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Lunes, 29 de octubre de 2007
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DÍA 39
Desde el Nanga Parbat



Fernando F.J. Pérez
Enviado Especial.

Edurne Pasaban holla su octavo 'ochomil'
Es la mujer viva con mayor número de ascensiones
21 alpinistas, entre ellos los 7 de 'Al Filo', batieron ayer el récord de cumbres en el Nanga Parbat

Con la ascensión del Nanga, la tolosarra se convierte en la mujer viva con mayor número de ascensiones a montañas de más de 8.000 metros. /Archivo
· «Esta cima me quita el mal sabor de boca del K2»
· Mujeres a la carrera
· Vallejo y Mondinelli, en el sprint
· El 'ochomil' más español y más femenino

Los desafíos, como los miedos internos, están hechos para ser superados. Edurne Pasaban llegó hace mes y medio al Nanga Parbat con la mochila cargada de ellos y se marcha con ella vacía, la condición de mejor mujer himalayista de la actualidad y la certeza de que a sus pies aún les quedan muchos pasos que dar sobre las nieves de las cumbres más altas del planeta. Y todo ello lo consiguió ayer sobre la blanca piel de la 'Diosa desnuda', una montaña cargada de historia y miedo que, sin embargo, este año se ha mostrado más noble que nunca para permitir que se batan todos los récords de ascensiones. Ayer fueron veintiuna.

Aunque cada una tiene su historia, hay tres que merecen ser protagonistas, y las tres tienen nombre de mujer: Edurne Pasaban, Marianne Chapuisat y Ester Sabadell, el equipo femenino del programa 'Al Filo de lo Imposible'. Cada una en su circunstancia, afrontaron la montaña con coraje y demostraron que la condición de mujer no sólo no es óbice para acometer retos como éste, sino que muchas veces es el mejor de los alicientes.

Edurne superó todos sus miedos tras lo sufrido el año pasado en el K2 y demostró su fortaleza, física y mental, para alcanzar la cumbre con los más fuertes. Marianne pudo con el frío y los miedos más íntimos para conseguir su cuarto ochomil. Y Ester demostró que la fuerza de voluntad puede hasta con el más adverso de los 'ochomiles'. La catalana hizo ayer cima en el Nanga Parbat apenas dos años después de sufrir un gravísimo accidente en las islas Guadalupe en el que se fracturó la cadera por catorce partes y tras el que muchos médicos pusieron en duda incluso que volviera a andar. Ni la debilidad producida por la menstruación pudo ayer con ella. Aunque en el descenso le pasara factura.

Pero entonces apareció el equipo y ya no hubo distinción de sexos. Hombres y mujeres unieron sus fuerzas para asegurar que todos arribaran sanos y salvos al campo IV, lo que para media tarde estaba ya asegurado. Entonces se pudo comprobar la experiencia de alpinistas como Josu Bereziartua, que ayer logró su sexto ochomil, Iván Vallejo (11) o Silvio Mondinelli (10).

Sin embargo, todo había empezado mucho antes. Casi dieciséis horas antes. A la una de la madrugada. Cuando el Nanga tocó a rebato y 24 alpinistas se pusieron en marcha desde el C-IV, entre ellos los siete de 'Al Filo'. La noche era fría. Extremadamente fría. Y pronto pasó factura. Javier Abad, de la expedición aragonesa, sintió que le podía la gripe que arrastraba y se dio media vuelta con apenas trescientos metros andados. Un gesto que honra a cualquier alpinista. Un poco más adelante lo hizo la integrante femenina de la expedición francesa, acompañada de un porteador.

Los porteadores

El resto, como pequeñas luciérnagas visibles desde el campo base, fueron iluminando en la noche el espinazo de la 'Diosa desnuda', mientras la hilera de luces se iba alargando según pasaban las horas. Por delante, los otros dos porteadores del grupo galo abrían camino, que no huella, ya que la excelente condición de la nieve apenas lo hacía necesario. Por detrás pronto se formó el grupo más fuerte: Silvio Mondinelli, Iván Vallejo, Nacho Orviz y Hassam. Y con ellos, una Edurne Pasaban renacida de sus dudas.

