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JÓVENES AUTORES

El relevo literario

M.C. VALENTE
Unai Elorriaga, Harkaitz Cano, Kirmen Uribe, Jasone Osoro, Ixiar Rozas, Aritz Gorrotxategi, Jon Benito o Igor Estankona son algunos de los nombres que conforman la nueva generación de escritores que se ha dado a conocer en la última década. El presente y futuro de la narrativa en lengua vasca ha saltado al escenario literario, en la mayor parte de los casos, si no en todos, tras ganar certámenes y becas. «En el buen sentido de la palabra, somos unos ‘triunfitos’», precisa Gorrotxategi (San Sebastián, 1975), que hace tres años se alzó con el premio Irún Hiria por la novela ‘Kafkaren labankada’.

Reconocen, sin embargo, no tener conciencia de pertenecer a un grupo. «Nos une el hecho de haber nacido en una época parecida, el haber sido todos muy lectores, con formación universitaria, etapa en la que más nos hemos concienciado de la importancia de la lectura, y que hemos recibido unas influencias afines, ya que hemos leído a los mismos autores», afirma Gorrotxategi. Con cuatro obras publicadas, este joven ejerce de guía en la exposición itinerante ‘Los nuevos escritores del siglo XXI’, que lleva más de un año recorriendo el País Vasco.

Sucesores de grandes firmas, como Bernardo Atxaga, Anjel Lertxundi, Ramón Saizarbitoria, Mariasun Landa o Joseba Sarrionaindia, entre otros, ellos se consideran herederos de la Banda Lubaki (trinchera), grupo de jóvenes literatos creado hace una década de la mano de Harkaitz Cano y Asier Serrano y que simulaba a la organizada en su día por el propio Atxaga y otros compañeros. Se iniciaron con los premios Urruzuno, en revistas y recitales. En una fase intermedia, empezaron a publicar Ur Apalategi e Igor Estankona. Los tres últimos años del siglo XX supusieron un gran auge. Una nutrido grupo de una veintena de jóvenes editó en apenas un trienio su primer libro, con una amplia diversidad de géneros.

El último gran ‘boom’ se produjo el año pasado. La concesión del Premio Nacional de Narrativa a Unai Elorriaga (Algorta, 1973) por ‘SPrako tranbia’ contribuyó a que la incipiente generación, en la que las mujeres va tomando peso, volviera a saltar a los medios de comunicación. Esta nueva hornada reconoce que lo ha tenido más fácil que sus antecesores. «Antes, se escribía mucho por militancia, por sacar adelante el euskera en una época más difícil, y a ellos les tocó abrir barreras. Nosotros tenemos una libertad que los autores con los que hemos crecido no tuvieron y no sentimos el peso de la responsabilidad lingüística, lo que supone un síntoma de normalización», precisan.

Diversidad y cantidad


Tampoco sufren por tener que vivir en exclusiva de sus producciones literarias. Escriben por afición. «Muchos somos articulistas, guionistas, traductores e incluso editores, como Gari Berasaluze. Apenas hay quien viva de los libros», sostienen. La pluralidad es el denominador común del grupo. «Por primera vez la diversidad y cantidad son enormes y, además, tenemos conciencia de que se hace bien», defiende Aritz Gorrotxategi. Saben que no venden tanto como autores ya consagrados, con los que tienen que compartir espacios en las librerías. Ellos están sujetos a fluctuaciones, aspecto que también lo consideran como signo de normalidad y equiparable a lo que ocurre con la literatura en otras lenguas.

Los jóvenes autores vascos insisten en que el futuro de la escritura en euskera está garantizado. A mayor plazo, sin embargo, admiten que hay incógnitas. «En principio, los que vienen por detrás no son tan diferentes a como fuimos nosotros a su edad, pero el hecho de que se apueste más por los módulos y la enseñanza esté más dirigida a la formación profesional y a la pronta incorporación al mundo laboral puede suponer un ‘hándicap’», opina Gorrotxategi.