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Lunes, 29 de octubre de 2007
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Nanga Parbat
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DÍA 15
Desde el Campo Base



Fernando F.J. Pérez
Enviado Especial.

Nanga Parbat, la montaña del destino
Es el segundo 'ochomil' más peligroso, con 62 muertos, 26 de ellos durante expediciones alemanas en los años 30

Edurne Pasaban, junto a algunos de los integrantes de su expedición, con el Nanga Parbat a sus espaldas. / FERNANDO J. PÉREZ

El Nanga Parbat, 'la Montaña Desnuda', es también la 'Montaña del Diablo', la 'Montaña Cruel', la 'Montaña Trágica', la 'Montaña Asesina', la 'Montaña del Destino'... ¿Qué historia puede atesorar una cumbre con tantos nombres? Pues una de las más trágicas de los 'ochomiles' y desde luego la más dramática hasta su conquista, en 1953, apenas unas semanas después del Everest, por el austriaco Hermann Buhl.

Pero conviene ser justos con Diamir, el 'Rey de las montañas', el nombre con que la conocen los locales, reducido ahora a una de sus vertientes. Efectivamente las estadísticas sitúan al Nanga Parbat como una de los 'ochomiles' más mortales. Exactamente el segundo, tras el Annapurna, con 62 muertos, un 27,19% respecto a sus 228 cumbres conseguidas.

Sin embargo, estas cifras están condicionadas por los 26 muertos que hubo en sólo dos años, 1934 y 1937, en dos de las mayores tragedias de la historia del himalayismo. Fueron años en los que el nazismo tomó como símbolo esta montaña e hizo de la consigna «subir o morir» el lema de sus expediciones. Los mejores alpinistas alemanes de esa década dejaron su vida en el Nanga. Desde entonces a la montaña le quedó para siempre el sobrenombre de la 'Montaña de los Alemanes', además de otros que reflejaban su sentido trágico.

Pero a partir de su conquista en 1953, paradójicamente por un austriaco, las cifras cambian radicalmente. Desde ese año hasta la actualidad han fallecido en sus laderas tantas personas -31- como las que murieron en los años de la preconquista. A partir de la gesta de Hermman Buhl el Nanga muestra índices de peligrosidad equiparables a otros 'ochomiles', pasando al sexto lugar con un 14,47% y superada por montañas como Manaslu y Dhaulagiri, además de los tres 'ogros' del 'ochomilismo': Annapurna, K2 y Kangchenjunga.

Leyenda negra

En todo caso, su halo trágico, su leyenda negra durante los primeros años, es indudable y se remonta al siglo XIX. En invierno de 1840, un terremoto provocó un gigantesco corrimiento de tierras desde el Nanga Parbat hasta el río Indo, que quedó bloqueado formando una presa que se extendía hasta Gilgit, sesenta kilómetros río arriba. En el verano de 1841, el lago se rompió y la riada que provocó causó centenares de muertos, entre ellos un ejército Sikh al completo que se encontraba acampado en la parte baja del valle.

A partir de ahí, los primeros contactos del hombres y el Nanga Parbat arrastraron una especie de maldición casi supersticiosa. Las primeras noticias sobre esta montaña llegaron a Occidente gracias al explorador Adolf Schlagintweit, que en 1856 llegó a su base, realizó los primeros mapas y la dio conocer en Europa. Pero pagó un alto precio. Fue decapitado, acusado de espía.

Probablemente, fueron estos mapas y posteriores avistamientos y fotografías realizados por otros exploradores y alpinistas, sobre todo británicos, los que despertaron el interés del mejor alpinista de finales del siglo XIX, un adelantado a su época: Alfred Mummery. Nacido en 1955, era un hombre atípico, innovó el estilo de escalada con métodos que han llegado a la actualidad y todo ello pese a su aspecto enfermizo, su miopía y su ligera joroba por un defecto de nacimiento. Tras elevar los límites de la escalada en Alpes a niveles del siglo XX, en 1895 decidió dar el salto a Himalaya y con sólo dos compañeros británicos y dos gurkhas recaló en el Nanga.

Primero exploró la vertiente Rupal, que consideró inaccesible, y luego pasó al lado Diamir. Allí descubre una sucesión de espolones rocosos que ascienden hasta casi la cima. Lo intentan por dos veces, la segunda de las cuales llega a algún punto entre los seis y los siete mil metros, cuando se retiran por la enfermedad de uno de los gurkhas. Ese espolón lleva desde entonces su nombre y aún permanece inescalado. Tras este intento, el primero de la historia a un 'ochomil', deciden ir a otra vertiente, la Rakhiot. Sus dos compañeros han marchado de avanzadilla y le esperan allí, pero nunca llegaría. En algún punto del glaciar Diamir, una avalancha le sepulta junto a los dos gurkhas.

Por el honor nazi

El Nanga no volvería a recibir visitas hasta 1932, cuando el alpinismo alemán, primero, e inmediatamente después el régimen nazi, ponen sus ojos, y su mal entendido honor, en la 'Montaña Desnuda'. Willy Merkl, uno de los mejores alpinistas alemanes de la época, dirige una expedición nacional que se decide por la vertiente Rakhiot. Evitando las principales dificultades técnicas, descubren un larguísimo recorrido a la cumbre, que discurre por la parte izquierda de la pared. Han encontrado la ruta de ascensión y llegan a montar el campo VII a 7.000 metros, pero no supone ni la mitad de la vía. Aún así, la expedición es un éxito.

