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Bodas
a la carta
VANGUARDIA. Crece el número de parejas que
se decantan por la cocina
de autor para su banquete nupcial
MARÍA JOSÉ SÁNCHEZ
Después
del traje de la novia, lo que más quebraderos de cabeza proporciona
a la hora de preparar una boda es escoger el restaurante.
La heterogeneidad de la lista de invitados obliga a complacer
muchos gustos diferentes; se procura satisfacer en igual medida
al primo 'pijo' de la capital que a la tía-abuela del pueblo.
Por eso, determinar el menú no es tarea fácil.
La elección viene precedida de una peregrinación por decenas
de establecimientos en busca de la propuesta perfecta. Cada
vez es más habitual que la pareja busque un plus de distinción,
algo diferente con lo que sorprender. A poder ser, lo nunca
visto en otra boda. Tampoco es ajeno a ningún mortal el temor
a errar en la decisión. Y es que no hay manera de comprobar
si el restaurante seleccionado va a estar a la altura hasta
el mismo día del evento. Aunque la mayoría da a probar el
menú días antes del casamiento, a nadie se le escapa que no
es lo mismo cocinar para una mesa de seis que para centenar
y medio de comensales.
Y todo se complica más cuando los novios quieren salirse del
camino por el que transita la mayoría. Lo mismo que hay novias
atrevidas que optan por casarse de granate o azul cielo, a
la hora de comer, hay parejas que huyen de lo clásico. Si
nos topamos con las vanguardias en múltiples facetas de la
vida, en los menús de boda no podía ser menos. La tendencia
empuja a alejarse de las comidas exageradamente copiosas,
las bandejas de langostinos cocidos a tutiplén y la tradicional
tarta de nata. Y siempre hay cocineros dispuestos a asumir
el reto. La duda que se despierta es la siguiente: ¿es posible
trasladar la 'cocina de autor' a una boda?
Antes de opinar, hay que tener claro el término. Va más allá
de colocar una ración pequeña en un plato grande. Fue en la
década de los 70 cuando los críticos culinarios franceses
Henri Gault y Christian Millau acuñaron el término Nouvelle
Cuisine en una guía gastronómica. Este nombre denomina a una
nueva forma de cocinar los productos basada en la creatividad
y la imaginación, que respeta los sabores originales empleando
salsas ligeras y mezcla productos de todos los rincones del
mundo. La nueva cocina cuida mucho la presentación de los
platos, una de las características que más delata esta disciplina.
¿Esta exigente corriente culinaria, la más innovadora del
siglo XX, está reñida con dar de comer a 180 personas la vez?
Innovación
culinaria El chef Eneko Atxa demuestra en su restaurante que
es posible. A sus 28 años, se ha convertido en algo más que
una joven promesa de los fogones vizcaínos. Es el responsable
del Azurmendi, donde a diario pone en práctica la denominada
tecno-cocina. «Aplicar las nuevas tecnologías para obtener
mayor calidad», explica. Una combinación de método, disciplina
de trabajo nuevas aplicaciones e imaginación. En su establecimiento,
ubicado en las afueras de Bilbao, han llegado a dar bodas
de 400 personas. Su apuesta ha sido trasladar los platos de
la carta a los menús para enlaces. «Las propuestas de boda
no tienen por qué ser menos suculentas. El cliente se debe
sentir la persona más especial del mundo -apostilla Atxa-.
Nosotros ofrecemos a diario cocina de calidad, trabajada y
muy elaborada. La celebración de un día tan importante no
puede ser menos». El Azurmendi ofrece una carta innovadora,
«pero acordándonos siempre de la tradición ». «No hay que
olvidar la identidad culinaria de la gastronomía vasca», puntualiza.
Sus banquetes nupciales, como el resto de su oferta gastronómica,
se basa en «aplicar una cocina minimalista, sin caer en estridencias,
usando una vajilla especial, con los diseños siempre emplatados
y olvidándonos de las bandejas». El objetivo: «Que no olvides
que has estado en un sitio especial». Para Eneko Atxa, el
resultado tiene que ser un plato «bello y técnicamente espectacular».
Desde el mallorquín Read's Hotel &Restaurant, que cuenta en
su currículum con una 'estrella Michelín', aseguran que los
platos de los menús de boda tienen la misma calidad que los
de carta. «No se pierde en absoluto. Todo se elabora al momento
y el resultado es impecable gracias a la buena coordinación
entre cocina y servicio», cuenta Loli Mafé, encargada de banquetes
del establecimiento. Hasta ahora, los novios preferían ir
'a tiro fijo'; es decir, incluir en el menú de su enlace lo
que se supone gusta a la mayoría. Sin embargo, cada vez cala
más la idea de que la repetición de las recetas exitosas conlleva
el riesgo de quedarse anclado y superado por la cocina imaginativa.
Rubén Fernández, director del Hotel Restaurante Relais & Chateaux
San ROMÁN de Escalante, lo tiene claro. «Los menús clásicos,
hoy en día, están obsoletos. Se estilan aperitivos y platos
más sofisticados, de diseño. A la vista, son raciones más
pequeñas, pero más elaboradas». Rubén reconoce que no es sencillo
compaginar este tipo de propuestas con un evento dirigido
a tantas personas. «Es cuestión de organización, de trabajar
con un equipo muy numeroso, y procurar ponerle encanto y esmero
a todo». Precisamente, el tamaño de las raciones y su presentación
hace que muchos novios desprecien este tipo de menús.
Multiplicar la oferta
Una boda significa muchas cosas. Entre ellas, un negocio en
expansión que está obligado a dar respuesta a una demanda
cada vez más diversificada. Por eso, también la oferta de
muchos locales está abierta atender los caprichos que van
más allá de los gustos gatronómicos. Rubén Fernández, director
del local cántabro, cree «que, si no te renuevas,mueres».
Y, bajo esta premisa, en su local ha visto de casi todo. «Hemos
montado un 'tablao' flamenco para unos bailarines, una pareja
contrató unos mariachis, otros trajeron azafatas para atender
a los invitados...», ilustra. Y es que todo parece poco para
el que se supone será el día más feliz de una vida.
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