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Lunes, 29 de octubre de 2007
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DÍA 25
Desde el Campo Base



Fernando F.J. Pérez
Enviado Especial.

Fiesta paquistaní en el campo base
Los porteadores locales agasajan a las expediciones presentes en el Nanga Parbat

Los expedicionarios esperan al asado. / F. J. PÉREZ.

Al mal tiempo buena cara. Eso debieron de pensar los porteadores, cocineros y guías locales en el campo base del Nanga Parbat, tras una semana bajo la lluvia, el granizo y la nieve, y ayer decidieron obsequiar a las expediciones que se encuentran a los pies de la 'Diosa desnuda' con una típica fiesta local, un asado de cabra cumplimentado con los tradicionales bailes paquistaníes.

La fiesta no fue improvisada. Desde un par de días atrás, los porteadores se habían dedicado a hacer acopio de madera en el campo base, lo que significa acarrearla desde mucho más abajo, al menos a dos o tres horas de marcha. Nada hacía presagiar el homenaje, ya que casi todas las noches, los porteadores organizan sus pequeñas fiestas en torno a fogatas para hacer más cortas sus noches a la intemperie.

Lo que desveló el asado fue el sacrificio de las dos cabras, a primera hora de la mañana, e inmediatamente, los preparativos de la fogata. Así, los occidentales del campo base pudieron comprobar que aquí, en Pakistán, entre la muerte del animal y su preparación apenas transcurre una hora, frente a los varios días que se suele dejar reposar la res sacrificada en occidente. El resultado lo comprobarían horas más tarde al probar la carne de las dos cabras, más parecida a la suela de cualquiera de las botas con la que los alpinistas intentan conquistar estas montañas. Un 'pequeño' problema que los paquistaníes no alcanzaban a comprender mientras degustaban con auténtico placer el asado.

Incluso el tiempo de reparación -en poco más de dos horas la cabras ya parecían estar en su punto, pero efectivamente, sólo parecían- alertó sobre las condiciones de su carne. Sin embargo, todos comprendían que el asado no dejaba de ser una excusa para acercar a dos culturas y a los numerosos pueblos que se han ado cita este año a los pies del Nanga Parbat. Así lo explicó Musrhán, un paquistaní grande y orondo, el más veterano de todos los presentes y al que sus compatriotas han escuchado con vehemencia desde que llegó al campo base.

«Aprovechando estos días de parón por el mal tiempo, el valle de Chilás (del que proceden la mayoría de los porteadores aquí) ha querido ofrecer a las expediciones esta fiesta paquistaní como muestra de hermanamiento y agradecimiento por todo lo que vuestra presencia supone para nosotros», explicó. A continuación, Carlos Pauner, líder de la expedición aragonesa, fue el encargado de responder a sus palabras agradeciendo tanto la fiesta como el discurso.

Y a la comida le siguieron los bailes, curiosos a la vista de un occidental ya que los hombres, quizá para compensar la ausencia de mujeres, se mueven con gestos claramente femeninos al son de las canciones tradiciones, sólo acompañadas por el retumbar de bidones o cajas de madera utilizados por los porteadores. Hasta la meteorología se sumó al convite, ya que pese a que el Nanga Parbat estuvo todo el día cubierto por las nubes, al menos no cayó una gota de agua, «la mejor muestra de que vuelve el buen tiempo», en palabras de Mateen. «Inshalá» («si Alá quiere»).

 


Galería de fotografías
La ruta de ascenso GRÁFICO
El equipo de Edurne GRÁFICO
La expedición
Josu Bereziartu Marianne Chapuisat
Ester Sabadell Iván Vallejo
La expedición de Edurne Pasaban la completan Josu Bereziartu, Marianne
Chapuisat, Ester Sabadell e Iván Vallejo.