Los alemanes tardan dos años en volver al Nanga, ya con todo el soporte del régimen nazi detrás. Merkl dirige de nuevo el grupo, que incluye a lo mejor del alpinismo alemán y austriaco del momento. Repiten la ruta Rakhiot en la que fallece, cuando avanzaban a buen ritmo, Alfred Drexel de un edema pulmonar. Esta muerte provoca una retraso de 17 días en los planes que más tarde sería decisivo en desenlace trágico de la expedición.

De vuelta a la montaña. El 6 de julio, dos miembros del equipo llegan a 7.750 metros, bajo la antecima, pero deben retirarse al campo VIII (7.500), a donde llegan otros tres alpinistas con once porteadores. Aguardan el momento del asalto final cuando se desata una violenta tormenta que destroza las tiendas. Tras dos días sin dormir, y sin que el temporal amaine, emprenden una trágica retirada que dura ocho días y cuesta la vida a tres de los escaladores y a siete porteadores.

La tragedia golpea al alpinismo alemán y, sobre todo, al orgullo del régimen nazi, que desde ese instante convierte la conquista del Nanga Parbat en una cuestión de Estado. Tres años tardan en formar un nuevo equipo, dirigido por Karl Wien, al que Hitler arenga personalmente diciendo que tienen que «llegar a la cumbre o morir». De nuevo en la ruta Rakhiot, la noche del 14 de julio, siete alemanes -todo el equipo de cumbre- y nueve porteadores ocupan el campo IV, cuando un serac se desprende sobre ellos y provoca una avalancha que sepulta todo el campamento. Dieciséis hombres pagan con su vida el mal emplazamiento de las tiendas. Es, aun hoy, la mayor tragedia del 'ochomilismo'.

Siete años en el Tíbet

Pero la soberbia del III Reich no tiene límites y en 1938 envía otra expedición, que llega a los 7.300 metros, punto en el que su jefe, Paul Bauer, ordena la retirada, sin duda influenciado por las tragedias precedentes. Todavía volverían lo alemanes en 1939, ya con los vientos de guerra soplando en Europa. La expedición, en la que figura Heinrich Harrer, uno de los vencedores de la mítica pared Norte del Eiger (Alpes), intenta otra vertiente y llega a los 6.000 metros por el espolón Mummery. Pero su regreso coincide con el inicio de la II Guerra Mundial y los ingleses los hacen prisioneros. Harrer y un compañero logran huir al Tíbet, donde permanecen siete años y llegan a ser consejeros personales del Dalai Lama, aventura personal que plasmó en el libro 'Siete años en el Tíbet'.

Tras la guerra, los alemanes no están para pensar en el Nanga y una expedición británica se le adelanta en 1950. Son un grupo de jóvenes que van más a la aventura que a escalar, pero se meten en la montaña. En un intento casi invernal, a primeros de diciembre, dos alpinistas quedan atrapados por la nieve en el campo II de la vía Rakhiot, pagando su osadía con la muerte. Son las víctimas treinta y treinta y uno de la 'Montaña Asesina'.

Tres años después, los alemanes recuperan el protagonismo en 'su' montaña. Las dificultades se suceden de nuevo e incluso se ordena la retirada. Pero entonces surge la determinación de un hombre, Hermman Buhl, austriaco por más señas, quien, desafiando toda lógica,decide el asalto en solitario. El 3 de julio hace cumbre protagonizando una de las gestas más increíbles del himalayismo.

Un 'ochomil' aislado

Hasta su ubicación geográfica dota al Nanga Parbat de personalidad propia. Único situado íntegramente en territorio paquistaní y a sólo 125 kilómetros de Srinigar, la capital de Cachemira, es el 'ochomil' más occidental de los catorce. Aunque se encuentra a sólo unos pocos centenares de kilómetros del Karakorum y a miles de Nepal, pertenece a la cordillera del Himalaya. Esta curiosidad geográfica se debe a que es el río Indo el que marca la divisoria entre el Karakorum y el Himalaya. El Karakorum y sus cuatro 'ochomiles' quedan en su margen derecha, mientras que el Nanga Parbat y los nueve ochomiles del Himalaya nepalí, aunque separados miles de kilómetros, están en su margen izquierda.

Otra de sus singularidades geográficas es su aislamiento. Adscrito al Himalaya del Punjab, no tiene otras grandes montañas a su alrededor y se eleva casi siete mil metros desde las cercanas orillas del río Indo, conformando uno de los mayores desniveles del planeta. Esta característica es extensible a las cuatro vertientes de la montaña, todas ellas con desniveles superiores a los cuatro mil metros desde sus campos base hasta la cumbre. Una de ellas, la Rupal, con sus cerca de 4.500 metros de pared, está considerado el mayor desnivel alpino del mundo.

Su soledad le confiere otra particularidad, una climatología especialmente adversa, ya que recibe prácticamente sin oposición alguna tanto los vientos húmedos de las cuencas del Ganges y el Indo, que depositan grandes cantidades de nieve en las laderas de la montaña, como los frentes nubosos y vientos del monzón indio, que le alcanzan de lleno.

 


Galería de fotografías
La ruta de ascenso GRÁFICO
El equipo de Edurne GRÁFICO
La expedición
Josu Bereziartu Marianne Chapuisat
Ester Sabadell Iván Vallejo
La expedición de Edurne Pasaban la completan Josu Bereziartu, Marianne
Chapuisat, Ester Sabadell e Iván Vallejo.