| DÍA 19 |
| Desde el Campo Base |

Fernando F.J. Pérez
Enviado Especial.
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El campo base, una pequeña
ONU a 4.000 metros
Siete expediciones, con predominio español, conviven estos
días a los pies del Nanga Parbat
Las campas del campo base del Nanga Parbat se encuentran este
año más pobladas que nunca, al menos en su vertiente
Diamir. Habría que remontarse al año 1997 para encontrar
siete expediciones acampadas junto al glaciar Diamir. Y si se
cuenta las otras tres que están en la vertiente Rupal,
este año el Nanga Parbat bate récords de presencia
en sus faldas.
Japoneses, suizos, checos, georgianos, franceses, colombianos,
italianos, ecuatorianos, españoles, paquistaníes...
El CB es una pequeña ONU en la que el tema de debate es
la montaña y el idioma, una especie de inglés macarrónico
y camaleónico pero universal. A partir de ahí, cada
grupo no hace más que trasladar a 4.100 metros, en un remoto
paraje de Pakistán y bajo una de las montañas más
grandes del mundo, la idiosincrasia de cada país de origen.
Los japoneses, por ejemplo, viven en un mundo aparte. Sólo
se han relacionado con el resto de las expediciones en las reuniones
para acordar la equipación de la montaña. Si es
que a eso se le puede llamar relacionarse: llegan, saludan, se
sientan y toman nota. Asienten a todo, ponen a disposición
de quien haga falta sus miles de metros de cuerda, las suben a
donde haga falta y sólo ponen una condición: ellos
no equipan. Luego se levantan, se despiden y se marchan. Sus campos
de altura son un dechado de orden y organización y el base,
una traslación de una casa tradicional japonesa. Se descalzan
para entrar -haga el tiempo que haga- y comen en el suelo. Sólo
comida japonesa.
Luego están los checos, austeros y rudos, dispuestos a
acabar con todo el alcohol del CB o a cambiarlo por el que ellos
traen. Su precariedad de medios es directamente proporcional a
su dureza en la montaña. En el caso de la pequeña
expedición suiza, muestra más el carácter
de su líder, el sobrio y veterano guía André
Georges, que el suizo, aunque quizá no se diferencien tanto.
Entre lo poco comunicativo de Georges, un guía a la vieja
usanza y el desconocimiento del inglés del Laurent Gillioz,
un joven leñador de un remoto pueblo suizo, la relación
con el resto de expediciones se ha limitado prácticamente
a Arianne Chapuisat, la suiza de 'Al Filo'.
Tres españolas
Los últimos en llegar, hace apenas un par de días,
han sido los franceses, una expedición comercial con todos
los aditamentos de estos grupos: medios casi ilimitados -cuatro
porteadores para seis 'members'- y escasa propensión al
contacto con el resto del campo base. Y así se llega a
la masiva representación española. Casi la mitad
de las expediciones -tres de siete- y mayoría en cuanto
alpinistas: 28 de los 41 alpinistas que buscan la cumbre. La más
atípica es la de 'Al Filo' que dirige Edurne Pasaban, ya
que incluye un miembro suizo, otro ecuatoriano y otro italiano.
Todo ello hace que sea el centro neurálgico del CB. Su
tienda comedor tiene casi todos los días algún invitado
y su comida, de fuertes orígenes vascos, ya es conocida
en todo el campamento. Aunque los asturianos se han empeñado
en no quedarse a la zaga y en cuanto pudieron exhibieron sus productos
típicos acompañados de vino de la Rioja en una multitudinaria
degustación. Liderados por Jorge Egocheaga, sus siete miembros
son una amplia representación de la comarcas asturianas
y de dos generaciones de montañeros de la Comunidad.
Pero si hay una expedición heterogénea ésa
es la aragonesa que lidera Carlos Pauner. Nada menos que con quince
miembros en sus filas, si todo el CB es una pequeña ONU,
este grupo es un inmejorable reflejo de la actual España
de las autonomías. Tiene aragoneses, por supuesto, navarros,
asturianos, catalanes, castellanos, canarios, leoneses, vascos...
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