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Lunes, 29 de octubre de 2007
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Nanga Parbat
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DÍA 22
Desde el Campo Base



Fernando F.J. Pérez
Enviado Especial.

Dos hombres y una montaña
La historia del Nanga Parbat, y la de todo el himalayismo, no se podría entender sin dos figuras emblemáticas, Hermann Buhl y Reinhold Messner

ACLIMATACIÓN. Un campamento de altura camino de la cima del Nanga Parbat./ Fernando J. Pérez

La historia de las grandes cumbres del mundo está esculpida a base de gestas y tragedias. Y casi siempre está asociada a la figura de grandes hombres que, un día, decidieron ponerse a la altura de la montaña. Herzog y Lanechal, en el Annapurna; Tenzing y Hillary, en el Everest; Lacedelli y Compagnoni, en el K2...

En el Nanga Parbat esta relación entre hombre y montaña adquiere una intensidad fuera de lo común en las figuras de los alpinistas Hermann Buhl y Reinhold Messner, dos personalidades sin las que no es posible entender la historia del Nanga Parbat, ni la del propio himalayismo.

HERMANN BUHL (1924-57)

En 1953, por enésima vez, el alpinismo alemán fija sus ojos en el Nanga Parbat. Como jefe de expedición figura el doctor Karl Herrligkoffer, un controvertido personaje. Frente a la rigidez cuasi militar y la inexperiencia en la montaña de Herrligkoffer se sitúa el mejor hombre de su equipo, Hermann Buhl, un austriaco, de 29 años, considerado como uno de los escaladores más destacados de Europa y especializado en escaladas de velocidad y en solitario.

Tras un mes de trabajo, el grupo no ha alcanzado más que el campo IV, a 6.150 metros. Es finales de junio y los partes confirman la proximidad del monzón, así que Herrligkoffer ordena la retirada. Pero cuatro de los alpinistas no hacen caso, entre ellos Hermann Buhl, a los que el aviso les ha cogido en el C-IV. El 30 de junio el tiempo mejora y el 2 de julio instalan el campo V en la arista este, a 6.900 metros de altitud. Esa noche, deciden, Kempter y Buhl saldrán hacia la cumbre. Pero a las dos de la madrugada, la hora prevista, sólo se despierta Buhl quien, resuelto, parte en solitario.

La escalada se hace cada vez más exigente y el cansancio empieza a hacer mella. Amanece y, en un hueco en la nieve, decide dejar la mochila, confiado en estar de vuelta por la tarde... Continúa sólo con la cantimplora llena de infusión de coca, un puñado de píldoras de Pervitina (anfetaminas), el piolet, los bastones y la cámara.

A las dos de la tarde alcanza la depresión entre la antecima y la cumbre principal, a 7.820 metros. La sed y el hambre le «atormentan». Recurre al Pervitin e «indeciso» se toma dos tabletas para afrontar las últimas dificultades técnicas. Una tras otra las va superando mientras pasan las horas. Su objetivo no va más allá «de los diez o veinte metros» que alcanza su vista; cada dos por tres se desploma agotado.

«Con indecible esfuerzo me arrastro a lo largo de una cresta horizontal. Aquí no impera ya más que el espíritu; el espíritu, que no piensa en otra cosa que en subir. El cuerpo hace ya mucho que no puede más... No puedo tenerme en pie, no soy más que una ruina. Avanzo a gatas, cada vez más próximo el peñasco al que con temerosa expectación ansío llegar. ¿Qué hay más allá? Me llevo una grata sorpresa... Piso el punto más alto de esta montaña, la cumbre del Nanga Parbat... Son las siete de la tarde».

Al poco de iniciar el descenso pierde un crampón. Busca un lugar para pasar la noche. Apenas encuentra una pequeña repisa donde no se puede ni sentar. Cuando amanece retoma el descenso. Entonces Buhl tiene «una sensación extraña. ¿Ya no estoy solo! Hay un compañero que me protege, observa, asegura. Sé que es un dislate pero la sensación persiste...». Una sensación de compañía que muchos otros escaladores, incluido Messner, han experimentado en situaciones límite y que les ha ayudado a sobrevivir.

