. Se trata, simplemente, de una cuestión de carácter.

Lamikiz, hijo único del carnicero de Busturia y huérfano de madre a los 14 años, se ha curtido en solitario desde pequeño, desde que se fue interno a estudiar el bachiller en los Corazonistas de Vitoria. Siempre fue un buen alumno; despierto, memorioso, aplicado y constante. Acabó la carrera de Abogado Economista en Deusto con notas sobresalientes –a los 31 años ya daba clases de Derecho Civil en esa misma universidad– y completó su formación en Alemania con un master en Responsabilidad Civil en la Munchener Rückversicherung Gesellchaft. Ese año de estudios en el extranjero se lo ganó a pulso. De las diez becas que daba en toda España la compañía Aurora Polar, una se la llevó él.

Fernando Lamikiz regresó de la capital de Baviera convertido en el jefe de Responsabilidad Civil de Aurora Polar. Tenía 24 años y podía decir que empezaba a triunfar. Sin embargo, no dudó en abandonar la compañía –todo un seguro, se podría decir– y lanzarse a la aventura. Siempre le han gustado los retos y más en compañía de los buenos amigos de facultad. Es lo que eran (y lo que son) José Luis Ríos y Guillermo Ibarrondo. Este último, sigue siendo su socio en un despacho ya muy consolidado por el que han pasado casos como el de Azpiegitura, el de Astilleros Reunidos del Nervión o la abortada fusión de Iberdrola con Endesa.

Sin tiempo

Todos los que le conocen destacan su extraordinaria capacidad de trabajo. Es una de esas personas infatigables y perfeccionistas –todo lo apunta a mano en un viejo cuaderno, algo así como su diario íntimo laboral– que siempre lamentará que el día no tenga 30 horas, aunque sepa que ese tiempo añadido también se le desvanecerá irremediablemente. De hecho, él mismo suele reconocer que, víctima de sus jornadas rebosantes, apenas encuentra resquicios para disfrutar de sus cuatro niñas y de Jon, su pequeño vástago, y mucho menos para disfrutar jugando a pala, arreglando el jardín de su casa de Pedernales o escuchando a Neil Young o Crosby Still and Nash.

Otro de los aspectos de su personalidad en el que hay coincidencia plena es en el que se refiere a su carácter competitivo, ya sea en un simple partido de futbito entre amigos. Por mucho que haya estudiado en Alemania, Lamikiz tiene un espíritu yankee. Es de los que divide el mundo en dos bandos: el de los perdedores y el de los ganadores. No hace falta decir que su obsesión es pertenecer a este último. En este sentido, recuerda a esos abogados americanos de película, preparados y elocuentes, a los que uno bendice si defienden a los buenos y acaba maldiciendo si se fajan en favor del malo.

El Athletic, del que ha sido secretario y responsable de los servicios jurídicos durante los últimos siete años –la redacción de los estatutos y la negociación de la deuda del Burgos han corrido a su cargo– es una de las pasiones de este busturiano que se confiesa simpatizante del PNV –dicen que tiene buenos contactos en Sabin Etxea, sobre todo cerca de Xabier Arzalluz–, pero que no ha llegado a militar nunca en el partido. Probablemente, no lo haya hecho por su carácter individualista, poco propicio para los acatamientos jerárquicos incondicionales.

Opositor interno

Esta forma suya de ser, unida a su perenne inconformismo como directivo o simple compromisario –sus andanadas contra Lertxundi todavía se recuerdan–, ha sido la que le ha valido las acusaciones de deslealtad que le prodigan sus críticos por no haber abandonado a José María Arrate si sus diferencias con el presidente eran tantas como él mismo repetía. Tantas, por ejemplo, como para afirmar hace unos meses que «el Athletic está muerto».

Este aldabonazo puede percibirse ahora como el primer fuego de la campaña electoral. Y hay que decir oficialmente porque dirigir los destinos del club bilbaíno siempre ha sido el gran sueño de Fernando Lamikiz Garai. Lo recuerda un amigo suyo de toda la vida. «Cuando tenía 18 años me dijo una frase que se me quedó grabada: el día que yo sea presidente del Athletic, esto va a cambiar de la noche al día».