| DÍA 20 |
| Desde el Campo Base |

Fernando F.J. Pérez
Enviado Especial.
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Las largas garras de 'El
Ogro'
La primera ascensión al Baintha Brakk, que intenta escalar
el equipo de Alberto Iñurrategi, constituye una de las
mayores odiseas del alpinismo
Una montaña de más de siete mil metros llamada
'El Ogro' y dos hombres intentando descender de ella durante siete
largos días, uno con las dos piernas rotas y otro con varias
costillas fracturadas. No es la sinopsis de ninguna película
de acción. Es el comienzo de la odisea que vivieron en
el Baintha Brakk (7.285 metros, Karakorum) dos de los mejores
escaladores de la historia, Doug Scott y Chris Bonington , tras
ser los primeros hombres en alcanzar su cima, el 13 de julio de
1977.
Desde entonces, y antes que ellos, decenas de expediciones han
codiciado esta cima, que sólo se ha logrado una vez más,
en 2001, y por otra vía distinta a la de los ingleses,
que aún no ha sido repetida y en la que en estos momentos
se encuentran inmersos Alberto Iñurrategi, José
Carlos Tamayo y Jon Beloki.
El Baintha Brakk es uno de los muchos 'sietemiles' que se encuentra
en el corazón del Karakorum, un coloso de roca y hielo
caracterizado por su doble cima, dos picachos casi inaccesibles.
Una vez satisfecha la fiebre de los 'ochomiles', los mejores alpinistas
de la época comenzaron a girar su vista hacia esos picos,
no tan renombrados pero mucho más difíciles. Un
de ellos fue el Baintha, que los primeros británicos que
lo intentaron bautizaron con el expresivo nombre de 'El Ogro'.
Media docena de expediciones lo intentaron en los primeros años
de la década de los setenta, pero todas se estrellaron
con las dificultades técnicas de la montaña y con
una meteorología que no daba muchas opciones. Hasta que
en 1977 se acercó a 'El Ogro' el grupo de escaladores probablemente
más potentes que se podía reunir en ese momento,
los británicos Mo Anthoine, Paul Braithwaite, Clive Rowland,
Nick Estcourt, Chris Bonington y Doug Scott.
Primero lo intentaron por el gran pilar central, un espolón
de granito de casi kilómetro y medio de alto, pero se quedó
en tentativa cuando una roca desprendida dislocó la cadera
a Braithwaite. Mintras tanto, los otros cuatro lo intentaban por
el flanco oeste, un caos de roca, hielo y seracs por el que lograron
alcanzar el collado oeste, a 6.400 metros de altitud. Tras un
intento fallido a la cima principal, parten hacia la cumbre oeste
Scott, Bonington, Anthoine y Rowland. Tras subirla, se animan
a seguir hasta la principal, y rapelan hasta el collado que hay
entre las dos, donde vivaquean en una cueva excavada en la nieve.
Al día siguiente, Anthoine y Rowland desisten. Scott y
Bonington se enfrentan en solitario, al pico principal. A punto
de anochecer alcanzan la cumbre y para cuando comienzan a bajar
ya es de noche. En uno de los primeros rápeles «para
alcanzar el pitón de la fisura tuve que desplazarme hacia
la izquierda. Coloqué mi pie derecho contra la pared, pero
en la oscuridad lo puse sobre una placa de hielo; de repente mi
pie resbaló y me encontré colgado al final de la
cuerda. Tuve que realizar un péndulo con violencia hasta
el lado opuesto de la 'goulotte', 30 metros más allá.
¿Boom! Gafas rotas y cada hueso del cuerpo maltrecho...
así pues a partir de entonces ese iba a ser un nuevo juego
con nuevas restricciones para ganar». Y esas nuevas restricciones
eran la pierna derecha y el tobillo izquierdo rotos. Vivaquean
como pueden en una repisa y, a la mañana siguiente, continúan
el descenso, con Bonington cargando de Scott a la espalda en muchos
tramos. Dos días de tormentas les obligan a refugiarse
en la cueva de nieve del collado, donde por suerte Anthoine y
Rowland les han esperado.
Continúan los cuatro el descenso, en el que Bonington
se fracturó varias costillas. Scott realiza los últimos
5 kilómetros hasta el campo base -donde habían dado
a todos por muertos- arrastrándose sobre rodillas y manos.
Pero el destino aún les guardaba una última sorpresa.
En el traslado en helicóptero de Scott, la nave se estrella
en el aterrizaje, afortunadamente sin víctimas, pero que
impide la evacuación de un debilitado Bonington, que debe
hacer todo el camino a vuelta a pie.
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