Más atrás, cada uno luchaba con sus fuerzas y sus miedos. Josu Bereziartua y Ester Sabadell formaban cordada inseparable. Y más rezagada por culpa del frío, Marianne. Cuatro, cinco, seis, siete. Las horas caían como mazas en el CB ante el silencio de la radio. Y arriba herían como flechas por culpa del frío. Hasta que el amanecer se convirtió en un tibio consuelo. El calor estaba en la cumbre. La Diamir es vertiente oeste y el sol no pega hasta entrada la mañana. Desde abajo los prismáticos engañaban a la incertidumbre con hormigas apenas perceptibles.

En el tramo final, una decisión inexplicable. El grupo cabecero abandona el corredor que lleva a la cumbre y se mete entre rocas. «Los dos porteadores de la expedición francesa iban por ahí y nosotros les hemos seguido. Y la verdad es que ha sido mucho más cómodo, en los últimos metros incluso nos hemos quitado los crampones y hemos subido sin ellos», explicaría más tarde Edurne Pasaban. Y por detrás, los demás. Salvo Josu Bereziartua. Fiel a sus principios, el camino era por el corredor y por allí siguió.

Por fin, un par de minutos antes de las nueve de la mañana, hora local (seis de la mañana en España), el teléfono satélite rompía la tensión del campo base. Edurne Pasaban anunciaba que ya estaban en la cumbre, explicaba lo «larga» que se le había hecho la ascensión (aunque ha sido la más rápida de la temporada -ocho horas desde el C-I-) e insistía en el frío que hacía: «sacamos unas fotos y nos bajamos corriendo». Hora y media más tarde llegaba Josu, al que en apenas cinco segundos se le congelaba la cámara de vídeo. Media hora más tardaba Ester, tras separarse del azpeitiarra en el corredor y seguir por las rocas. Y a las 11.30 Marianne, que había ganado la batalla al frío para hollar su cuarto 'ochomil'.

Disparos en el CB

Y mientras arriba la alegría combatía al cansancio, de pronto, el campo base se llenaba de Kalashnikov y los disparos celebraban las cumbres de las distintas expediciones. Una buena forma de no olvidar el territorio indomable sobre el que se alza el Nanga Parbat.

Pero aún quedaba el descenso. Arropada por Silvio e Iván y preocupada por sus pies, Edurne alcanzaba el C-IV en tres horas y media: «Se hace largo. Nos ha costado, sobre todo la cuenca Bazhin», en cuyo seno está el campamento. Por atrás, Ester pagaba el esfuerzo y descendía agotada. «Cada tres pasos me tengo que parar para respirar», explicaba por walkie. El frío había congelado las cantimploras. Escoltada por Josu y Marianne, fueron restando poco a poco metros a la montaña. Por fin, a las cinco y cuarto de la tarde alcanzaban la seguridad del campo IV. «He llegado gracias a Josu y Marianne», se sinceraba con las últimas fuerzas que le quedaban.

Por detrás, un rosario de alpinistas, todos tras haber pasado por la cumbre, pugnaban por alcanzar la misma meta, la vida de una tienda de campaña y un poco de te caliente. Los últimos lo hicieron sobre las ocho de la noche, aprovechando que la 'Diosa desnuda' dormía ya, mientras en el horizonte el sol teñía de rojo el Karakorum.

Galería de fotografías
La ruta de ascenso GRÁFICO
El equipo de Edurne GRÁFICO
La expedición
Josu Bereziartu Marianne Chapuisat
Ester Sabadell Iván Vallejo
La expedición de Edurne Pasaban la completan Josu Bereziartu, Marianne
Chapuisat, Ester Sabadell e Iván Vallejo.