Pasado el mediodía recupera la mochila. Vacía. La sed le quema, la lengua se le pega al paladar, tiene la garganta agrietada, echa espuma por la boca. Cae, se queda dormido, pierde la loción del tiempo. Sabe que otra al raso no sobrevivirá. Recurre de nuevo al Pervitin. Convertido en un despojo humano, y sólo espoleado por la droga, sigue bajando hasta alcanzar, por fin y 41 horas después de haber salido de allí, el campamento V, donde sus compañeros le daban por muerto.

Aún quedaría un penoso descenso por los casi desmantelados campos de altura hasta el campo base y el mal tratamiento de sus congelaciones, que le costarían dos dedos de los pies... Cuatro años después aún protagonizaría otra de las páginas más bellas del himalayismo, al lograr la primera ascensión al Broad Peak con Kurt Diemberger. Días después intentan en alpino el cercano Chogolisa (7.654 m.), donde desaparece al fallar una cornisa en medio de la tormenta.

REINHOLD MESSNER (1944)

Tras abrir una nueva vía en la vertiente Diamir (Kinshofer, 1962), el doctor Herrligkoffer, siempre obsesionado con 'su' montaña, fija la vista en la vertiente Rupal, con sus 4.500 metros, la pared más alta del mundo. Dirige, sin éxito, tres expediciones. En 1970 vuelve por cuarta vez. Entre los alpinistas figuran los hermanos Günther y Reinhold Messner. Este último, pese a sus 26 años, se ha labrado ya una reputación de escalador de altísimo compromiso en Tirol y Alpes.

Seis semanas les lleva equipar la pared hasta el campo V, a 7.350 metros, periodo en el que se destacan los hermanos Messner. Ambos figuran, a finales de junio, en el equipo de cumbre. En el campo V no hay radio, por lo que habían establecido un código de señales desde el campo base. Desde el CB lanzan una bengala roja pero con una cinta azul -tiempo dudoso y la cordada de cumbre tiene libertad para decidir-.

A las dos de la madrugada sale Reinhold, pero poco después su hermano le sigue los pasos. Tras una dura ascensión, a las cinco de la tarde hacen cumbre y, en el descenso, vivaquean en una cueva. A la mañana siguiente, nueva polémica. Otra cordada, Scholz-Kuen, sube hacia la cumbre y Reinhold les reclama auxilio ya que su hermano, muy debilitado, no puede descender por la técnica vía del Rupal. Scholz y Kuen dirían que Reinhold nunca les pidió ayuda.

Reinhold decide bajar por la otra vertiente de la montaña, la Diamir, un terreno desconocido. Pese a todo, encuentra una ruta, paralela al espolón Mummery. Baja más rápido que su hermano y cuando llega al glaciar escucha un alud tras él. Imaginando lo peor, vuelve sobre sus pasos pero no encuentra a su hermano. Desesperado, le busca durante un día entero, hasta que reinicia el descenso. Tres días más tarde unos pastores lo descubren semiinconsciente. La odisea se saldaría con casi todos los dedos de sus pies amputados.

Reinhold vuelve una año más tarde al valle de Diamir para buscar a su hermano, lo que haría varias veces más. En 1972 asciende el Manaslu. Le dan por desaparecido y uno de los miembros de una cordada de rescate fallece. Messner entra entonces en un periodo de reflexión del que sale determinado a escalar un 'ochomil' en solitario, que no puede ser otra que el Nanga Parbat. En 1973 se planta en su base pero abandona.

En 1978 protagoniza la histórica ascensión sin oxígeno artificial al Everest. Y entonces sí, se ve con fuerzas para esa escalada en solitario. En junio viaja al Nanga Parbat y afronta los 3.500 metros de la pared Diamir sólo con una mochila de quince kilos. Abre allí una ruta nueva, nunca repetida, a la derecha del espolón Mummery, por un terreno peligrosísimo barrido por la avalanchas en el que se sirve de su prodigiosa velocidad para alcanzar la cumbre en tres días.

Pero un terremoto inutiliza la ruta, así que tiene que descender por otra. La primera ascensión en solitario a un 'ochomil' acababa de consumarse.

 

 


Galería de fotografías
La ruta de ascenso GRÁFICO
El equipo de Edurne GRÁFICO
La expedición
Josu Bereziartu Marianne Chapuisat
Ester Sabadell Iván Vallejo
La expedición de Edurne Pasaban la completan Josu Bereziartu, Marianne
Chapuisat, Ester Sabadell e Iván Vallejo.