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CANAL CINE



El héroe transformado

Los diversos autores que han creado Batman a lo largo de sus más de 60 años de historia le han concedido una serie de caracteres que han propiciado su vigencia. En concreto, el historietista Frank Miller ha reformulado el personaje hasta revolucionar sus propios patrones


FERNANDO BELZUNCE

Bob Kane, inventor del personaje.

Poco pudo imaginar un diecisieteañero Bob Kane en 1939, cuando esbozó los primeros trazos de un nuevo superhéroe de traje negro y orejas de murciélago, algo fornido y con aspecto de bonachón, que su personaje inspirado en las películas de El Zorro se convertiría en la actualidad en un símbolo del cómic más futurista y rompedor, a la vez que respetuoso con los patrones clásicos que han imperado en la compañía DC Cómics durante tres cuartos de siglo.

Desde entonces, la personalidad del caballero nocturno ha sufrido distintos cambios de personalidad, propios de una evolución de su carácter más acorde a la demanda, y diversas transformaciones de dibujos y colores, conforme a la evolución de la percepción de la estética acorde con los años en que se publicaban estas historietas. Los distintos escritores y dibujantes le han ido concediendo un estilo de vida, una forma de ser y una imagen concreta que se ha popularizado hasta convertirlo en el superhéroe más famoso de la iconografía estadounidense, después del clásico Superman.

Una muestra del trazado más actual del cómic.
Sin embargo, esta vertiginosa evolución que ha sabido mantener el reclamo en los mercados no ha sido fruto de la casualidad. Y en este trabajo ha tenido mucho que ver el historietista Frank Miller, quien reformuló definitivamente el personaje hace 15 años hasta volver a situarlo en la primera línea del cómic mundial.Con la miniserie 'Batman: The Dark Knight Returns', reformó definitivamente al señor de la noche hasta convertirlo en un ser obsesivo, con defectos, reflexivo, inquietante, que vive en un entorno opresivo y angustiante. Un personaje que lucha contra los malos, sí, pero también contra sus propios miedos y fobias. Hasta el punto se alejó de su concepción clásica que la imagen de Batman se volvió opuesta a la de Superman -que aparecía esporádicamente en los cómics del millonario vampiro como un peón del gobierno de Ronald Reagan, sin personalidad propia-.

Y es que, de no ser por Miller, Batman podría haber sufrido el olvido en el que se haya sumergido Superman en los últimos años. Éste, un héroe a la vieja usanza, bueno, perfecto, inhumano, moral, defensor de la patria y de la idiosincrasia norteamericana, ha perdido buena parte de su atractivo, precisamente por su perfección, que no da pie al sueño del lector, a la comparación anhelada. Hasta el punto decayó el interés por el héroe entre los héroes que sus creadores emplearon a mediados de los noventa un recurso fatal: lo mataron... para luego resucitarlo y concederle una nueva óptica.

Ahora, Miller parece dispuesto, después de colaborar con Aronofsky, a preparar una secuela del Dark Knight que ha caído como una bomba sobre la industria de la viñeta. Dicen que Batman no resucitará. Pero porque no será necesario matarle nunca.





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