Quizás
alertado por la última derrota sufrida por el TAU en
Vistalegre y conocedor de la querencia del Real Madrid por las
remontadas épicas, el Barcelona aplicó el rodillo
sin contemplaciones para apear a los anfitriones 'merengues'
de la Copa y plantarse en semifinales. En esta ocasión,
al equipo de Joan Plaza no le bastó ni el pundonor ni
su amor propio para doblegar a un rival armado hasta los dientes
y liderado por un caudillo como Juan Carlos Navarro.
El escolta catalán, gris durante toda la temporada pero
consciente de la trascendencia de la cita, espoleó a
su equipo con 28 puntos y la friolera de 10 asistencias. Su
exhibición fue como las que regalaba antes de pasar un
año perdiendo partidos en la NBA en las filas de Memphis
Grizzlies. Más allá de su contribución,
el Barcelona mostró un espíritu colectivo mucho
más marcado que su rival. Y, sobre todo, un baloncesto
más solvente y armónico.
Navarro puso la magia, pero el plantel 'culé' fue mucho
más; la intimidación de Santiago o la intensidad
imprimida por Vázquez (13 puntos) o Ersan Ilyasova (14),
Por su parte, el Real Madrid vivió de la garra de Felipe
Reyes y de la puntería solitaria de Louis Bullock (22
puntos). En un momento cumbre de la temporada, Sergio Llull
se diluyó a pesar de haber sido uno de los pilares del
conjunto blanco en los últimos tiempos. El anfitrión
fue a la zaga en el marcador durante gran parte del encuentro,
conjurando una y otra vez ese espíritu de volteador de
partidos del que ha hecho gala en las últimas semanas.
Pero esta vez no hubo manera. Un triple de Mumbrú a falta
de dos minutos para el final puso un 71-79 y alimentó
las esperanzas del Real Madrid. Pero ni el ardor defensivo,
con dispositivo zonal incluido, ni el acierto acompañaron
a los locales en el tramo decisivo ante un Barcelona que supo
firmar la sentencia definitiva.